Jared es el alfa de uno de los clanes de lobos más poderosos del norte. Frío, dominante y fiel a las leyes de la manada, jamás permitiría que el clan rival jugara con su honor… hasta que secuestran a su hermano.
Marlene es la hija olvidada de ese mismo clan. Rechazada desde su nacimiento, nunca ha pertenecido realmente a ningún lugar.
Cuando Jared la toma como rehén para forzar un intercambio, cree tener el control de la situación.
Lo que no espera es que ella no le tema.
Ni que despierte algo que jamás debió sentir por una enemiga.
Entre clanes enfrentados, secretos, lealtades y deseo, descubrirán que algunas guerras no se ganan con colmillos… sino con el corazón.
NovelToon tiene autorización de Viera.L. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
donde siempre sobra alguien
No hubo ninguna palabra de más hacia mí, ¿para qué? Selena salió
corriendo a los brazos del que también era mi padre como si fuese aún esa
niña pequeña de ojos grandes e inocentes. Yo simplemente me adentré en el
territorio por la derecha sin molestarme a ver cómo la escena familiar
pasaba de mí.
Sentí esa vieja presión en el pecho, esa que ya conocía demasiado bien. No hacía falta mirar atrás para saber que nadie me estaba buscando con la mirada. Nadie iba a llamarme para que me uniera al abrazo colectivo. Yo era un detalle incómodo en una historia que preferían contar sin mí.
Me senté en la roca donde me habían secuestrado erróneamente la primera
vez esperando a que todos se metiesen en la casa a celebrar la vuelta de
Selena sana y salva, donde por supuesto no me invitarían. Desde allí podía ver cómo algunos lobos comenzaban a dispersarse, cómo otros reían o se daban palmadas en la espalda. Todo volvía lentamente a la normalidad… excepto yo.
Respiré hondo varias veces, intentando que el nudo de mi garganta no terminara ganando la batalla.
–Marlene. –Mi nombre en los labios de Jared que estaba en ese instante
frente a mí sin nadie más rodeándonos me dio una esperanza que nunca
había albergado.
Levanté la vista despacio. Su presencia era tan sólida como inquietante. Tenía esa forma de estar que llenaba cualquier espacio, aunque no dijera nada. Por un momento pensé que quizá sí, que tal vez había algo más que un simple adiós.
¿Y si decía algo que rompiera el esquema de mi vida? ¿Me volvería dejar
atrapar por ese alfa cautivador de ojos negros?
–Jared…¿Ya te vas? –Fue por desgracia lo más ingenioso que se me ocurrió
a modo de contestación.
Me odié un poco por sonar tan pequeña.
–Sí, ya se ha solucionado todo. –dijo entonces rascándose la nuca. Parecía
algo inquieto; Quizá no le era indiferente. –Sólo quería decirte que…espero
que estés bien. Cuídate, ¿vale? –interrogó a modo de cortesía.
Ahí estaba. Eso era todo.
¿Cuídarme? ¿Estar bien? ¿Esas iban a ser sus grandes palabras de
despedida? Me mordí el interior de la mejilla para no decir nada imprudente. Para no preguntarle si aquella noche había significado algo para él. Para no suplicarle que no se fuera.
No contesté y decidí marcharme de allí antes de que un
manantial de lágrimas absurdas inundasen mi cara.
Caminé sin mirar atrás. Cada paso se sentía pesado, como si el suelo intentara retenerme. Sabía que él no iba a seguirme. Sabía que ese era el final.
La buhardilla estaba tal y como recordaba, sencillamente habían sido dos
días. Me duché y me cambié para estar cómoda ya que seguramente me
pasaría una nueva eternidad sin nada emocionante que contar.
El agua caliente me ayudó a recomponerme un poco. Dejé que corriera por mi espalda mientras apoyaba la frente contra la pared del baño. Cerré los ojos y permití que los recuerdos de la noche anterior se mezclaran con la realidad que me esperaba ahora. Me prometí no llorar. Ya había llorado suficiente en esta casa como para llenar un río.
Me puse ropa amplia y me recogí el cabello sin demasiado cuidado. Miré mi reflejo un instante en el espejo: los ojos cansados, la piel aún sensible, el corazón más vulnerable de lo que me gustaría admitir.
–¿Marlene? –La voz de Magda era para mí como un ángel caído del cielo. –
¿Estás bien? –preguntó entrando en mi cuarto.
Me giré hacia ella agradecida.
Magda era la hermana que había nacido tan solo un año antes que yo,
posiblemente eso era lo que hacía que fuese con la que más relación tenía.
Eso y que ella era una buena persona ante todo. Patrick tenía prohibido
confraternizar conmigo pero Magda siempre lo hacía. Su aspecto era igual
que el de mi madre por lo que había visto en las fotos y quizá era por eso
mismo que mi padre no la reñía de la misma manera.
Verla allí, preocupada de verdad, me aflojó un poco la coraza.
Me conmovió su preocupación y asentí.
–¿Ya habéis cenado? –interrogué al darme cuenta de que nadie me había
servido a mí la cena.
No era que me matasen de hambre allí encerrada o algo por el estilo,
simplemente preferían que el servicio de la casa me llevase los platos a la
habitación para que todo el mundo estuviese seguro de que yo era una hija
rechazada. Aquella rutina ya ni siquiera me sorprendía.
–Oh, eso... Papá quiere que vayas a hablar con él antes de cenar. –susurró
abriendo mucho los ojos.