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Sediento De Venganza

Sediento De Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Ethan es un joven que vive la vida a través de un cristal hasta que el destino le enseña que no todo lo que brilla es oro.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La ruta de las esmeraldas

París seguía siendo la Ciudad Luz, pero para el hombre que bajó del expreso de Oriente una mañana de noviembre, solo existían los matices del gris y el reflejo cortante del metal.

Ethan ya no vestía las ropas toscas del artesano de provincias. El dinero de los últimos encargos que Stella había impulsado, sumado a la liquidación total de la joyería Dragomir en Transilvania, le habían permitido transformarse exteriormente. Llevaba un abrigo largo de paño negro de corte impecable, un bastón con empuñadura de plata que jamás apoyaba con debilidad y un sombrero de copa que sombreaba sus ojos. Esos ojos que antes buscaban la belleza en las piedras y que ahora solo calculaban su valor de cambio y el daño que podían infligir.

No había viajado a Francia buscando consuelo por la muerte de Stella, ni tampoco una vaga noción de justicia legal. Viajaba con un mapa mental muy preciso.

Durante los tres años de su lento calvario, Ethan no había permanecido ocioso. Había usado sus contactos en los gremios de joyeros de Europa del Este para rastrear el destino de las piezas que le habían robado. Sabía que los baúles grandes de plata e inventario sellado eran demasiado difíciles de mover, pero las gemas sueltas, aquellas esmeraldas antiguas y los diamantes tallados que pertenecieron a su madre, eran firmas inconfundibles para un ojo experto. Había seguido el rastro de una esmeralda de corte asimétrico que había aparecido brevemente en el mercado negro de Viena, empeñada por un barón venido a menos para pagar deudas de juego.

La descripción de la mujer que originalmente había negociado esa gema en Austria no dejaba lugar a dudas: una joven rubia, de una belleza deslumbrante y modales de porcelana, que se hacía pasar por una aristócrata francesa en el exilio.

Anelly. O Dafne, como él la había conocido en el invierno de su desgracia.

Ethan se instaló en un discreto apartamento en el barrio de Le Marais, lejos del bullicio opulento donde la alta sociedad se congregaba, pero lo suficientemente cerca como para vigilar sus movimientos. Construyó un taller improvisado en una de las habitaciones: una mesa de roble, un candil de gas y sus herramientas esenciales. Ya no creaba para el deleite del alma; creaba anzuelos.

El oro bajo su soplete ya no protestaba en su mente. Él ya no escuchaba a las piedras, porque el ruido de su propio corazón congelado lo ensordecía todo. Ahora, el metal obedecía por pura fuerza, moldeado por unas manos que habían aprendido a ser crueles.

Su primera parada fue la red de tasadores y prestamistas de la Rue de la Paix. Ethan no se presentó como el muchacho estafado; se presentó como un inversor extranjero de modales gélidos y capital dispuesto, un hombre que buscaba rarezas y que no hacía preguntas sobre el origen de los lotes.

Al tercer día de búsqueda, un viejo tasador de piedras preciosas, deslumbrado por la frialdad y el conocimiento técnico de Ethan, dejó caer la pista definitiva sobre la mesa de paño verde.

—Hay una joven en los círculos del bulevar Saint-Germain —comentó el viejo, limpiándose los quevedos—. Una supuesta rica heredera, de apellido Rosseau. Ha estado usando como garantía comercial el nombre de la familia Leroux, los magnates industriales. Se mueve mucho con el joven heredero, Elean. Dicen que son uña y carne. Pero hace un par de meses, un colega mío en Múnich vio una pieza extraña en sus manos... una esmeralda con una talla idéntica a la que usted describe, señor Dragomir.

Ethan sostuvo la mirada del tasador sin que un solo músculo de su rostro se moviera. La mención del nombre de Elean Leroux y de la supuesta fortuna de Anelly no le causó sorpresa, solo una profunda e interna satisfacción matemática. La trampa estaba alineada. Su antigua verdugo había encontrado una nueva mina que explotar, un nuevo hombre noble e ingenuo al cual parasitar, tal como lo había hecho con él a los dieciocho años.

Salió del establecimiento a la tarde parisina, donde la niebla empezaba a mezclarse con el humo de las chimeneas. Caminó hacia el distrito de la ópera, deteniéndose frente a los escaparates de los grandes clubes nocturnos. Miró su propio reflejo en el cristal: el rostro antes amable y melancólico ahora era una máscara de líneas duras, la mandíbula firme y los ojos desprovistos de cualquier rastro de piedad o empatía.

Anelly Rosseau creía que el pasado se había quedado enterrado en la nieve de Transilvania, y que París era su nuevo patio de recreo donde dictar las reglas de la muerte de otros. No sabía que el hombre al que había despojado de su humanidad ya estaba en la ciudad, caminando entre las sombras de los mismos bulevares, listo para infiltrarse en su nuevo Edén y arrebatarle, pieza por pieza, el aire que respiraba.

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Alondra Linares
que historia tan bonita llena de mucho odio, ethan siendo rescatado del odio para vivir en oax
b zamitiz
🙂
Mindy Rey
Esa desgraciada tuvo tanta suerte y tiempo para hacer el mal en todo el mundo
Yolanda Luna
Maravillosa
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