A los 19 años, un joven conoce a una empresaria multimillonaria que quedó viuda hace muchos años. Ella ha dedicado todo su tiempo a criar a su hijo del y a dirigir su empresa, convencida de que el amor quedó atrás
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LOS RUMORES LLEGAN A LA UNIBERSIDAD
Habían pasado varios días desde que Adán descubrió la relación entre su madre y Alejandro.
Aunque los tres procuraban ser discretos, era imposible ocultar la verdad para siempre.
Algunas personas de la empresa ya comenzaban a sospechar, y tarde o temprano la noticia terminaría llegando a otros lugares.
Aquella mañana, Alejandro y Adán caminaban por el campus rumbo a la Facultad de Derecho.
—¿Estudiaste para el examen de Derecho Constitucional? —preguntó Adán.
Alejandro sonrió.
—Hasta las dos de la mañana.
—Entonces seguro sacarás una mejor nota que yo.
Ambos rieron.
Sin embargo, mientras caminaban, varios estudiantes comenzaron a mirarlos y a susurrar entre ellos.
Alejandro no les dio importancia.
Pensó que solo hablaban del examen.
Pero no era así.
En uno de los jardines, un grupo de jóvenes observaba discretamente a Alejandro.
—Es él.
—¿El novio de la empresaria?
—Sí.
—Dicen que sale con la mujer más rica del país.
—Con razón ahora llega en motocicleta nueva.
Otro soltó una risa burlona.
—Encontró a su "sugar mommy".
Varios comenzaron a reír.
Adán alcanzó a escuchar el comentario.
Frunció el ceño de inmediato.
Miró a Alejandro.
Él también lo había escuchado.
Pero siguió caminando como si nada hubiera ocurrido.
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Después de terminar la primera clase, Alejandro salió al pasillo para guardar unos libros en su casillero.
Un compañero llamado Diego se acercó con una sonrisa burlona.
—Oye, Alejandro.
Él levantó la vista.
—¿Sí?
—Así que al final era cierto.
—¿Qué cosa?
—Que andas con la CEO más rica del país.
Alejandro permaneció tranquilo.
—Mi vida privada no debería ser un tema de conversación.
Diego soltó una carcajada.
—Vamos...
No seas tan serio.
Solo queremos saber cómo se siente tener una sugar mommy.
Varios estudiantes comenzaron a reír.
Otro añadió:
—Ya entendimos cómo conseguiste una beca.
—Y también esa motocicleta.
—Qué suerte tienen algunos.
Alejandro respiró profundamente.
Sabía que, si respondía con enojo, solo empeoraría las cosas.
Con serenidad, contestó:
—Están equivocados.
Diego cruzó los brazos.
—¿Ah, sí?
—Sí.
La beca la obtuve por mis calificaciones y por presentar el examen de admisión.
La motocicleta fue un regalo de cumpleaños.
Y mi relación con Andrea comenzó mucho tiempo después.
Uno de los estudiantes sonrió con ironía.
—Claro...
Y nosotros debemos creer eso.
Las risas volvieron a escucharse.
En ese momento apareció Adán.
Había visto todo desde el otro extremo del pasillo.
Se acercó con paso firme.
—¿Hay algún problema?
Los estudiantes guardaron silencio por unos segundos.
Diego sonrió.
—Solo estamos hablando con tu amigo.
Adán miró a Alejandro.
Después volvió la vista hacia el grupo.
—Pues ya terminaron.
Diego soltó una risa.
—¿Te molesta que digamos la verdad?
Adán respondió con tranquilidad.
—Lo que me molesta es que hablen de alguien sin conocerlo.
Diego arqueó una ceja.
—¿Entonces no está con tu mamá por dinero?
Adán dio un paso al frente.
Su expresión seguía siendo serena.
—Escúchenme bien.
Cuando Alejandro conoció a mi mamá, era repartidor.
Pudo haber pedido cualquier favor.
Pudo haber aprovechado la situación.
¿Y saben qué hizo?
Se negó incluso a aceptar un desayuno porque no quería incomodar a nadie.
Los estudiantes comenzaron a escucharlo con atención.
Adán continuó.
—Trabaja desde muy joven para cuidar de su abuela y de su hermanita.
Nunca ha dejado de estudiar.
Nunca ha pedido privilegios.
Y jamás ha usado el nombre de mi madre para conseguir algo.
Si creen que está con ella por dinero...
Entonces no saben absolutamente nada sobre él.
El pasillo quedó completamente en silencio.
Alejandro observó a Adán con sorpresa.
No esperaba que lo defendiera de aquella manera.
Diego intentó responder.
—Pero...
Adán lo interrumpió.
—Y otra cosa.
Si mi mamá está con Alejandro...
Es porque ella lo eligió.
No porque él la buscara por interés.
Así que dejen de faltarle al respeto a los dos.
Nadie dijo una palabra.
Diego bajó ligeramente la mirada.
No tenía cómo responder.
Después de unos segundos, él y los demás comenzaron a alejarse.
Cuando desaparecieron por el pasillo, Alejandro dejó escapar un suspiro.
—Gracias.
Adán sonrió.
—No tienes que agradecerme.
Solo dije la verdad.
Alejandro bajó la mirada.
—Aun así... duele que piensen eso.
Adán colocó una mano sobre su hombro.
—La gente siempre hablará.
Si hubieras seguido siendo repartidor, también habrían encontrado algo para criticar.
Lo importante es que nosotros sabemos la verdad.
Alejandro sonrió con gratitud.
—Tienes razón.
En ese momento sonó la campana anunciando la siguiente clase.
Ambos comenzaron a caminar hacia el aula.
Mientras avanzaban por el pasillo, muchos estudiantes los observaban en silencio.
Algunos seguían creyendo los rumores.
Otros, después de escuchar las palabras de Adán, comenzaron a cuestionarse si realmente habían juzgado a Alejandro sin conocer toda la historia.
Y aunque los comentarios no desaparecerían de un día para otro, Alejandro tomó una decisión.
No permitiría que las críticas cambiaran la persona que era.
Seguiría esforzándose, estudiando y trabajando con la misma honestidad que lo había llevado hasta allí, porque sabía que el tiempo terminaría demostrando que el amor que sentía por Andrea nunca había tenido precio.