Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 10
La mansión estaba en silencio.
Valeria acababa de acostar a su pequeño.
El niño estaba inquieto.
—¿Mamá…?
—¿Sí cariño?
—Quiero ver a papá.
Valeria suspiró.
—No empieces otra vez con eso.
Pero el pequeño ya estaba bajándose de la cama.
—¡Voy!
—¡Espera!
Demasiado tarde.
El niño salió corriendo por el pasillo.
Valeria se llevó la mano a la frente.
—Dios mío…
En la habitación de Alejandro.
Él estaba leyendo unos documentos cuando escuchó golpecitos en la puerta.
toc toc
Abrió.
Y ahí estaba el pequeño.
Con su pijama arrugada.
—Hola papá.
Alejandro suspiró divertido.
—Otra vez tú.
El niño levantó los brazos.
—Dormir.
Alejandro lo cargó.
Pero al tocarlo frunció el ceño.
—Estás caliente…
En ese momento Valeria llegó apresurada.
—¡Perdón! Se volvió a escapar—
Alejandro la miró serio.
—Tiene fiebre.
Valeria se preocupó de inmediato.
—¿Qué?
Se acercó rápido y tocó la frente de su hijo.
—Oh no…
El pequeño estaba medio dormido.
—Mamá…
Alejandro ya lo había llevado a la cama.
—Debería quedarse aquí esta noche para vigilarlo.
Valeria dudó.
—No creo que sea apropiado…
El pequeño abrió los ojos con esfuerzo.
—Mamá… quédate…
Y estiró su pequeña mano hacia ella.
Valeria sintió el corazón romperse un poco.
—Cariño…
El niño murmuró débilmente:
—Los dos…
Alejandro levantó una ceja.
—Parece que quiere que ambos nos quedemos.
Valeria suspiró.
—Esto es una mala idea…
Pero el niño ya se estaba acomodando en la cama.
Y tiró suavemente del brazo de su madre.
Valeria terminó acostándose.
El pequeño quedó en medio.
Como si fuera lo más natural del mundo.
—Así —murmuró satisfecho.
Minutos después…
Valeria se quedó dormida.
El niño también.
Pero Alejandro no.
Se quedó mirando la escena.
La tenue luz de la lámpara iluminaba el rostro tranquilo de Valeria.
Y al pequeño abrazado a ella.
Su pecho se apretó con una sensación extraña.
Pensó algo que jamás había pensado antes.
Si ese niño fuera mío…
Miró la pequeña mano del niño descansando cerca de la suya.
Seríamos una familia maravillosa.
La idea le dolió.
Porque sabía que jamás podría ser real.
A la mañana siguiente
La puerta de la mansión se abrió de golpe.
—¡Llegué!
Una mujer elegante entró al salón con gafas oscuras.
Era Isabella Mendoza.
La hermana menor de Alejandro.
Doña Úrsula suspiró.
—Llegaste antes de lo esperado.
Isabella se quitó las gafas.
—Tenía ganas de ver el drama familiar.
Entonces vio a Camila.
Y puso cara de fastidio.
—Oh… tú sigues aquí.
Camila apretó los dientes.
—Buenos días, Isabella.
—Para ti no.
En ese momento…
Valeria bajó las escaleras con el pequeño de la mano.
El niño estaba mucho mejor.
Isabella se quedó quieta.
Mirándolo.
—¿Y este bombón quién es?
Se agachó frente al pequeño.
—Hola príncipe.
El niño sonrió.
—Hola.
Camila habló rápidamente.
—Es el hijo de una mujer que está quedándose aquí temporalmente.
Isabella levantó una ceja.
—Ajá.
Luego volvió a mirar al niño.
—¿Cómo te llamas?
El pequeño respondió orgulloso.
—Mateo.
Isabella sonrió encantada.
—Mateo… me caes bien.
Lo levantó en brazos sin pedir permiso.
Camila estaba furiosa.
—Isabella, bájalo.
—No.
Luego miró al niño con complicidad.
—¿Quieres llamarme tía?
Mateo parpadeó.
—¿Tía?
Isabella asintió.
—Sí.
Luego miró a Camila con una sonrisa provocadora.
—Soy la hermana de tu papá.
Camila casi se ahoga.
—¡Isabella!
Pero el pequeño ya había decidido.
—Hola tía.
Isabella sonrió triunfante.
—Perfecto.
Luego miró a Camila.
—Ahora oficialmente eres la única persona en esta casa que no le agrada.
Camila parecía a punto de explotar.
Y Alejandro…
Alejandro estaba tratando muy fuerte de no reír.
Isabella prácticamente arrastró a Valeria fuera del comedor.
—Ven conmigo un momento.
Valeria estaba confundida.
—¿Sucede algo?
—Sí —respondió Isabella—. Quiero hablar contigo… lejos de cierta persona.
Ambas miraron en dirección al comedor.
Camila estaba observándolas con el ceño fruncido.
Isabella sonrió con sarcasmo.
—Exactamente lejos de esa.
Minutos después estaban en el jardín de la mansión.
El pequeño Mateo estaba jugando en el césped con una pelota que Isabella le había dado.
—Corre por allá, campeón —dijo ella.
Mateo salió corriendo feliz.
Valeria lo observó con cariño.
Luego miró a Isabella.
—¿Por qué querías hablar conmigo?
Isabella cruzó los brazos.
—Porque quiero que entiendas algo.
Valeria esperó en silencio.
—Yo odio a Camila.
Valeria levantó las cejas.
—Eso… se notaba un poco.
Isabella soltó una risa.
—No, tú no entiendes. No es solo que me caiga mal.
Su expresión se volvió más seria.
—Hay una razón.
Valeria frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué pasó?
Isabella respiró hondo.
—Camila estafó a mi familia.
El silencio se volvió pesado.
Valeria abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué?
—Hace algunos años —continuó Isabella— ella se metió en el negocio de hoteles de la familia de mi madre.
—Se ganó la confianza de todos.
Su voz tenía rabia contenida.
—Y luego robó millones.
Valeria se quedó sin palabras.
—Cuando todo salió a la luz… el apellido de mi familia quedó en ridículo.
Isabella apretó los dientes.
—Fue un escándalo enorme.
Valeria miró al suelo unos segundos.
—¿Y qué pasó con ella?
Isabella soltó una risa amarga.
—Nada.
Valeria levantó la mirada sorprendida.
—¿Nada?
—Exacto.
Isabella señaló la mansión.
—Mi madre es una obsesiva del qué dirán.
Su tono era burlón.
—Prefirió taparlo todo antes que permitir que la sociedad hablara mal de la familia.
Valeria negó con incredulidad.
—Eso es terrible.
Isabella asintió.
—Y lo peor es que después de todo eso… terminó comprometida con mi hermano.
Valeria sintió un pequeño nudo en el pecho.
—¿Alejandro lo sabe?
Isabella suspiró.
—Claro que lo sabe.
Valeria la miró con sorpresa.
—¿Entonces por qué sigue con ella?
Isabella rodó los ojos.
—Porque nuestra madre prácticamente lo obligó.
Luego añadió algo más.
—Alejandro la detesta.
Valeria se quedó completamente quieta.
—¿Qué?
Isabella habló con total tranquilidad.
—Créeme. Si fuera por él, ese compromiso no existiría.
Valeria no supo qué decir.
Isabella continuó:
—Desde que se comprometieron… nunca han dormido en la misma habitación.
Valeria levantó la mirada.
—¿Nunca?
Isabella negó.
—Ni una sola vez.
Luego miró a Valeria con una sonrisa traviesa.
—De hecho…
Miró hacia la casa.
—Me sorprende que la única mujer que haya dormido en la habitación de mi hermano en años…
seas tú.
Valeria se puso roja de inmediato.
—¡Eso no fue así!
Isabella empezó a reír.
—Relájate, solo bromeo.
Entonces miró a Mateo que seguía jugando.
Y su expresión se suavizó.
—Pero una cosa sí te voy a decir.
Valeria la observó.
Isabella habló con sinceridad.
—Ese pequeño… es lo mejor que le pasó a esta casa en mucho tiempo.
Valeria sonrió suavemente.
En ese momento Mateo corrió hacia ellas.
—¡Mamá!
Valeria lo cargó.
—¿Qué pasó?
—Tengo hambre.
Isabella se rió.
—Perfecto.
Se levantó.
—Vamos a la cocina.
Luego murmuró con una sonrisa maliciosa:
—Además… quiero ver la cara de Camila cuando me escuche decirle sobrino otra vez.
Valeria no pudo evitar reír también.
Por primera vez desde que había vuelto…
la mansión Mendoza empezaba a sentirse un poco menos hostil.