NovelToon NovelToon
Susurros Del Más Allá.

Susurros Del Más Allá.

Status: En proceso
Genre:Sirena / Terror / Pacto con el demonio / Maldición
Popularitas:582
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En el pueblo costero de Mar Azul, una antigua maldición ha permanecido oculta durante siglos: cada luna llena, una sirena de belleza deslumbrante pero esencia demoníaca emerge de las aguas, trayendo consigo desgracia, locura y muerte. Nadie se atreve a hablar de ella, pero sus susurros llegan a los oídos de quienes tienen el destino marcado. Cuando Lyssa, una joven con la capacidad de escuchar voces del más allá, llega al pueblo para investigar la desaparición de su madre, se cruza con Christhian, un hombre atormentado por un pasado oscuro y un vínculo inevitable con la criatura marina. Entre ellos nace una atracción peligrosa, mezcla de amor y odio, pasión y recelo. Pero la sirena no está dispuesta a compartir lo que considera suyo: es posesiva, cruel y ha tejido una red de hechizos que atrapa a quienes se acercan a lo que ella reclama. Lo que empieza como una investigación se convierte en una lucha por la supervivencia y el alma. La maldición no es solo una leyenda.

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Choque de voluntades.

El aire en Mar Azul parecía haberse vuelto más denso, cargado de una electricidad invisible que hacía que la piel se erizara con solo respirarlo. Lyssa bajó las escaleras de la posada con la caja de documentos oculta bajo el brazo, apretándola contra su cuerpo como si fuera el único escudo que tenía contra todo lo que estaba descubriendo. Su mente daba vueltas entre las palabras escritas hacía siglos, la culpa de su familia y la verdad aterradora que ahora entendía: ella y Christhian no eran dos extraños unidos por casualidad, sino piezas obligadas de un mismo juego macabro.

Necesitaba verlo. Necesitaba enfrentarlo, decirle que ya sabía la verdad, que entendía por qué él actuaba como actuaba, por qué la advertía y por qué, a pesar de todo, parecía incapaz de alejarse del todo. Pero al mismo tiempo, una parte de ella temía ese encuentro. Porque las notas de su madre no solo hablaban de lazos de sangre o magia antigua; hablaban de sentimientos, de esa mezcla explosiva de amor y odio que la sirena alimentaba con placer. Y Lyssa podía sentirlo ya, creciendo en su pecho, confuso y doloroso.

Salió a la calle y, como si el destino o la propia maldición se encargaran de juntarlos, lo vio allí mismo, recostado contra el muro de piedra que rodeaba la pequeña plaza. Christhian miraba hacia el mar, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta oscura, la postura tensa y rígida, como si estuviera luchando contra algo que solo él podía sentir. Su perfil, marcado y melancólico, le provocó a Lyssa esa extraña sensación de familiaridad, como si hubiera conocido esa cara toda su vida, aunque fuera la segunda vez que hablaban.

Al escuchar sus pasos, él giró la cabeza lentamente. Sus ojos oscuros se encontraron con los de ella, y en ese instante, el tiempo pareció detenerse. Lyssa sintió un golpe fuerte en el pecho, una atracción magnética que la empujaba a caminar hacia él, a tocarlo, a pedirle que le explicara todo lo que aún no entendía. Pero al mismo tiempo, una ola de rechazo y rabia la invadió: rabia porque él era parte de esa condena, rabia porque pertenecía a esa criatura que tenía a su madre, rabia porque, aunque estuviera allí parado, no era libre.

Christhian se enderezó, y su mirada se endureció, aunque Lyssa pudo ver, muy en el fondo, ese brillo de dolor constante que siempre lo acompañaba.

—No aprendes, ¿verdad? —dijo él, con esa voz grave que parecía acariciar y cortar al mismo tiempo—. Te dije que te fueras. Te dije que te mantuvieras lejos de todo esto. Y aquí sigues, metiéndote más y más en la trampa.

Lyssa se detuvo a pocos pasos de él, apretando los dientes. No iba a dejar que él volviera a tratarla como a una niña ingenua que no entendía el peligro.

—Ya no soy la forastera que llegó ayer sin saber nada, Christhian —respondió ella, con voz firme, sosteniéndole la mirada sin parpadear—. He leído los papeles. He visto la historia. Sé quién fue mi antepasada. Sé lo que hizo. Y sé lo que significa esa marca que llevo en la muñeca… la misma que tú llevas, aunque te empeñes en ocultarla.

Vio cómo la mandíbula de él se tensaba al escucharla. Sus ojos oscuros parpadearon, sorprendidos, y luego se llenaron de una rabia oscura, dirigida no hacia ella, sino hacia todo lo que los rodeaba. Dio un paso hacia ella, acortando la distancia, y Lyssa tuvo que hacer un esfuerzo inmenso para no retroceder ni dar un paso hacia él. El aire entre ellos vibró, cargado de esa tensión que no sabían si era deseo o guerra.

—¿Y qué crees que sabes? —siseó él, inclinándose hacia ella, invadiendo su espacio personal, haciendo que el olor a mar y sal, su olor, la envolviera por completo—. ¿Crees que saber el nombre de quienes empezaron esto cambia algo? ¿Crees que saber que estamos atados te da algún poder? Solo te hace más consciente de tu desgracia, Lyssa. Solo te hace entender que no tienes salida, igual que yo no la tengo.

—¡Podemos tenerla! —exclamó ella, levantando la voz, sintiendo cómo las emociones se le desbordaban—. ¡Mi familia creó esto, Christhian! Quizás también tenga la forma de deshacerlo. Pero no lo lograré si tú sigues escondiéndote en tu dolor y dejando que esa… esa cosa te tenga como a un perro atado a su orilla.

Christhian soltó una risa amarga, dura y cortante. Se apartó de golpe, dándose la vuelta, como si estar cerca de ella le causara dolor físico. Pero al instante, volvió a girarse, y sus ojos brillaban con una mezcla aterradora de furia y algo que parecía desesperación.

—¡No sabes lo que dices! —le gritó, bajando la voz al darse cuenta de que podían ser escuchados, pero con la intensidad intacta—. ¡No tienes ni idea de lo que es vivir con ella dentro de tu cabeza, con su voz diciéndote lo que debes hacer cada segundo, con su presencia sintiéndose en tu propia piel! ¡Yo no me escondo, yo sobrevivo! Y tú… —se acercó de nuevo, más cerca que antes, hasta que sus rostros estuvieron a solo unos centímetros— tú eres la peor cosa que podía pasarme.

Lyssa sintió el aire faltarle. La intensidad de su mirada la quemaba, la desnudaba.

—¿Por qué? —susurró ella, temblando, mitad por miedo, mitad por esa atracción que crecía más fuerte cuanto más él parecía rechazarla—. ¿Por qué soy lo peor? ¿Porque soy la única que podría ayudarte? ¿Porque soy la única que no te ve como algo que pertenece al mar?

Christhian cerró los ojos un instante, tragando con dificultad, y cuando los abrió, había en ellos una lucha salvaje, una batalla entre lo que quería y lo que sabía que debía hacer. Levantó una mano, como si fuera a tocarle el rostro, y Lyssa se quedó inmóvil, esperando ese contacto con un ansia que la avergonzaba. Pero él detuvo la mano a milímetros de su piel, y la apartó de golpe, como si quemara.

—Porque ella lo sabe —susurró él, con voz rota—. Ella sabe que entre tú y yo hay algo que no puede controlar del todo. Algo que va más allá de su maldición. Ella ve cómo me acerco a ti, aunque quiera alejarme. Ve cómo te busco con la mirada, aunque me duela hacerlo. Y eso… eso es lo que más le gusta. Porque ella se alimenta de esto, Lyssa. Se alimenta de que tú me odies y al mismo tiempo quieras saber de mí. Se alimenta de que yo quiera protegerte y al mismo tiempo desee que te vayas para que no sufras lo que yo sufro.

La miró fijamente, y en sus ojos, el rechazo y la atracción chocaban abiertamente.

—Te odio por haber venido —dijo con dureza, pero su voz se quebraba—. Te odio porque ahora tengo un motivo más por el que sufrir. Y te odio… —se detuvo, y sus labios se apretaron con fuerza, como si estuviera luchando contra decirlo— te odio porque, desde que llegaste, todo lo demás en este maldito pueblo ha dejado de importarme.

Lyssa sintió esas palabras golpearla con la fuerza de una ola. El odio que él decía sentir, no era más que el reverso de otra cosa, algo mucho más peligroso y mucho más hermoso. Y ella sabía, en ese momento, que sentía exactamente lo mismo. Lo quería lejos, lo quería cerca. Lo culpaba de todo, y al mismo tiempo, habría dado cualquier cosa por abrazarlo y quitarle todo ese dolor que cargaba.

—Pues yo no te odio —respondió ella, con voz suave pero firme, acercándose un poco más, desafiando su distancia—. Y no me iré. Porque lo que hay entre nosotros, sea lo que sea, sea culpa de quién sea… es lo único que puede romper lo que nos ata. Y ella lo sabe. Por eso te tiene tan atemorizado. Por eso me mira con tanta rabia desde el agua.

Christhian la miró, y por un segundo, la dureza se desvaneció de su rostro, dejando ver solo al hombre herido que había debajo. Sus dedos rozaron accidentalmente la mano de ella, y ambos dieron un respingo, como si una corriente eléctrica los hubiera atravesado. Fue un roce breve, casi invisible, pero en ese contacto, Lyssa sintió todo: su dolor, su soledad, su deseo, y la condena pesada que compartían.

—Ten cuidado, Lyssa —murmuró él, retrocediendo rápidamente y rompiendo el contacto bruscamente, como si se quemara—. Cuanto más nos acercamos, más fuerte se hace ella. Cuanto más sentimos, más poder le damos. Esto que hay entre nosotros… no es amor. Es una trampa. Y tú y yo estamos corriendo directo hacia el centro de la red.

—Entonces corre conmigo hacia fuera —retó ella, con los ojos brillantes de determinación.

Christhian no respondió. Solo la miró una última vez, con esa mezcla confusa de atracción y rechazo, de amor y odio, que ya estaba grabada en el vínculo que compartían. Luego, se dio la vuelta y caminó deprisa hacia las sombras, alejándose de nuevo, dejándola sola, con el corazón latiendo desbocado y la certeza absoluta de que esa tensión entre ellos no haría más que crecer… hasta romperse o destruirlos a ambos.

Y en el silencio que él dejó tras de sí, Lyssa escuchó de nuevo los susurros, esta vez cargados de una alegría maligna y triunfal:

«Ya está hecho… El lazo aprieta… El odio se mezcla con el deseo… Ella disfruta el espectáculo… Pronto seréis solo uno… y ambos seréis míos.»

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play