La escuela está en pánico, en el pueblo pasan cosas extrañas, los padres ya no dejan salir a sus hijos, algunos murmuran sobre un animal raro, ¿un perro grande, o algo más?, nadie se atreve a decirlo en voz alta.
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Entre dos bandos
Llegué a mi ventana sin hacer ruido, con la tierra en los pies y el corazón en la boca.
La abrí despacio, metí una pierna, y ahí estaba, mi papá, sentado en mi cama con el ceño fruncido, con los brazos cruzados, como si no hubiera dormido.
Se me heló la sangre—Papá, yo...
—Cierra la ventana, Caroline —dijo, la voz gruesa y firme, la que usaba cuando estaba muy enojado para gritar—ya ___ Contesté sin hacer ruido.
Cerré la ventana y me quedé parada—¿Cómo supiste que no estaba?
Él se paró, no se acercó —Tu cuarto estaba vacío, tu ventana abierta, y Zack llegó hace veinte minutos con la ceja rota y sangre en la camisa, ¿tú me preguntas como supe? ¿Dónde andabas, Caroline?.
No contesté, miré al suelo, la tierra de la cantera en mis pies, ya era tarde para pensar en una excusa.
Papá dio un paso, y por un segundo pensé que me iba a gritar, pero no, solo se veía cansado—No me mientas, hija, no como Zack lo hace todo el tiempo, yo no soy tonto, esa tierra no es del patio, y ese olor a humo no es de la cocina.
Se me llenaron los ojos de lágrimas, de rabia, sin saber qué decir, defraudé a mi papá.
____ Tú no eres así Caroline___ Expresó con la voz pesada.
Negué con la cabeza—No importa, papá, ya estoy aquí.
Él suspiró, me miró largo rato—Importa, si importa ¿me oyes? ve a bañarte, mañana hablamos tú, yo, Angi y Zack, todos.
Pasó junto a mí, olió el humo en mi pelo, no dijo nada más, cerró la puerta despacio, yo me dejé caer en la cama, con la culpa pegada, y Zack sigue guardando silencio, eso me está matando.
Me bañé rápido, me quité el olor a humo y tierra, pero no la culpa.
Salí con el pelo mojado, la pijama puesta, y caminé descalza hasta el cuarto de Zack. La puerta estaba cerrada, sin seguro, toqué dos veces —Zack, soy yo.
No contestó, abrí igual, él estaba sentado en el suelo, de espaldas a la cama, con una toalla apretada en la ceja, la camisa llena de sangre seca a un lado, tenía la costilla morada, lo vi cuando se movió.
—Zack —cerré la puerta detrás de mí— tenemos que hablar.
Él no me miró—Vete, Caroline, ya habló tu papá, mañana hablamos todos.
—No —me senté en el suelo, frente a él, aunque no quería—dime la verdad ahora, dime quiénes son Luke, Irina, los otros, dime qué eres tú, porque yo ya no entiendo nada.
Zack apretó la toalla, la sangre ya no salía —No tengo nada que decirte.
—¡Sí tienes! —le grité, bajito, para que papá y Angi no oyeran—Te peleaste con él por mí, llegaste hecho mierda y no me echaste de cabeza, ¿por qué?, ¿qué te hizo Luke? ¿qué les hiciste tú?, ¿por qué mataste al profe Salgado?.
____ Yo no maté, al profe Salgado ¿Hasta cuando vas a seguir con eso?___ Respondió con el ceño fruncido, pero sus ojos fijos en los míos por un segundo—Y no preguntes cosas que no quieres oír___ Remató.
—Sé que algo ocultas dime la verdad, Zack, te lo pido.
Él se paró, tiró la toalla al piso—La verdad te va a matar, Caroline, igual que a Salgado, igual que a nuestros padres, así que no, no te la voy a decir.
Se fue hacia la puerta, la abrió—Sal de mi cuarto, ahora.
—No me voy hasta que...
—¡Que te largues! —Dijo, y por un segundo juré que su voz no era de él, era más grave, más rota—no vuelvas a preguntarme, no vuelvas a meterte, si me tienes un poco de afecto, déjame en paz.
Me paré, pasé junto a él, olía a sangre, a sudor, a algo salvaje que no era humano —Zack.
—Fuera —repitió, sin mirarme.
Salí, él azotó la puerta detrás de mí, me quedé en el pasillo, con el pelo chorreando, con más preguntas que antes, y con la certeza de que mi hermanastro cargaba algo enorme, y prefería sangrar solo antes que soltarlo.
Al día siguiente, el desayuno no fue pan con mantequilla, sino los regaños de papá para los dos. Ni Zack ni yo dijimos nada. Angi, por su parte, nos miraba y nos estudiaba con los ojos, respaldando cada palabra de papá.
Más tarde, en la escuela.
Zack estaba en la escalera con Valeria y los suyos, la ceja todavía hinchada, Luke recargado en la reja con Irina, Cloe, Noah y Liam, como una postal partida en dos, y yo, en el medio del patio, con la mochila colgando de un solo hombro.
Zack me vio primero, Luke levantó la mano, apenas, como saludando, como marcando territorio, Irina no sonrió, solo ladeó la cabeza, esperando.
Valeria se le pegó más a Zack, le susurró algo al oído, él no la oyó, tenía los ojos clavados en mí, Luke le dijo algo a Liam, Liam se rió.
Me di la vuelta, rápido, antes de que Irina diera un paso, antes de que Zack bajara un escalón, antes de que Luke abriera la boca, corrí, atravesé el patio, me metí por la puerta lateral, la que daba a los baños, la que nadie usaba a esa hora.
Oí pasos detrás, no sé de quién, no volteé, abrí la puerta de un empujón y me encerré en el baño de chicas, puse el seguro, me recargué en la puerta, respirando fuerte.
No pasaron ni dos minutos cuando tocaron la puerta del baño.
Tres golpecitos suaves como los de mi ventana anoche.
—Caroline —la voz de Irina bajita sin filo— sé que estás ahí. Abre. Soy yo, vengo sola.
Me quedé pegada a la puerta.
—Vete Irina. Necesito estar sola.
—Ya lo sé —contestó y oí cómo se recargaba en la madera— Corriendo a esconderte no es la solución. ¿Eso quieres para todo el día? Abre. No viene nadie más. Te lo juro.
Dudé. Tenía los nudillos blancos de apretar la mochila.
—¿Y Zack?
—Zack se quedó afuera, no puede entrar al baño de mujeres —dijo y su voz se hizo más dulce más cerca— no va a entrar. Luke tampoco. Solo yo. Porque yo sí te escucho cuando dices que no puedes.
Cerré los ojos. Quité el seguro. La puerta se abrió un poquito. Irina estaba sola. Sin Cloe. Sin Luke. Con las manos en los bolsillos de la chamarra mirándome sin burla.
—Hola —dijo y sonrió apenas— ¿mejor?
—No —fui honesta salí del cubículo me lavé las manos solo para hacer algo— no sé qué hago. No sé con quién estar.
Irina se acercó al lavabo. Me pasó una toalla de papel.
—Entonces no estés con nadie hoy. Estate conmigo. No te voy a pedir que elijas. Solo acompáñame al salón. ¿Sí? Después ves qué haces.
Me secó una lágrima que ni sentí que había caído, tenía los dedos fríos.
—¿Y si Zack...? ___ Susurré.
—Zack va a tener que entender que no eres de él —me cortó pero suave— y Luke va a tener que esperar. Hoy caminas conmigo. ¿Trato?
La miré. Ella no parpadeaba, no exigía, solo ofrecía. Y yo estaba tan cansada de correr.
—Trato —susurré.
Irina me tomó del brazo. No de la mano, no como dueña, como amiga.
—Vamos. Ya tocaron el timbre. Si llegamos tarde la profe de matemática nos mata a las dos___ Dijo riéndose.