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Volví.. Pero No Como Yo

Volví.. Pero No Como Yo

Status: En proceso
Genre:Venganza
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: La Griss

Una víctima olvidada regresa desde la muerte, oculta en otro cuerpo, para cobrar una venganza oscura contra quienes la destruyeron.

NovelToon tiene autorización de La Griss para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Lo que el director ya sabe

La oficina del director está oscura.

Solo una lámpara encendida ilumina el escritorio.

Afuera, la lluvia sigue cayendo sobre la escuela vacía. El sonido del agua golpeando los techos metálicos parece acompañar el tic… tac… del reloj colgado en la pared.

Hacen horas que todos se fueron, pero ellos 3 siguen en sus oficinas.

Mirando las fotografías.

Sin pestañear.

La carpeta está abierta frente a él.

Papeles viejos. Reportes disciplinarios. Horarios. Anotaciones. Nombres tachados. Fechas marcadas en rojo.

Y en el centro… dos fotografías.

La psicóloga y Eusebio.

Tomadas por cámaras distintas. En momentos distintos. Pero demasiado conectadas.

El director junta ambas imágenes lentamente.

Sus dedos se detienen justo en el borde donde casi parecen tocarse.

Y entonces vuelve a mirar las fechas.

Mismo día.

Misma hora.

Mismo pasillo.

Otra vez.

Otra coincidencia.

Otra más.

Demasiadas.

Él se recuesta en la silla lentamente.

Pensando.

Porque ya no se siente como sospecha.

Ahora se siente como una verdad escondida.

Y eso le produce algo peor que miedo.

Obsesión.

El director toma un bolígrafo.

Empieza a escribir nombres en una hoja.

EUSEBIO.

Debajo: “Siempre presente después de cada incidente.”

Luego escribe: PSICÓLOGA.

Debajo: “Control emocional inestable.” “Demasiado involucrada.” “Oculta algo.”

Se detiene.

Piensa.

Y finalmente escribe otra frase:

“Se protegen mutuamente.”

La observa largo rato.

Luego sonríe apenas.

Pero no es una sonrisa de satisfacción.

Es la sonrisa de alguien que siente que está entrando en un lugar peligroso… y aun así no puede detenerse.

La lluvia golpea más fuerte.

El director abre otro cajón.

Saca una grabadora pequeña.

Presiona play.

La voz distorsionada de un estudiante llena la oficina.

—Yo los vi juntos… —No parecían normales… —Ella lloraba… —Y él hablaba solo… click.

El director apaga la grabación.

Hablar solo.

Esa parte vuelve a quedarse atrapada en su cabeza.

Porque no es la primera vez que escucha eso sobre Eusebio.

Varias veces.

Demasiadas veces.

Personas diferentes.

Mismas descripciones.

“Murmura.” “Discute con alguien.” “Se detiene solo.” “Mira espacios vacíos.”

El director abre otra carpeta.

Más antigua.

Polvorienta.

Ahí encuentra un reporte de hace años.

Un accidente.

Una estudiante.

Daniela.

El nombre queda quieto sobre el papel.

El director frunce el ceño.

Porque siente algo extraño apenas lo lee.

Como si hubiera visto ese nombre antes.

Y entonces recuerda.

Rápido.

La libreta de Eusebio.

La hoja arrancada.

El nombre escrito decenas de veces.

Daniela.

Daniela.

Daniela.

El director siente un escalofrío recorrerle la espalda.

Lento.

Pesado.

Afuera un trueno ilumina la ventana.

Y por un segundo… la oficina parece aún más pequeña.

Más cerrada.

Más peligrosa.

El director vuelve a mirar la foto de Eusebio.

—¿Quién eres realmente…?

Silencio.

Entonces escucha pasos afuera.

Automáticamente apaga la lámpara principal.

Solo deja la luz pequeña del escritorio.

Se levanta despacio.

Y se acerca a la ventana interna de la puerta.

Observa el pasillo.

Vacío al principio.

Luego… ellos.

La psicóloga camina desde el extremo izquierdo.

Eusebio desde el derecho.

Separados.

Distantes.

Fríos.

Pero el director ya no cree en coincidencias.

Se queda inmóvil observándolos.

Eusebio lleva las manos dentro de los bolsillos. Camina lento. Cabizbajo.

Y mueve apenas los labios.

Como si hablara con alguien.

Otra vez.

El director afina la mirada.

Sí.

Está hablando solo.

Mientras tanto…

dentro de la cabeza de Eusebio…

Daniela sonríe.

—Mírala… —Ni siquiera te mira. —Te dije que fue un error.

Eusebio aprieta la mandíbula.

Sigue caminando.

—Cállate.

Pero Daniela continúa.

—La besaste… —Y ahora mira cómo actúa. —Como si no existieras.

Del otro lado del pasillo…

la psicóloga también camina sin levantar la vista.

Rápido.

Tensa.

Con los brazos cruzados.

Y dentro de ella… la voz susurra.

—Te lo dije. —Fue un error. —Él nunca iba a quedarse.

Ella respira profundo.

Intenta ignorarla.

Pero la voz sigue.

—Mira cómo ni siquiera te observa.

Y entonces sucede.

Se cruzan.

Frente a frente.

Apenas unos segundos.

El director contiene la respiración dentro de la oficina.

Esperando algo.

Una mirada.

Una señal.

Un gesto.

Pero no ocurre nada.

Ni siquiera se miran.

Pasan uno al lado del otro como desconocidos.

Fríos.

Distantes.

Rotos.

Sin detenerse.

Sin hablar.

Sin tocarse.

Y aun así… el director siente algo extraño en el aire.

Algo incorrecto.

Porque aunque parecen dos personas separadas… hay algo invisible uniéndolos.

Algo oscuro.

Algo que él todavía no logra entender.

La psicóloga sigue caminando.

Pero sus manos tiemblan.

La voz dentro de ella se ríe suavemente.

—¿Ves? —Ni siquiera intentó detenerte.

Ella aprieta los dientes.

Sigue avanzando.

Más rápido.

Como si quisiera escapar.

Mientras tanto…

Eusebio se detiene apenas después de cruzarla.

Solo un segundo.

Daniela aparece otra vez en su cabeza.

Más fuerte.

Más agresiva.

—Mírala. —Débil. —Te está distrayendo.

—No.

—Sí. —Y ahora tú también te estás volviendo débil.

Eusebio cierra los ojos un instante.

Cansado.

Agotado.

Porque ya no soporta la voz.

Ya no soporta la culpa.

Ya no soporta la rabia.

Y mucho menos… lo que siente por ella.

Dentro de la oficina… el director observa todo.

Cada movimiento.

Cada pausa.

Y algo finalmente encaja en su cabeza.

No sabe qué exactamente.

Pero siente que está cerca.

Muy cerca.

Demasiado.

Él toma otra fotografía.

La pega junto a otras en el muro.

Ahora el tablero parece un mapa enfermizo.

Fotos unidas con líneas rojas.

Fechas.

Nombres.

Incidentes.

Todo conectado.

Todo apuntando hacia ellos.

El director retrocede unos pasos.

Mira el mural completo.

Y entonces susurra:

—¿Qué esconden ustedes dos…?

Silencio.

Solo lluvia.

Tic… tac… Tic… tac…

Mientras afuera…

Eusebio baja las escaleras hacia el patio trasero de la escuela.

La lluvia cae sobre él inmediatamente.

No se cubre.

No le importa.

Camina hasta detenerse bajo la vieja cancha vacía

Oscura.

Destruida.

El agua cae desde el techo roto en pequeñas gotas constantes.

Ploc… Ploc… Ploc…

Y Daniela vuelve.

Más fuerte que antes.

—Tienes que alejarte de ella.

—Déjame en paz.

—No. —Porque estás olvidando.

Eusebio aprieta los puños.

—No estoy olvidando nada.

—Sí lo estás. —Te prometiste algo.

Silencio.

Y entonces ella cambia el tono.

Más frío.

Más cruel.

—¿O ya olvidaste lo que nos hicieron?

Eusebio siente el golpe de esas palabras.

Recuerdos.

Gritos.

Sangre.

Oscuridad.

Dolor.

Cierra los ojos con fuerza.

—Ya hice todo lo que querías.

Daniela guarda silencio por primera vez.

La lluvia sigue cayendo.

—Ya terminé… —susurra él.

Su voz tiembla apenas.

Cansada.

Vacía.

—Ya destruimos suficiente. —Ya pagaron suficiente. —Déjame libre.

Daniela ríe.

Una risa hueca.

Inhumana.

—¿Libre?

Eusebio respira agitado.

—Estoy cansado…

—No puedes detenerte ahora.

—Sí puedo.

—NO.

La voz explota dentro de su cabeza.

Eusebio se lleva las manos a los oídos.

Como si pudiera bloquearla.

—¡Basta!

Pero Daniela sigue.

—Sin mí no eres nada. —Yo te mantuve vivo. —Yo te di propósito.

—¡Tú me destruiste!

El grito rebota en la cancha vacía.

La lluvia cae más fuerte.

Y entonces… algo cambia.

Eusebio siente un escalofrío recorrerle la espalda.

Lento.

Pesado.

Como si alguien estuviera observándolo.

Levanta la mirada.

Oscuridad.

Nada más.

Pero lo siente.

Claramente.

Alguien está ahí.

Mirándolo.

Entre las sombras del otro extremo de la cancha.

Inmóvil.

Silencioso.

Daniela también calla.

Por primera vez.

El aire se vuelve pesado.

Eusebio da un paso atrás lentamente.

Intentando distinguir la figura.

Pero la lluvia no deja ver bien.

Solo una silueta oscura.

Quieta.

Observándolo.

Y entonces…

una voz desconocida rompe el silencio.

—Sabía que eras tú.

Eusebio se congela.

Porque reconoce la voz inmediatamente.

El director.

1
Gena Jim
Queremos actualización autora!!!
CRIS E: ☺️ esta subiendo el capítulo de hoy☺️☺️☺️🤭🤭🤭
total 1 replies
Carlos luis Brito
Enamorado 😭 como asi
Rosannna Villaman
Por fin yo sabía que ese beso venía
Rosannna Villaman
El director se está metiendo dónde no, debe ....
Gena Jim
por fin!!!
CRIS E: 🤣 Por fin, que ?
total 1 replies
Carlos luis Brito
ya esto no es cuadrado, esta pintando otra cosa
Carlos luis Brito
Ahora se unieron ello, a esterminalllll con todo/Hunger/
Carlos luis Brito
Directora, tranquila 😭 que la psicólogo no es fácil
Carlos luis Brito
Me tiene atrapado, esta vergüenza es el final
Carlos luis Brito
Esta excelente
Carlos luis Brito
😭Pero Daniel mi hija, vete al paso
Carlos luis Brito
Esta psicóloga 😭se está metiendo donde no la llamaron
Carlos luis Brito
Eusebio tengo mi fe puesta en tiii👏😭
Carlos luis Brito
Sigo... aquí esto se está poniendo buenooooooooo
Carlos luis Brito
No le cojo flores a extraños 😭😭😭
Carlos luis Brito
Me está gustando eso
Carlos luis Brito
Esta atrapando
Rosannna Villaman
Me encanta, excelente creatividad
Rosannna Villaman
Esto se está hiendo😭 por otro lado😭 dejaron de matar 😭 actualiza eso ya, necesito saber .....
que van hacer
Rosannna Villaman
Deja que la psicóloga sepa, que Daniela es quien lleva los controles 👏👏
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