En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
NovelToon tiene autorización de Selflove para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9: Las cosas que arden en silencio
—¡Princesa!
Las puertas de la biblioteca terminaron de abrirse violentamente.
Tres guardias reales entraron con espadas desenfundadas mientras las pequeñas llamas suspendidas volvían a encenderse lentamente alrededor de la habitación.
Pero Kaien ya no estaba.
Solo quedaban gotas de agua deslizándose por el suelo de piedra.
Magma permaneció inmóvil frente a la ventana abierta mientras intentaba controlar el ritmo salvaje de su corazón.
Uno de los guardias avanzó rápidamente hacia ella.
—¿Está herida?
Ella tardó un segundo demasiado largo en responder.
—No.
El hombre observó alrededor desconcertado.
—Sentimos una presencia elemental dentro del castillo.
Claro que la sintieron.
El aire entero había reaccionado a Kaien.
Magma cerró lentamente el libro antiguo sobre la mesa antes de que alguno pudiera ver las páginas.
—Fue una falsa alarma.
Los guardias no parecieron convencidos.
Especialmente cuando notaron el agua sobre el suelo.
Uno de ellos frunció el ceño.
—Princesa… ¿esa lluvia estaba aquí antes?
Magma sostuvo su mirada sin parpadear.
—¿Estás cuestionándome?
El hombre bajó la cabeza inmediatamente.
—No, majestad.
Majestad.
Todavía odiaba escuchar eso.
Los guardias abandonaron la biblioteca poco después, aunque Magma sintió sus miradas llenas de sospecha hasta que las puertas volvieron a cerrarse.
Y entonces el silencio regresó.
Ella soltó lentamente el aire contenido.
El fuego de las lámparas seguía moviéndose inquieto alrededor.
Como si todavía sintiera rastros del agua.
Magma caminó despacio hasta la ventana donde Kaien había estado segundos antes.
La lluvia seguía cayendo sobre Ignis.
Pero ahora parecía distinta.
Más fría.
Más viva.
Apoyó las manos sobre el borde de piedra intentando entender qué demonios acababa de pasar.
El heredero del agua había entrado al castillo más protegido del reino como si nada.
Le habló como si la conociera.
Y lo peor de todo…
ella no pudo odiarlo.
Eso era lo verdaderamente aterrador.
Porque toda su vida escuchó historias sobre monstruos nacidos del océano.
Pero Kaien no se parecía a un monstruo.
Parecía alguien cargando demasiadas ruinas dentro del pecho.
Exactamente igual que ella.
Magma cerró los ojos con frustración.
No.
No iba a pensar así.
Él era parte de quienes posiblemente habían matado a sus padres.
Debía recordarlo.
Siempre.
Entonces una corriente de aire atravesó la biblioteca.
Las llamas temblaron suavemente.
Y por un instante…
Magma sintió algo extraño.
Como una presencia observándola.
Giró rápidamente.
Nada.
Solo libros antiguos y sombras largas entre estanterías.
Pero entonces recordó la visión del reflejo en el salón.
La chica del viento.
Alina.
Su padre decía que las leyendas nunca desaparecían del todo.
¿Y si no era solo una frase bonita?
La idea le dejó un escalofrío extraño.
⸻
A la mañana siguiente, Ignis despertó cubierta por niebla.
Eso empeoró todavía más el miedo del reino.
El fuego y la niebla jamás coexistían bien.
Las calles de la capital estaban inquietas, llenas de rumores y tensión. Los comerciantes hablaban del heredero del agua como si fuera un demonio salido de los cuentos antiguos.
El océano regresó.
La guerra volverá.
La heredera del fuego traerá destrucción.
Magma escuchó todo desde las alturas del carruaje real mientras atravesaban la ciudad rumbo al templo de coronación.
Porque el consejo había decidido avanzar igual.
Aunque sus padres siguieran desaparecidos.
Aunque el reino estuviera cayéndose a pedazos.
La corona no podía esperar.
Rowan cabalgaba junto al carruaje escoltándola en silencio.
Magma llevaba un vestido negro ceremonial cubierto con bordados dorados que parecían llamas extendiéndose por la tela. El peso de la corona temporal descansaba sobre su cabeza como una amenaza constante.
Se sentía disfrazada.
No como reina.
Como alguien interpretando una versión de sí misma que todavía no existía.
Cuando el carruaje se detuvo frente al templo solar, una multitud esperaba afuera.
Miles de personas.
Observándola.
El pecho comenzó a arderle inmediatamente.
El fuego dentro de ella reaccionaba demasiado a las emociones fuertes.
Y el miedo de tanta gente junta era sofocante.
Rowan abrió la puerta del carruaje y le ofreció la mano.
Magma la tomó sin decir nada.
Las personas comenzaron a inclinar la cabeza apenas descendió.
—Larga vida a la reina del fuego.
La frase atravesó el aire.
Y luego otra persona la repitió.
Y otra.
Hasta que toda la plaza comenzó a decirlo.
Pero no sonaba real.
Sonaba desesperado.
Como personas intentando convencerse de que todavía estaban seguros.
Magma avanzó lentamente hacia las escaleras del templo mientras sentía todas aquellas miradas sobre ella.
Algunas llenas de esperanza.
Otras de duda.
Y algunas…
de miedo.
El fuego de los enormes pilares ceremoniales creció violentamente apenas ella pasó junto a ellos. Las llamas parecían inclinarse hacia su cuerpo.
Los murmullos comenzaron inmediatamente.
—El fuego la reconoce…
—Es la heredera verdadera…
—Mírala…
Magma intentó ignorarlo.
Pero el calor dentro de ella seguía creciendo.
El templo estaba construido completamente de piedra volcánica negra y oro fundido. En el centro del salón ceremonial descansaba el antiguo Trono Solar, rodeado por enormes columnas de fuego eterno.
Varok esperaba junto al altar principal.
—Princesa Magma de Ignis.
Su voz resonó por todo el templo.
—Hoy el reino presencia el despertar de una nueva soberana.
Magma subió lentamente los escalones hacia el trono.
Cada paso pesaba demasiado.
Porque seguía sintiendo que no pertenecía allí.
Varok tomó lentamente la corona ceremonial entre ambas manos.
Una pieza antigua hecha de oro oscuro y cristales rojos brillantes.
La corona de la reina.
—¿Aceptas proteger el Reino Ígneo incluso si el fuego exige todo de ti?
Magma sintió un escalofrío extraño con aquella frase.
Porque sonó demasiado parecida a las historias de Alina.
El poder siempre pedía algo a cambio.
Ella respiró lentamente.
—Sí.
Varok levantó la corona.
Y entonces ocurrió.
Las llamas del templo se apagaron.
Todas.
El silencio cayó brutalmente.
Magma levantó la mirada inmediatamente.
El aire se volvió frío.
Demasiado frío.
Agua comenzó a deslizarse lentamente entre las piedras del templo.
Los nobles retrocedieron aterrorizados.
Y una voz resonó desde la entrada principal:
—Entonces quizá deberías saber primero qué clase de reino estás heredando.
Magma giró de golpe.
Kaien estaba de pie al final del templo.
Y el océano había entrado con él.