Esta historia habla de una chica que se embarazó muy joven y tuvo que aprender a sobrevivir en un mundo lleno de dificultades. Sin apoyo suficiente y con pocas oportunidades, se vio obligada a “buscarse la vida” como pudo, enfrentando la realidad desde muy temprano. Por amor a su hija, dejó los estudios y sacrificó sus sueños personales para dedicarse por completo a su crianza, creciendo de golpe y convirtiéndose en madre antes de tiempo.
Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando conoce a un chico millonario, alguien que no la juzga por su pasado ni por ser madre soltera. A diferencia de muchas personas, él la trata con respeto, la escucha y ve en ella algo más allá de sus dificultades: una mujer fuerte, valiente y luchadora.
A partir de ese encuentro, ambos comienzan a construir una relación marcada por la confianza, el apoyo y la superación de prejuicios. Ella empieza a recuperar la esperanza en su futuro, mientras aprende que aún puede soñar y volver a levantarse,
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 21: “Una nueva oportunidad” Narra Violeta
La vida nunca volvió a ser fácil después de Brando.
Pero poco a poco aprendí a levantarme.
No por mí.
Por Briana.
Porque cada vez que quería rendirme, miraba a mi hija y entendía que tenía que seguir adelante aunque me doliera el alma.
Cuando Briana cumplió cuatro años, tomé una decisión que me daba miedo desde hacía mucho tiempo:
volver a estudiar.
Yo sabía que no podía quedarme toda la vida sobreviviendo apenas. Quería darle una vida mejor a mi hija, una estabilidad, una casa bonita, ropa sin preocuparme por precios, y sobre todo… un futuro diferente.
Y si pude hacerlo, fue gracias a Camila.
Mi mejor amiga.
La madrina de Briana.
Ella prácticamente nos crió conmigo.
Nunca nos soltó la mano.
Cuando yo tenía exámenes, ella cuidaba a Briana.
Cuando me daban ataques de ansiedad, ella estaba ahí.
Cuando no tenía ni para comer, aparecía con bolsas del mercado diciendo:
—“Compre tranquila después.”
Pero yo sabía que muchas veces ni esperaba que le devolviera nada.
Porque nos amaba de verdad.
Una noche mientras estudiaba llena de papeles, Camila me miró desde la cocina y dijo:
—Amiga, yo sí estoy orgullosa de usted.
Yo levanté la mirada cansada.
—¿Orgullosa de qué? Si estoy vuelta nada.
Ella se rió.
—De que no se rindió.
Y esas palabras se me quedaron grabadas.
Pasaron los años y terminé estudiando Administración de Empresas.
No fue fácil.
Para nada.
Hubo noches donde estudiaba mientras Briana dormía al lado mío. Otras veces hacía trabajos hasta las tres de la mañana y al otro día igual tenía que levantarme temprano a llevarla al colegio.
Pero lo logré.
Y el día que me gradué lloré como una niña.
Porque sentía que después de tanto dolor… por fin algo estaba saliendo bien.
Ese día abracé a Briana fuerte.
—Esto también es suyo, princesa —le dije.
Ella sonrió feliz.
—¿Ya eres empresaria, mami?
Yo me reí.
—Todavía no, amor.
Camila soltó una carcajada detrás mío.
—Pero ya casi.
Después de graduarme empecé a buscar trabajo desesperadamente.
Quería estabilidad.
Quería dejar de vivir contando monedas.
Quería darle una mejor vida a mi hija.
Así que un día me arreglé lo mejor que pude y fui a una entrevista en una empresa bastante grande en Pereira.
Me puse una blusa blanca sencilla, un pantalón negro y me hice una cola alta.
Estaba nerviosa.
Demasiado nerviosa.
Mientras esperaba afuera de la oficina sentía las manos sudadas.
—Respire, Violeta… —me dije sola.
Cuando la secretaria dijo mi nombre, entré.
Y ahí fue cuando lo vi.
El dueño de la empresa.
O bueno… uno de los jefes.
Tendría como treinta y dos años.
Y Dios mío…
ese hombre era demasiado lindo.
Pero demasiado.
Alto.
Elegante.
Con camisa negra remangada.
Reloj fino.
Y una mirada seria pero tranquila.
Yo me quedé nerviosa apenas lo vi.
Él levantó la mirada de unos papeles.
Y por un segundo se quedó mirándome también.
—¿Violeta Álvarez? —preguntó.
—Sí señor —respondí nerviosa.
Él señaló la silla frente a él.
—Siéntese.
Yo me senté intentando verme tranquila aunque por dentro estaba muriéndome de nervios.
Él empezó a revisar mi hoja de vida.
—Administración de Empresas… —dijo leyendo—. buenas notas.
Yo asentí.
—Sí señor.
—¿Tiene experiencia?
Tragué saliva.
—Muy poca… pero aprendo rápido.
Él levantó la mirada hacia mí otra vez.
Y no sé por qué… pero sus ojos transmitían tranquilidad.
No era como esos hombres creídos o groseros.
Se veía serio… pero amable.
—¿Tiene hijos? —preguntó de repente.
Yo dudé un segundo.
—Sí señor… una niña.
Él asintió despacio.
—¿Cuántos años tiene?
—Diez.
Él cerró la carpeta lentamente.
—Debió ser difícil estudiar y criarla sola.
Esa frase me sorprendió.
Porque normalmente nadie preguntaba eso con empatía.
Solo juzgaban.
Yo sonreí un poquito triste.
—Sí… pero ella es mi motivo para todo.
Él me miró unos segundos en silencio.
Como analizándome.
Después se recostó en la silla.
—¿Por qué quiere trabajar aquí?
Yo respiré hondo.
—Porque necesito darle una estabilidad a mi hija… y porque quiero salir adelante de verdad.
Él sonrió apenas.
Y Dios…
se veía todavía más lindo sonriendo.
—Eso fue honesto —dijo.
Yo bajé la mirada nerviosa.
La entrevista siguió un rato más. Me hizo preguntas sobre la carrera, administración, manejo de personal y varias cosas más.
Y aunque estaba nerviosa, sentía que me estaba yendo bien.
Al final cerró la carpeta otra vez.
Y me miró.
—Bienvenida a la empresa, Violeta.
Yo abrí los ojos sorprendida.
—¿Qué?
Él sonrió un poquito.
—Está contratada.
Sentí el corazón acelerarse.
—¿En serio?
—Sí.
Yo casi lloraba ahí mismo.
—Muchas gracias… de verdad…
Él asintió tranquilo.
—Empieza el lunes.
Yo salí de esa oficina sintiendo algo raro en el pecho.
Felicidad.
Orgullo.
Y por primera vez en muchos años…
esperanza.