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EL PRECIO DE MI LIBERTAD

EL PRECIO DE MI LIBERTAD

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SEBAS M

La vida de Valeria Santoro se desmorona en una sola noche cuando su padre, al borde de la ruina financiera y amenazado por una deuda impagable, toma la decisión más cruel: venderla al hombre más temido y poderoso de la ciudad.
Damián Thorne es un CEO frío, implacable y conocido por destruir todo lo que toca. No cree en el amor, solo en los negocios, y Valeria es el activo que acaba de adquirir. El trato es simple: un matrimonio arreglado por doce meses a cambio de limpiar el nombre de su familia y salvarlos de la bancarrota.
Para el mundo, son la pareja perfecta: él, el magnate exitoso; ella, la esposa elegante y sumisa. Pero tras las puertas cerradas de la mansión Thorne, la realidad es muy distinta. Valeria está decidida a no entregarle su corazón al hombre que la compró, mientras que Damián descubre que ella es la única pieza en su tablero de ajedrez que no puede controlar.

NovelToon tiene autorización de SEBAS M para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El umbral del abismo

La cueva volcánica no era el refugio seguro que habíamos idealizado. A medida que nos adentrábamos en sus entrañas, el aire se volvía denso, saturado de partículas de azufre que nos rascaban la garganta y hacían que cada bocanada fuera una lucha contra la asfixia. La temperatura, sin embargo, era nuestra mejor aliada: el calor geotérmico irradiado por las rocas volcánicas creaba un ruido térmico constante que borraba nuestras firmas biológicas de cualquier sensor satelital. Estábamos en el corazón de la bestia, ocultos a plena vista de quienes nos buscaban desde la estratosfera.

—Si vamos a atacar, no puede ser una guerra abierta —dijo Damián, mientras ajustaba los cables de nuestra rudimentaria antena—. El consorcio tiene recursos ilimitados, pero su soberbia es su mayor vulnerabilidad. Creen que estamos a la defensiva, arrinconados y aterrorizados.

Mientras él trabajaba en la parte técnica, yo exploraba las cámaras internas de la caverna. Descubrí que la cueva tenía una chimenea natural que conectaba con la ladera opuesta del volcán, un respiradero que ofrecía una vista privilegiada de la bahía donde se encontraba el muelle principal de la isla, el único punto de acceso para los suministros de los drones que nos acechaban.

—Damián, ven a ver esto —lo llamé, evitando elevar la voz.

Cuando llegó a la chimenea, observó la escena a través de los binoculares que habíamos rescatado. En la bahía, un pequeño barco logístico estaba descargando contenedores sellados con el emblema de la corporación. Eran unidades de reemplazo para la red de vigilancia.

—Es nuestro momento —susurró él, con una chispa de malicia en los ojos—. Si saboteamos esa red de suministro, los drones se quedarán sin mantenimiento ni baterías. La red de vigilancia se vendrá abajo por su propia obsolescencia en menos de 48 horas.

Pero antes de que pudiéramos siquiera trazar el plan, la naturaleza decidió recordarnos quién gobernaba realmente aquel lugar. Un temblor sordo, tan profundo que sentí cómo mis dientes vibraban, recorrió el suelo de la cueva. El volcán no estaba muerto; estaba durmiendo, y nuestra presencia, junto con el calor inusual de nuestras actividades, parecía haber perturbado su equilibrio. Rocas del techo comenzaron a caer, enviando nubes de polvo y gases volcánicos al interior de nuestro escondite.

—¡Tenemos que salir! —grité, tirando de Damián hacia la salida—. ¡El techo va a colapsar!

La evacuación fue un caos de adrenalina y dolor. Mientras intentábamos descender por la ladera trasera del volcán, el terreno cedió. Damián, cuya herida aún no terminaba de sanar, resbaló por una pendiente de grava volcánica suelta. El ruido de nuestra caída resonó en el valle, y al instante, un dron que patrullaba la zona captó el movimiento.

El silbido característico de un motor eléctrico descendiendo a gran velocidad nos puso en alerta máxima.

—¡Se han dado cuenta! —exclamó Damián, levantándose a duras penas—. ¡Buscan el origen de la perturbación!

Corrimos hacia el bosque denso, donde los árboles de raíces profundas nos ofrecían algo de protección contra la visión aérea. Pero el dron no se conformó con buscarnos; comenzó a lanzar bengalas de iluminación que transformaron la noche en un día artificial, casi cegador. Cada destello nos obligaba a tirarnos al suelo y quedarnos inmóviles.

—Están usando visión artificial para seguir nuestras huellas —dije, observando cómo el dron se cernía sobre el lugar donde habíamos caído minutos antes—. Tenemos que separarnos, Damián. Es la única forma de distraerlo.

—¡No voy a dejarte sola! —respondió él, con una firmeza que me heló el corazón.

—No es una opción. Tú llevas la placa lógica. Si te atrapan a ti, se acabó. Yo soy el señuelo. Me moveré hacia el pantano del sur; tú bordea la costa y llega al barco de suministros. Instala el virus en su sistema de carga. Es la única manera de acabar con esto de raíz.

Él me miró, y en sus ojos vi el conflicto de toda una vida. El Damián Thorne que tomaba decisiones frías se enfrentaba al hombre que finalmente había encontrado algo por lo que valía la pena arriesgarse. Pero no teníamos tiempo para sentimentalismos. Otro dron se acercaba desde el horizonte.

—Hazlo —le ordené, dándole un empujón hacia el sendero de la costa—. Si no lo haces tú, nadie lo hará. ¡Ve!

Sin mirar atrás, corrí en dirección opuesta, hacia el pantano. Mis pulmones ardían por el azufre y el esfuerzo, y el sonido del dron siguiéndome era un zumbido constante y amenazante justo sobre mi cabeza. Me sumergí en el lodo del pantano, cubriéndome con la vegetación húmeda, mientras el haz de luz del dron escaneaba cada metro del suelo a mi alrededor.

Estaba sola, rodeada de oscuridad y peligro, pero por primera vez en años, no me sentía una víctima. Estaba ganando tiempo para que él terminara la misión. Estaba forzando a la tecnología a jugar según mis reglas. Y si el volcán quería despertar, que lo hiciera; mientras yo estuviera ahí, ellos no saldrían indemnes de esta isla.

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deli perez
Me gusta la historia, que días actualizas?
deli perez: Un gusto esperar nuevos capítulos.. Gracias
total 2 replies
deli perez
Excelente historia
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