Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 18: Una Marca que no se puede borrar
—¡Por fin los exámenes finales! —exclamó Karina emocionada.
El tiempo no se detiene; habían pasado seis meses desde el cumpleaños de Mateo. Muchas cosas habían pasado; entre ellas, Alexis se volvió el capitán del equipo de futbol desplazando a Ricardo, que había renunciado y que estaba más concentrado en sus estudios.
El colegio por primera vez había ganado una copa intercolegial; todo parecía que se había acordado mágicamente.
—Hoy es el último día en el colegio, ¿deberíamos hacer algo?, me pregunto, Karina
—Todavía falta la graduación y el baile de despedida, no es como que ya no nos volveremos a ver.
El último día en el colegio, había pasado tantas cosas; en este año, había recibido tantas heridas. Entendí que el mundo no era color de rosa, sino un lugar terrible, donde había que luchar para sobrevivir.
—¿Qué quieres para tu cumpleaños? —me preguntó Alexis.
Ya era verano. Nací en una época del año donde el sol siempre está en la cima del cielo, donde hay pocas nubes y la brisa es cálida, pero yo no soy ese tipo de persona; siento que soy muy fría y que no soy ardiente como el hermoso sol del final de mayo.
—¡Eh!, ¿cuándo es tu cumpleaños?, preguntó Karina.
—Es este fin de semana —le contestó Alexis.
La conversación terminó ahí, tomé mi mochila, di una vuelta por el colegio, incluso fui al lugar en donde casi muero; ya habían terminado de construir, no había señales de los pozos tapados con lonas, pero en mi mente, ese lugar sombrío todavía existe.
—¿Qué haces por aquí? Verdad que de este lugar te sacaron casi moribunda. Ricardo, sí que sabes hacer las cosas bien; él te hizo cosas peores que Beatriz y yo, pero nos destruiste a nosotros y no a él.
Me di la vuelta, Mateo parado frente a mí; su cara era muy lamentable, se notaba en su aspecto que lo estaba pasando muy mal. Ahora él quiere culparme de sus desgracias, y no asumir la responsabilidad de su propia ruina.
—¿Cómo sabes que fue él que me hizo daño? Está tan seguro, entonces, ¿fuiste tú quien me empujó?
—¿Qué?, ¡Yo no hice nada!, pero…
A mis ojos todos son culpables; ¿cómo sabes que fue Ricardo? Es obvio, también participaste, ¿de quién fue la idea?, ¿quién fue el que me empujó?, estoy segura de que no fue solo Ricardo, son todos ustedes, ¿por qué debería perdonar a alguno?
—Tú eres responsable de tu propia ruina; mejor enfócate en superarte en vez de buscar culpables.
No quería perder mi tiempo; ya Mateo no era alguien relevante, ni Beatriz; en el futuro tampoco creo que me los encuentre. Ya tenía todo decidido, quiénes sí y quiénes no. Había entrado a la Universidad de Oxford a estudiar leyes, porque el que hizo la ley hizo la trampa, y en el futuro lucharía con la ley para lograr mis objetivos.
Después de salir del colegio ese día, dejé muchas cosas atrás, entendí que no podía arrastrar resentimientos tan grandes desde temprana edad, decidí buscar solo levantar un muro a mi alrededor y seguir mis nuevas metas y objetivos: ser una gran abogada.
Me fui a Brighton, pasé varios días en mi casa con mis padres y mi hermana, celebré mi cumpleaños número diecisiete con ellos; en esos días hicimos buenos recuerdos, paseamos juntos, jugamos juntos, celebramos juntos; por fin estaba en mi pequeña burbuja donde todo estaba bien, y podía vivir la vida color de rosa que siempre había vivido.
—¿De verdad te tienes que ir mañana? —me preguntó mi madre en tono triste.
—Sí, es la graduación y el baile, no puedo faltar. Después de que eso termine y organice mi entrada a la universidad, volver a pasarme unos días antes de entrar formalmente a la universidad, ¿está bien?
Charlamos toda la noche; le conté muchas cosas a mi madre, otras no, porque no me atrevía a arruinar la felicidad de mi familia; sé muy bien que mi sufrimiento sería motivo de tristeza para mis padres. El tiempo solo volando al otro día, mi padre me llevó a la estación de tren; en el camino hablamos un poco, me dio algunos consejos y me dijo de forma muy seria.
—Si en algún momento quieres dejarlo todo y solo volver a casa, puedes hacerlo; no exijas demasiado. No quiero ser un padre que busca cumplir sueños a través de sus hijas; solo haz lo que te haga feliz, yo estaré aquí para ti.
—Gracias, padre.
Al llegar a Londres, me acomodé en mi habitación; el tío había salido y Alexis tampoco estaba. Había traído un bello vestido azul que mi madre había elegido para mi graduación; ya tenía todo preparado para el día siguiente.
En la noche cenamos juntos; les di a Alexis y al tío regalos que les había traído de Brighton; ellos también me dieron regalos que me habían comprado por mi cumpleaños. Conversamos de muchas cosas, especialmente de las universidades.
—Ese idiota de Ricardo entró en LBS (London Business School); se debe creer la gran cosa porque entró a la mejor universidad de negocios. Por lo menos no lo tengo que ver, ya que mi perfil no es tan alto para entrar en esa universidad; la UCL (University College London) no es tan prestigiosa, pero se adapta a mis metas.
—Ricardo es muy inteligente; si se centra en metas y no en la vida superficial y barata que le enseñó su padre, en el futuro puede ser un gran hombre de negocios, pero todo depende de cómo él elija vivir en el futuro —replicó mi tío.
«A mi tío le gustan las personas inteligentes, por eso Ricardo es de su agrado, y aunque Alexis ha mejorado mucho, tiene metas para el futuro, el tío todavía tiene sus objeciones. Por suerte, Alexis superó eso y decidió vivir para él y no para complacer las altas expectativas de mi tío»
El día siguiente fue muy estresante. Primero fue la graduación en la mañana; el acto duró como tres horas. Muchos estaban felices; otros estaban deseando volver a kínder para no tener que enfrentar la vida adulta, las responsabilidades y demás cosas que trae la vida.
En la graduación, el discurso de despedida lo dio Ricardo, a pesar de que yo era la primera de la clase; sin embargo, a él fue que le dieron ese honor. Yo en realidad no estaba molesta; tenía que admitir que ese idiota tiene el don de la palabra, y que muchos se sintieron inspirados con su discurso. Otros, como Mateo y Beatriz, se morían de rabia; los miré para divertirme en lo que el discurso terminaba.
En la noche fue el baile de despedida; yo fui con Alexis y Karina; estos dos ya eran una pareja e iban para todos los lados juntos. Al principio de la noche, yo toqué el piano, ya que estaba dentro del programa; coronaron a Alexis y a Karina como los reyes del baile; todos estaban felices, bailando y tomando ponche, mientras los profesores vigilaban que nadie se fuera a exceder con la bebida.
Yo salí del salón de baile a dar un paseo por los alrededores. Me sentía un poco abrumada porque todo había pasado muy rápido. El viento cálido me acarició la cara, las estrellas estaban más que brillantes, me senté en un banco debajo de un árbol que se encontraba a pocos metros del salón de baile y me puse a contemplar el cielo.
—Parece que estás aburrida.
Me levanté de donde estaba sentada y encaré a la persona que me había hablado. Ricardo estaba vestido con un traje blanco impecable que hacía contraste con mi vestido azul claro; bajo las pocas luces del lugar se veía muy guapo, y además había adquirido una seguridad y presencia que no tenía antes.
—Solo salí a despejarme la mente, eso es todo.
Él dio un paso hacia mí; yo di dos pasos hacia atrás. No sabía lo que pretendía, pero sentía que no era nada bueno.
—Sabes algo, es posible que no nos volvamos a ver nunca; sin embargo, tengo en mi mente algo que quiero hacer. Quizás no lo sabes, pero las mujeres nunca olvidan sus primeras veces; es como una marca en sus mentes. Yo quiero marcarte.
—¿De qué hablas? —le pregunté confundida.
De repente me agarró de la muñeca, me haló hacia él, tomó mi cara entre sus manos y me besó. Ese era mi primer beso; estaba tan sorprendida que al principio no supe cómo reaccionar. Después lo empujé y le di una bofetada.
Entre risas me dijo.
—Estoy seguro de que he tomado tu primer beso; no importa quién te bese después, este seguirá siendo el primero; ahora nunca me vas a poder olvidar.
Se dio la vuelta y se fue, tarareaba mientras su figura se alejaba; yo me quedé sumida en un sentimiento que me atravesó el corazón. No sabía que era rabia, odio; temblaba, incluso lágrimas se asomaron a mis ojos, porque él tenía razón, en la vida las primeras veces nunca se olvidan.
«Atrapada en el lado oscuro de mi corazón»