NovelToon NovelToon
Madre De Acero, Hogar De Cristal

Madre De Acero, Hogar De Cristal

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Traición / Completas
Popularitas:12.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Susena creía vivir en un paraíso: un hogar impecable, tres hijos amados, un bebé en camino y un esposo que parecía perfecto. Pero cuando Julián muere en un trágico accidente, su mundo de cristal estalla.

Entre deudas ocultas y el descubrimiento de una impactante doble vida, Susena se queda en la calle y sin nada. Sola con sus hijos y una tía a su cargo, deberá abandonar su fragilidad para transformarse en una madre de acero. Una historia de traición y coraje donde una mujer deberá luchar contra la pobreza y el engaño para reconstruir su destino.

¿Hasta dónde llegarías para salvar a los tuyos cuando descubres que tu vida entera fue una mentira?

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11: La oficina vacía

El domingo en Astoria fue un bálsamo para el alma de Susena. Mientras los primeros rayos de sol iluminaban su humilde pero impecable apartamento, ella se permitió respirar hondo. No había mármol italiano ni sábanas de seda, pero había algo que el dinero no podía comprar: una paz legítima. Pasaron el día en el parque cercano, rodeados de familias y el sonido de las risas infantiles. Susena caminaba despacio, disfrutando del aire fresco mientras los trillizos corrían detrás de una pelota y la tía Martha descansaba en un banco, observando todo con una sonrisa de absoluta plenitud. Comieron helados gigantes, hicieron las compras de la semana en el mercado local —eligiendo cada fruta con la alegría de quien sabe que ya no pasará hambre— y regresaron a casa cansados pero con el corazón lleno. Para Susena, ese domingo de sencillez fue el lujo más grande de su vida.

Pero al otro lado del puente, en la Quinta Avenida, el domingo de Maximiliano D'Angelo fue un tormento silencioso. El hombre de los cincuenta años, el soltero que Nueva York consideraba inalcanzable, caminaba de un lado a otro de su penthouse de dos pisos. La vista del Central Park, que solía ser su mayor orgullo, hoy le parecía un cuadro gris y aburrido. No podía sacarse de la cabeza la imagen de Susena rechazando su oferta del penthouse. ¿Cómo una mujer que lo había perdido todo podía decirle que no a una vida de privilegios bajo su protección? Esa negativa lo obsesionaba. Estaba acostumbrado a que el mundo se inclinara ante su voluntad, pero Susena Vallejo era una roca de acero que no se dejaba moldear. Por primera vez en décadas, Maximiliano deseó que el tiempo volara. Quería que fuera lunes. Quería verla. Quería sentir de nuevo esa electricidad que ella desprendía con solo entrar en una habitación.

Cuando el lunes finalmente llegó, Maximiliano estaba en su oficina antes que sus asistentes. No se concentraba en las acciones de la bolsa ni en los reportes de construcción. Sus ojos se desviaban constantemente hacia la puerta, esperando el momento en que ella apareciera. Y cuando Susena entró, el aire pareció electrizarse. Ella vestía un conjunto gris humo, sencillo pero que resaltaba su elegancia natural y la suave redondez de su embarazo. Se veía hermosa, con ese brillo en los ojos que solo da el saber que tus hijos están a salvo.

—Buenos días, señor D'Angelo —dijo ella, con esa voz profesional y firme que tanto lo intrigaba—. Aquí traigo los avances de la campaña.

—Pase, Susena. Tome asiento —respondió él, tratando de ocultar la urgencia en su tono.

Lo que debía ser una revisión de diez minutos se convirtió en una jornada de todo el día. Maximiliano inventó excusas, pidió detalles innecesarios y solicitó revisiones estratégicas solo para mantenerla allí, frente a él. Durante horas, Susena desplegó su genialidad como publicista. Su inteligencia era tan afilada como su belleza; analizaba los mercados, proponía eslóganes brillantes y manejaba las crisis de imagen con una seguridad asombrosa. Max la observaba, fascinado no solo por la mujer hermosa de cuarenta años, sino por la mente brillante que habitaba en ella. Por momentos, se olvidaba de que era su empleado; se sentía como si estuviera frente a una igual, una mujer que lo desafiaba intelectualmente en cada frase.

Almorzaron en el despacho, compartiendo ensaladas y hablando de negocios, pero entre línea y línea, las miradas se volvían más largas y profundas. Max se encontraba detallando la forma en que ella se recogía el cabello tras la oreja, el tono chocolate de sus ojos cuando defendía una idea, y la forma en que sus manos se posaban protectoramente sobre su vientre. Ella era un mundo entero que él quería descubrir, un mundo de acero, madre y profesional que no se parecía a nada de lo que él conocía.

Cuando el reloj marcó las seis de la tarde, Susena empezó a recoger sus pertenencias.

—Es tarde, señor D'Angelo. Mis hijos me esperan para cenar y prometí ayudarlos con sus nuevas tareas escolares —dijo ella, con una sonrisa dulce que no era para él, sino para su familia.

Maximiliano se puso de pie, sintiendo una punzada de vacío que lo tomó por sorpresa.

—Por supuesto, Susena. No quiero que falte a su palabra. Mañana continuaremos.

Ella se despidió con una inclinación de cabeza y salió del despacho. Maximiliano se quedó de pie en medio de su inmensa oficina, escuchando el eco de los pasos de ella alejándose por el pasillo. De repente, el lugar que antes era su santuario se sintió frío, inmenso y desesperadamente vacío. El perfume a vainilla y café que ella dejaba a su paso era lo único que quedaba, una huella invisible que lo hacía sentir más solo que nunca.

Se sentó en su escritorio, pero ya no pudo trabajar. La inquietud lo dominaba. Se dio cuenta de que ya no era el lunes lo que deseaba; era a ella. A la mujer que prefería un apartamento humilde en Astoria a su penthouse, a la madre de acero que lo hacía sentir que sus millones no valían nada si no podía comprar un segundo más de su tiempo. Maximiliano D'Angelo, el hombre que lo tenía todo, se dio cuenta esa noche de que, sin la presencia de Susena Vallejo en su oficina, Nueva York ya no tenía el mismo brillo.

1
Shony Zatarain
excelente 🌹
Marta Bettucci
voy a buscar otras novelas tuyas. espero sean también cortas
Marta Bettucci
voy a buscar otras novelas tuyas. espero sean también cortas
Marta Bettucci
me encantó
Corta y sin tantos dramas.
Marta Bettucci
me encantó
Corta y sin tantos dramas.
Yolanda Morocho
hojala Julián no esté muerto paraq vea q ella está con un hombre mejor q el
Yolanda Morocho
seguro q no está muerto q por tantas deudas finjio su muerte
Yolanda Morocho
me gusta q ses una mujer fuerte y le aya puesto muy claro todo
Mercedes Elena Bernaez Balza
/Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Good//Good//Ok//Heart//Rose/
Yolanda Villamar
😍m gusto mucho cortita pero muy bella gracias escritora
Yolanda Villamar
😄😍haaaay yo quiero uno de esos
Yolanda Villamar
q vien por ella q le demuestre Al maldito muerto q va salir sola
Carmen Rodriguez
/Drool/
Graciela Alvarez
gracias por compartir tan bonita historia 😍
Rossi
mientras Julian cambió a su esposa por una mujer de 25, Max cambió.las de 25 por una hermosa mujer/madre de 40 🥰
Rossi
lo que me da rabia y tristeza, es que Julian nunca pensó en sus hijos, 😭
Helizahira Cohen
muy bonita he leído dos novelas tuyas cortas, bien narrada, buena trama y ortografía 👏👏
Helizahira Cohen
con tantas cosas ya debería tener 5 meses y visitar al medico
Helizahira Cohen
Es un poquito loca, él la dejo en el apartamento y luego hablo de la recepcionista, me perdí, pero esta buenísima
Helizahira Cohen
ni siquiera la casa, que descaro y aun se despidió esa mañana como si nada, estará muerto de verdad ?
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play