Renace en un mundo mágico con una misión, pero ella no dejará la pasión de su primera vida.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Beso
La noticia llegó una mañana gris, cuando Agnes revisaba correspondencia y balances en su oficina.
Ryan habló con cautela, como si temiera romper algo frágil.
—Mi lady… Lady Abby ha puesto la posada en venta. Ya hay interesados.
Agnes cerró los ojos un instante.
No fue sorpresa.
Fue confirmación.
Sintió una mezcla amarga.. tristeza por lo inevitable y alivio por haberlo previsto. Abrió los ojos con la calma de alguien que ya había tomado una decisión mucho antes.
—Que se compre.. En silencio. A nombre de un intermediario. Que Abby no lo sepa.
—¿Y la vigilancia?
—Que continúe.. No bajaremos la guardia ahora.
Ryan no dijo nada mas..
Se acercó despacio, con esa forma suya de ocupar el espacio sin imponerse. Agnes ni siquiera se sobresaltó.. ya se había acostumbrado a sentirlo cerca antes de verlo.
él solo apoyó una mano firme y cálida en la parte baja de su espalda. El gesto fue simple, protector, íntimo sin ser invasivo. Agnes soltó el aire que llevaba conteniendo desde que oyó la noticia.
—Todo saldrá bien.. Usted lo ha hecho todo bien desde el principio.
Agnes giró hacia él sin pensarlo.
Y lo abrazó.
No fue un gesto calculado. Fue necesidad pura. Apoyó la frente contra su pecho, cerró los ojos y suspiró, dejando que el peso de la responsabilidad se aflojara apenas un poco en ese refugio silencioso que Ryan le ofrecía.
Él respondió de inmediato. Rodeó su espalda con ambos brazos, con una firmeza tranquila, como si su cuerpo supiera exactamente cómo sostenerla. No habló. No hizo falta.
Por un momento, Agnes no fue Lady Norhaven.
No fue empresaria.
No fue tutora, ni estratega, ni guardiana de promesas ajenas.
Fue solo una mujer cansada… sostenida por alguien que estaba allí de verdad.
Cuando se separaron, no hubo prisa. Ryan bajó la mirada hacia ella, sus ojos oscuros llenos de algo profundo, sincero.
—No está sola, Agnes.. Nunca lo ha estado… aunque haya tenido que ser fuerte demasiado tiempo.
Agnes alzó la mirada hacia él, todavía envuelta en la calma tibia que le había dejado el abrazo.
—Ryan… ¿Por qué decidió decirme todo eso? ¿Por qué hablar de lo que sientes?
Él no respondió de inmediato.
Se acercó un poco más, lo suficiente para que el espacio entre ambos volviera a cargarse de esa electricidad silenciosa que ya les era familiar. No la tocó esta vez, pero su cercanía era una promesa contenida.
—¿Recuerda la historia que le conté de mi padre?
Agnes asintió despacio.
—La recuerdo.
Ryan inspiró hondo, como si acomodara palabras que llevaban años formándose.
—Cuando crecí… entendí muchas cosas.. Entendí que no fue solo orgullo lo que lo arruinó. Fue el silencio. El no atreverse. El dejar pasar a alguien especial por miedo, por prejuicio… por comodidad.
Sus ojos se clavaron en los de ella.
—Me di cuenta de que, si alguna vez conocía a alguien que realmente importara… no me callaría nada.
Agnes sintió un nudo en el pecho.
—Tal vez esa mujer me rechazaria.. Tal vez no. Pero no podría vivir como él. Años y años pensando qué habría pasado si… viviendo de recuerdos que nunca existieron.
Se permitió una pequeña sonrisa, honesta, vulnerable.
—No quería llegar a viejo cargando dudas. Ni arrepentimientos.
El silencio que siguió fue profundo, pero no incómodo. Agnes lo miraba como si estuviera viendo algo precioso y frágil al mismo tiempo. No era una declaración grandilocuente. Era algo mejor.. una verdad dicha a tiempo.
—Por eso se lo dije.. Porque usted es especial. Y porque, aunque me diga que no… preferiría saberlo ahora, mirándola a los ojos, que pasar la vida preguntándome qué habría sido de nosotros.
Agnes sintió que el corazón se le desbordaba.
Nunca nadie le había hablado así. Sin exigencias. Sin promesas vacías. Sin intentar poseerla. Solo con la valentía de quien decide no huir.
—Ryan… Es usted peligrosamente convincente.
Él soltó una risa baja.
—Lo sé.. Pero solo con usted.
Agnes bajó la mirada un instante, respiró hondo… y cuando volvió a mirarlo, ya no había duda en sus ojos. Solo una emoción luminosa, nueva, que le encendía el rostro.
Se abrazaron otra vez.
No fue un gesto torpe ni apresurado. Fue natural, como si sus cuerpos ya supieran dónde encajar después de tantos días de silencios cargados y miradas contenidas. Agnes apoyó las manos en el pecho de Ryan, sintiendo el latido firme bajo la tela, y él la rodeó con los brazos, acercándola con una decisión que no tenía nada de duda.
Esta vez no hubo excusas.
No hubo vino.
No hubo confusión.
Solo conciencia.
Ryan inclinó el rostro lentamente, dándole el tiempo suficiente para apartarse si quería. Agnes no lo hizo. Al contrario, alzó el mentón apenas, cerrando esa mínima distancia que había entre ellos.
El beso llegó profundo.
No fue tierno ni tímido. Fue intenso, cargado de todo lo que habían retenido. De deseo. De elección. De gusto puro. Sus labios se encontraron con hambre contenida, con una urgencia que no necesitaba prisa. Agnes sintió cómo el mundo se estrechaba hasta reducirse a ese contacto, a la firmeza con la que Ryan la sostenía, a la forma en que él la besaba como si no hubiera mañana… pero sin perder el control.
Ella respondió con la misma pasión.
Sus dedos se aferraron a su camisa, no para atraerlo.. ya estaba allí.. sino para sentirlo real. Presente. Ryan profundizó el beso un poco más, con un gemido bajo apenas contenido, como si también él hubiera estado esperando ese momento desde hacía demasiado tiempo.
Cuando se separaron, fue solo para respirar.
Sus frentes quedaron apoyadas una contra la otra, las respiraciones agitadas, los labios aún demasiado cerca. Agnes tenía el rostro encendido, los ojos brillantes, y una sonrisa que no intentó ocultar.
—Esto… Esto sí lo elijo.
Ryan sonrió, apoyando un beso suave en su frente, tan distinto al anterior, pero igual de cargado de significado.
—Yo también.. Cada parte de esto.
Se quedaron así unos instantes más, abrazados, sabiendo que acababan de cruzar una línea invisible. No hacia el peligro… sino hacia algo mucho más poderoso.
Una pasión nacida no de la impulsividad, sino del deseo consciente de estar juntos.