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En Busca De Tu Alma

En Busca De Tu Alma

Status: Terminada
Genre:Romance / Mundo mágico / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:351
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

✅️🦋El Capitán Lin junto a Ettore y Marco, emprenden un viaje lleno de aventuras para recuperar el alma del hechicero Norman. Es la continuación de "El Despertar Del Príncipe".🦋✅️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Drilon

El aire de la noche en los techos de Kala-Zul cortaba como un cuchillo de hielo. Las trompetas de bronce de la Guardia seguían sonando desde las torres de arcilla, un silbido metálico que despertaba a la ciudad entera. El grupo corría a toda prisa por las pasarelas de madera que los tintoreros usaban para colgar las madejas de lana. Abajo, en las calles estrechas, el reflejo de las antorchas de los jinetes de Armoton creaba un patrón de luces rojas que subían por las paredes de adobe como serpientes de fuego.

Lin lideraba la marcha, con sus botas de lino golpeando la greda templada con un ritmo pesado y constante. Bajo su chaleco de cuero viejo, el diario de Norman presionaba contra su pecho, y la marca dorada de su palma derecha ardía con un fuego real, una pulsación que se aceleraba con cada zancada. El peligro ya no era un susurro; estaba esperándolos en el siguiente recodo de las alturas.

—¡Por aquí! —gritó Vetmi, saltando una brecha de dos metros entre el techo de una tejeduría y la azotea plana de la lavandería comunal—. ¡Si cruzamos este edificio, llegaremos al callejón de los curtidores!

Pero la huida se detuvo en seco.

De las sombras de la torre de ventilación de la lavandería, seis hombres de armas emergieron bloqueando la pasarela de madera. No vestían las armaduras pesadas de la Guardia de Hierro común, sino túnicas azul oscuro sobre cotas de malla de plata reluciente. Al frente del grupo, sosteniendo un mandoble inmenso cuyo filo brillaba bajo la luna del sur, estaba un hombre joven, de facciones finas y una mirada azul que destilaba una arrogancia enfermiza.

Era el Príncipe Drilon, otro hijo bastardo del Rey Erke y uno de los hermanos mayores que Vetmi tanto temía.

—Vaya, vaya… pero si el pequeño ratón de ha encontrado un nido de traidores —se burló el Príncipe Drilon, soltando una risa seca que resonó en el techo de arcilla—. El Consejero Val ha prometido tierras a quien traiga tu cabeza, Vetmi. Pensé que Armoton se quedaría con toda la gloria, pero parece que la fortuna me ha sonreído a mí primero.

Vetmi dio un paso atrás, apretando la pequeña daga de caza que Lin le había dado, pero sus ojos oscuros ya no tenían el pánico del principio. El orgullo real y la rabia por su hermano menor asesinado le tensaron las mejillas.

—¡No eres más que un carnicero, Drilon! ¡Mataste a nuestro hermano menor por una bolsa de oro de Val y ahora vienes por mí! ¡No te tengo miedo!

Drilon levantó su mandoble con una elegancia perezosa.

—El trono de Yalnizlik no tiene espacio para los débiles, Vetmi. Una cabeza menos es un problema menos. ¡Guardias, destrocen a los criminales! ¡Al príncipe lo quiero vivo por cinco minutos más, quiero ver su rostro antes de cortarle la garganta!

—¡Ettore, Marcos, formación de combate! —rugió Lin, desenvainando su acero con una rapidez fulminante—. ¡No los maten! ¡Necesitamos que dejen un mensaje de terror para Armoton! ¡Déjenlos heridos en el barro!

La batalla en el techo de la lavandería comunal estalló con una furia salvaje.

Los cinco guardias de malla de plata cargaron con picas cortas, pero los cazadores desertores se movieron con la destreza de quienes habían limpiado fronteras enteras. Ettore se agachó por debajo de la primera lanza, esquivando el hierro por milímetros, y con un movimiento rápido de su daga, le cortó los tendones de la pierna al atacante. El soldado cayó de rodillas sobre la greda con un grito de agonía, su pica rodando hacia el vacío de la calle.

Marcos interceptó a dos lanceros al mismo tiempo, cruzando su machete pesado contra el acero. El estallido metálico fue ensordecedor. Marcos usó su hombro blindado por el cuero rústico para empujar a uno de los hombres contra la chimenea de la lavandería, rompiéndole las costillas con un golpe seco, mientras que con un tajo horizontal le abrió el muslo al segundo guardia, dejándolo inhabilitado en el suelo sangriento.

El Príncipe Drilon se lanzó directamente contra Lin, su mandoble de plata descendiendo con un silbido asesino que buscaba partir al capitán en dos. Lin no esquivó. Clavó sus botas en la arcilla del techo y bloqueó el impacto con el plano de su espada corta. El choque de las armas generó una chispa blanca que iluminó sus rostros tensos en medio de la noche.

—Eres fuerte para ser un simple pastor —siseó Drilon, presionando el acero con una rabia ciega—. Pero tu hierro viejo no puede competir el mandoble.

—Este hierro viejo ha limpiado salas reales enteras, príncipe de barro —respondió Lin con una voz de trueno.

Lin usó una técnica marcial. Desvió el peso del mandoble con un giro rápido de su muñeca, desestabilizando a Drilon, y con un paso al frente, le asestó un golpe con el pomo de su espada directamente en el centro del pecho. La cota de malla de plata se hundió con un crujido sordo, robándole el aire de los pulmones al príncipe.

Drilon retrocedió unos pasos, tambaleándose, escupiendo un hilo de sangre sobre su túnica azul. Su mirada arrogante se transformó en un pánico absoluto al ver que sus cinco guardias ya estaban en el suelo, heridos, retorciéndose de dolor pero vivos, tal como Lin había ordenado.

—¡Maldito seas! —gritó Drilon, intentando levantar el mandoble con manos temblorosas—. ¡Armoton te colgará de las murallas!

Lin se acercó a él con pasos pesados y decididos. Con un movimiento veloz, le asestó un tajo horizontal que no buscaba el cuello, sino el brazo derecho. El filo de la espada cortó la tela y la carne, dejando una herida profunda que obligó a Drilon a soltar el mandoble. El arma de plata cayó sobre la greda con un sonido hueco. Lin completó el castigo con una patada en el estómago que lanzó al príncipe bastardo contra el borde de la cornisa, dejándolo herido, sangrando y con los ojos inyectados en una sed de venganza que le quemaría el alma por el resto de sus días.

—Regresa con tu padre, Drilon —sentenció Lin, envainando su acero sin una sola mancha de piedad—. Dile al Consejero Val que las capas grises del norte no se rompen con la plata de sus esclavos.

Vetmi se acercó a la orilla, mirando a su hermano mayor herido y derrotado. El joven príncipe respiraba con dificultad, pero su rostro reflejaba una dignidad nueva.

—Has perdido tu bolsa de oro, Drilon. Dile a Armoton que intente buscarme en el fondo del desierto si tiene el valor.

—¡Nos tenemos que mover, Lin! —gritó Marcos, señalando hacia el final de la pasarela—. Las antorchas de la Guardia ya están subiendo por la escalera de la lavandería. El ruido del combate ha alertado a la unidad principal.

Vetmi tomó a Lin del brazo con una prisa desesperada para correr, sus ojos oscuros brillando bajo la luz de la luna.

—¡Por aquí, Lin! Conozco una trampilla en la base de la curtiduría abandonada que está justo debajo de este bloque. ¡Síganme!

El grupo saltó desde el techo de la lavandería hacia una pequeña terraza de arcilla inferior, donde una puerta de madera vieja y podrida permanecía oculta tras unas madejas de lana secas. Vetmi empujó las tablas con fuerza, revelando un conducto oscuro que descendía de forma vertical hacia las entrañas del barrio obrero. Uno a uno, se deslizaron por la madera lisa, cayendo con un golpe sordo sobre un suelo cubierto de mantas viejas y sacos de greda.

El silencio que los recibió abajo fue instantáneo, un contraste absoluto con el estruendo de las trompetas exteriores. El aire aquí abajo no olía a descomposición como en las alcantarillas, sino a sándalo, lavanda y a la humedad de la piedra subterránea.

—¿Quién anda ahí? —preguntó una voz suave, cargada con una fijeza que no era de miedo, sino de alerta defensiva.

De las sombras de la estancia, que parecía un sótano inmenso iluminado por una sola lámpara de aceite, emergieron varias figuras. Eran hombres y mujeres jóvenes, de facciones hermosas pero con marcas de latigazos en los hombros y cuerdas en las muñecas. Vestían túnicas finas de colores pastel que contrastaban dolorosamente con la suciedad del escondite.

Eran las concubinas y concubinos fugitivos del harén real del Rey Erke. El pueblo de la seda que había logrado romper las cadenas del palacio de piedra gris.

Una mujer de cabellos oscuros y una cicatriz pequeña en la frente dio un paso adelante, sosteniendo una daga de plata fina en su mano derecha. Su mirada se suavizó por completo al ver el rostro de Vetmi.

—¿Príncipe Vetmi? —exclamó la mujer, dejando caer el arma con un sonido ahogado—. Los informes de los esclavos del palacio decían que el Consejero Val te había ejecutado en las celdas del norte la tarde de ayer.

Vetmi corrió hacia ella y la rodeó con sus brazos en un abrazo fraternal que demostraba que la complicidad entre ellos era antigua.

—Estoy vivo, Mirta. Estoy vivo gracias a estos hombres —respondió Vetmi, señalando a Lin, Ettore y Marcos—. Ellos son del palacio Blackshield. Han venido del norte, y son los que destrozaron a la Guardia de Hierro en el puente de las Tres Horcas y a los espías de Val en las alcantarillas.

Un murmullo de asombro y esperanza recorrió a las quince personas que se ocultaban en el sótano. Un joven de ojos claros, que vestía una túnica rosa rasgada, se acercó a Lin con una reverencia respetuosa.

—¿El palacio Blackshield? ¿El Rey Lucien vive? Pensábamos que la neblina negra del norte era solo una mentira que Erke usaba para que no huyéramos de sus camas.

Lin se quitó el embozo de su túnica de tejedor, su rostro serio y sus ojos infundiendo una seguridad que calmó el ambiente por completo.

—El Rey Lucien vive, y el norte es libre —dijo Lin, y su voz profunda resonó en las paredes de piedra del refugio—. La Orden de la Luz ha caído en el desfiladero del norte. El Sumo Sacerdote Beltrán es ceniza. Estamos cruzando estas tierras en una misión sagrada, pero no vamos a permitir que los hombres de Val sigan cazándolos a ustedes en estas plazas.

Mirta se secó una lágrima de alivio, invitando al grupo a sentarse sobre las mantas del suelo.

—Aquí abajo estarán seguros por esta noche. Este sótano pertenece a una antigua curtiduría que mi familia manejaba antes de que Erke me arrastrara a su harén por la fuerza. La Guardia de Hierro le teme a esta zona porque dicen que las almas de los esclavos muertos vigilan los pasadizos. Armoton registrará los techos del mercado de lana, pero nunca se le ocurrirá mirar bajo los tintes de la curtiduría vieja.

Ettore se dejó caer en una de las mantas, su sonrisa pícara regresando a sus labios mientras limpiaba la culata de su ballesta pesada.

—Vaya con el príncipe bastardo… Nos ha traído al escondite más hermoso de toda la meseta. De las alcantarillas podridas a un sótano que huele a lavanda y está lleno de seda. Tienes buenos amigos en Kala-Zul, chico.

Vetmi se sentó a su lado, acomodándose el chaleco de cuero viejo con una madurez nueva.

—Mirta y los demás me ayudaron a sobrevivir cuando mis hermanos mayores intentaban envenenar mi comida en el palacio, Ettore. Nosotros somos los olvidados de Yalnizlik. Si el capitán Lin y el Rey Lucien nos ofrecen un camino de libertad en el norte, les juro que mi pueblo entregará sus manos y sus vidas para levantar los muros de los Blackshield.

Marcos se mantuvo cerca de la trampilla de entrada, escuchando el eco lejano de los pasos de la guardia que corría por los techos superiores de la lavandería comunal. El peligro seguía afuera, pero el cerco de Armoton se había vuelto inútil contra el sigilo y la red de los inocentes.

—El general de la maza está furioso, Lin —comentó Marcos en voz baja—. Drilon y sus guardias heridos le darán un informe que le va a podrir la sangre. Van a buscar fantasmas en las salidas de la ciudad durante toda la noche. Tenemos la vigilia a nuestro favor para descansar y preparar la marcha hacia la meseta profunda al amanecer.

Lin asintió, sintiendo el calor del diario de Norman contra su pecho. La marca dorada de su palma derecha había regresado a un latido pausado, templado, una caricia espiritual que le confirmaba que su hechicero seguía acompañando cada una de sus botas en el camino.

El grupo se sumió en un silencio tenso pero confiado en la penumbra del sótano. Mientras los concubinos fugitivos compartían con ellos unos trozos de pan y agua clara de una vasija de barro, Lin se acomodó en el rincón más apartado, sacó su pluma de ganso y el tintero de piedra, y abrió el diario chamuscado bajo la luz tenue de la lámpara de aceite.

Con su caligrafía rígida de soldado, pero con un alma que latía con la poesía de su juramento eterno, comenzó a escribir la entrada de esa noche de guerra urbana:

“Hemos derrotado al Príncipe Drilon, en las alturas de la lavandería comunal. No los hemos matado; sus vidas fueron respetadas para que dejen un mensaje de terror en el corazón de Armoton. Vetmi nos ha guiado hacia un santuario oculto bajo el lodo de la curtiduría vieja. Estamos rodeados de los concubinos fugitivos del harén real, un pueblo de seda que ha roto sus cadenas y que ahora mira hacia nuestro norte con los ojos llenos de una esperanza salvaje. El sur está podrido por la avaricia de Erke y las mentiras de Val, Norman, pero tu diario se está convirtiendo en el registro de la redención de este continente. Tu marca dorada sigue latiendo en mi palma, un fuego constante que me dice que tu luz vigila mi acero en medio de esta vigilia de sombras. Duerme tranquilo en tu Manantial; tu caballero sigue tallando el camino hacia tu Faro, y mañana cruzaremos la meseta profunda con el orgullo de los hombres libres”.

Lin guardó el cuaderno contra su pecho, sintiendo el calor del hechicero de luz como la bendición más sagrada que guiaba su marcha en medio del territorio del enemigo.

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HOLAAA, PODRÍAS POR FAVOR, VER MI CHATSTORY Y LEERLA, ESTÁ EN PROCESO, SOY NUEVA 🥰Y SI GUSTAS PUEDES SEGUIRME✨AMO TÚ HISTORIA, LA RECOMIENDO MUCHO✨
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