Él la conoció de casualidad en el bosque siendo cazada como un animal para ser entregada como un sacrificio para apaciguar la ira de la diosa luna. La salvó, no porque le importara sino porque le fascinaba ver el terror en aquellos que se creían superiores, los quemó bajo el poder de las llamas eternas del infierno, los oyó rogar, gritar y suplicar por piedad, pero era tarde cuando las llamas eternas tocaban la carne humana esta ardía hasta quedar hecha polvo.
Ella al verlo sintió curiosidad, miedo, curiosidad y agradecimiento. Lo siguió en un viaje sin retorno donde conoció cada cosa, experimentó qué era ser libre, qué era ser ella misma, sonreír, respirar con tranquilidad y despreocupación ante la posibilidad de ser nuevamente perseguida, ya no era una preocupación, la dejó atrás.
Pasó el tiempo y los cielos la reclamaron. La diosa se la llevó y en consecuencia se desató el caos y quienes osaron llevársela, ardieron en llamas eternas, mientras que otros vivían peor que un animal.
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Capítulo 10
KAELYN
La lluvia había cesado, la paz estaba reinando tras la espantosa tormenta que había pasado. El olor a tierra mojada era perceptible y el suelo mojado aun más. Me alejé de ella viéndola caer al suelo nuevamente. Derrotada, patética y sin nada. Los guardias que antes la protegían ferozmente ahora mantenían la distancia y no decían nada, ni siquiera se atrevieron a ayudarla a levantarse del suelo de piedra. Einar me alejó de allí antes de que cometiera una estupidez. Mi cuerpo temblaba de la rabia y la desesperación que sentía luego de saber que esa mujer era la responsable de que fuera abandonada por una mujer que ni siquiera le importé cuando me expulsó a este mundo lleno de tanta maldad hacia quienes no tenían la más mínima culpa. La miré antes de que se la llevaran.
—Afortunadamente, caí en las manos de una mujer que me amó y protegió hasta la muerte. Porque haberme quedado a lado de dos mujeres que solo me querían muerta... bueno... no me habría dejado nada bonito estando con alguien igual de trastornada que tú...—Desvió la mirada hacia otra parte, mientras se la llevaban lejos del caos para recibir su castigo por cada crimen que cometió.
Miré a Einar, quien estaba muy callado. No decía nada y realmente no hacía falta decir algo, porque todo lo que se dijo ya había sido dicho. Sin embargo, el silencio sepulcral prevaleció, no hubo aplausos, no hubo gritos de celebración, nada. Solo vi en el rostro de cada habitante de la Ciudad Selene, una mezcla de alivio y de incredulidad.
Einar posó una mano en mi espalda y me llevó lejos de la situación, pero antes de irse dijo:
—Nos iremos de aquí y jamás volveremos a molestar—. El silencio prevaleció, pero antes de irnos una mujer mayor de cabellos grises, ojos azules como los miró venía corriendo con una mezcla de desesperación y de miedo en sus ojos y en el resto de su cuerpo que temblaba tanto que apenas podía sostenerse.
Ella era una mujer hermosa, pese algunas arrugas en su rostro que eran apenas visibles, vestía de forma muy sencilla un vestido gris y zapatos blancos bajos. Me miró como si estuviera viendo a un fantasma, siguió mirándome hasta el punto en que comenzó a llorar de forma frenética y llena de culpa.
—Por la diosa...—Apenas pudo decir entre sollozos—eres idéntica a mi Elisa... mi hija...
La miré confundida. No entendía nada y luego recordé las palabras de Selene o más bien Celina hace apenas unos minutos. Suspiré pesadamente mirando al suelo con indiferencia a lo que la mujer estaba diciendo. No me importaba, ya que ella solo era una desconocida para mí que se había presentado con lágrimas en los ojos diciendo que era idéntica a una mujer que siempre me quiso muerta.
—Vámonos Einar, no quiero seguir aquí—Asintió. Pero la mujer fue persistente, me tomó del brazo.
—Por favor, escúchame. Solo quiero que sepas que no deseaba nada de lo que te pasó—. Volví a suspirar. Me solté de su agarre, no con brusquedad sino con una sensación de que no quería ser tocada por nadie más que por Einar.
—Señora, eso ya no importa porque... yo no soy hija de la mujer a la que llama Elisa...—Me tomé un momento y luego seguí hablando—soy hija de Sofía, la mujer más dulce y amable que no le importó en absoluto salir a enfrentar a una muchedumbre sabiendo que la matarían y aun así no lo dudó y salvó mi vida. Mientras ella gritaba de dolor, me decía entre estos que corriera, que no mirara hacia atrás.
Pero antes de eso me dijo que me amaba y que dar su vida por mí no era algo a lo que estuviera obligada, sino algo que una madre hace sin pensar y que el día que yo fuera madre comprendería ese sentimiento.
Lloré tanto que cuando huía por mi vida... desee ser yo la que tomara su lugar y morir, pero ahora entiendo por qué no fue de ese modo, de solo verla... me doy cuenta de qué... lo mejor que hizo por mí su querida Elisa fue abandonarme en el bosque en pleno invierno... a punto de morir congelada. Le agradezco a la vida por haber puesto en mi vida a mi madre Sofía...
Yo no soy nada suyo, porque permitió que ese monstruo—Señalé con un dedo temblando en dirección en que se estaban llevando a Selene.—, me llevara lejos para morir. Usted crio a un monstruo y, por lo tanto, debo decirle que a pesar de que apenas la acabo de conocer... sinceramente no la odio, no vale la pena odiar a alguien que nunca he conocido y mucho menos tratado. Por lo tanto, la perdono por haber criado a una mujer sin escrúpulos, la perdono por permitir que me dejaran tirada peor que un perro en la nieve.
La mujer sollozó tan fuerte que se dejó caer al suelo de rodillas llorando, sus lágrimas eran de culpa, de un arrepentimiento que no tenía palabras para poder decir algo, porque realmente no lo había. Solté la mano de Einar, quien me sostenía está con fuerza tratando de ser un apoyo para mí y sinceramente lo agradecí con la mirada. Sonreí haciéndole ver que estaba bien, pero por dentro quería gritar, quería llorar, sin embargo, en ese momento no tenía voz, ni fuerza para hacerlo.
—Deje de llorar, no la odio como ya le dije—Ella me miró con los ojos llorosos e hinchados—, pero sinceramente no deseo ser parte de su vida porque eso sería aceptar a la mujer que me repudió dentro de su vientre, además siendo una bruja criada por otra que me enseñó todo lo que sería traicionar el pacto que hicimos cuando empezó a enseñarme magia. Y usted al ser una bruja sabe de eso...
Asintió despacio derrotada. Traicionar el pacto entre una aprendiz y maestra el castigo era la muerte. No podía hacerle eso a mi madre, mi maestra.
—Entiendo, solo quiero que sepas que... tienes a alguien que velará por tu seguridad y bienestar. No busco que tengamos una relación cercana.—
No dije, fui hacia Einar y me tomó la mano con firmeza. Era hora de irnos. Miré a los habitantes y estos simplemente asintieron agradecidos y decididos a tener una vida pacífica y sin complicaciones.
Solo sonreí pensando en por qué Einar había ayudado cuando en realidad él no tenía esa intención, lo había notado en sus ojos, pero no dije nada. Nos fuimos usando magia tras haber ido por nuestra ropa a la cueva secreta por la que llegamos a Ciudad Selene.