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Solo Es Mi Guarura

Solo Es Mi Guarura

Status: En proceso
Genre:CEO / Cambio de Imagen
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yurle

Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.

NovelToon tiene autorización de Yurle para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11 - Cambio de decisión

—Oye, Nico… ¿pero no tienes hermanos o primos? —preguntó Lucía, curiosa.

—Sí, de hecho tengo un hermano. Creo que se la podrían llevar muy bien con él.

—¿Qué te parece si salimos los cuatro hoy a un club y compartimos un rato?

Nicolás frunció ligeramente el ceño.

—Pues estaría bien… pero si dices cuatro, ¿estás excluyendo a la señorita Isabella?

—En efecto —respondió Lucía sin titubear—. A ella no le apetece ir y nosotros estamos que nos bailamos, ¿no, Luqui?

—Por supuesto —secundó Lucas con entusiasmo.

Isabella guardó silencio.

Nicolás no dijo nada más, pero lanzó una breve mirada por el retrovisor.

Después de dejar a Lucas y a Lucía —que casualmente vivían cerca—, condujo hasta la mansión de Isabella.

—Que tengas una feliz noche —dijo con una sonrisa suave.

—Gracias… igual —respondió ella antes de bajar.

La mansión estaba en silencio. No había nadie en la sala. Subió directamente a su habitación.

Se dejó caer boca arriba sobre la cama y cerró los ojos, dejando que los pensamientos la invadieran.

Las palabras de sus amigos.

La mirada de Nicolás.

El comentario de Lucía.

Unos minutos después tocaron la puerta.

—Pasa… —murmuró sin moverse.

—Hola, mi amor, ¿cómo les terminó de ir? —saludó su madre, Sara, entrando con suavidad. Se inclinó para besarle la mejilla y luego se sentó a su lado en la cama.

—Bien, mami.

Sara la observó unos segundos.

—Pero no te noto tan animada… ¿no saldrán en la noche?

Isabella suspiró.

—Justo en eso estoy pensando. Los chicos me dijeron cosas que me dejaron la cabeza volando… que últimamente me resisto a salir con ellos.

—Pero ustedes han salido más últimamente, ¿no?

—Sí… pero creo que intentan decir que ya no hacemos planes tan arriesgados como antes. Y yo prometí cambiar, ser más responsable. No sé, mamá… no sé si estoy madurando o qué me pasa.

Sara sonrió con ternura.

—Mi princesa, su punto es entendible… y el tuyo también. Y sí he notado tu cambio.

Isabella se incorporó un poco.

—Se molestaron porque van a salir esta noche y yo les di a entender que son muy callejeros.

—Ay, Isabella… los tres lo son —respondió Sara divertida—. Pero sal, es fin de semana. Además, Nicolás te cuida. Ve, diviértete y reconforta tu amistad con ellos. Te quieren mucho.

Isabella dudó.

—No sé, mamá… Lucía invitó a Nicolás y dijo que yo era una amargada y que no iría. Creo que a ella le gusta.

Sara alzó una ceja con picardía.

—Discúlpame, pero ambas sabemos que a ella le gusta… para llevárselo a la cama. Y él se ve un buen muchacho.

—Ay, por favor, mamá —respondió Isabella levantándose de la cama—. Si prácticamente le dio entrada cuando dijo que era un aventurero.

—¿Ah sí? —Sara rió suavemente—. Quizá quiere darte celos. Aunque… también creo que él quiere generar celos en ti.

Isabella rodó los ojos.

—Por favor, mamá. Eso es ridículo. Por mí que se mecateen.

Sara soltó una carcajada.

—Hija, por Dios…

Luego la miró con más seriedad.

—Ve aunque sea un rato. A veces uno necesita salir para aclarar la cabeza. Y si no vas… puede que te arrepientas más tarde.

Isabella guardó silencio unos segundos.

En el fondo sabía que no era el club lo que la inquietaba.

Era la posibilidad.

—Está bien… igual estaba pensando si ir o no. Le enviaré un mensaje a Nicolás para que pase por mí.

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