Mi vida era un infierno hasta que llego él, a poner mi mundo de cabeza y lo que comenzó como un juego, el destino se encargaría de mostrarnos el lado verdadero del amor.
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11.- Mesera.
Al levantarme aún me atormentaba el beso de anoche, me arreglé y salí de mi habitación para darme cuenta de que la casa estaba silenciosa y sin rastro de Ilan.
Desayune algo ligero y subí al ascensor al salir estaba Allen junto a otros hombres, me acerque a él.
— Allen me podrás llevar al centro de la ciudad— él negó con su rostro apenado.
— lo siento señorita, por órdenes del señor Lam, no pue...— lo interrumpí asistiendo.
— está bien, no hay problema Allen, gracias— camine hasta la orilla.
Pero para mi mala suerte no pasaban taxis, camine dos calles o más bien hasta salir del circuito lujoso e hice la parada a uno, al subir me di cuenta de que era él mismo señor de la vez pasada.
— buenos días, ¿me recuerda?— me pregunto el señor y yo solo asentí.
— claro y por cierto, a donde me llevó aquella noche, la comida era muy deliciosa— asintió sonriendo.
— me alegra que le haya gustado, ¿a dónde la llevo?— suspire profundo.
— no lo sé, ¿usted conoce algún trabajo de medio tiempo?— él asintió girando a verme.
— si, pero no creo que sean para usted señorita— asentí insistentemente para qué continuará— hay dos lugares donde solicitan meseras.
— ¿puede llevarme?— arrugó un poco la nariz, pero al final acepto.
Puso en marcha el auto llevándome al primer lugar, al bajarme entre al restaurante donde me atendió el gerente, pero solo al decir mi nombre me dijo rotundamente que no, sin decirme el porqué, salí de ese lugar hasta subir de nuevo al taxi.
— ¿cómo le fue?— negué, él de inmediato entendió y volvió a poner en marcha el auto— ya verá que en la cafetería sí.
— ojalá — él solo asintió sin dejar de ver la carretera.
De nuevo detuvo el auto frente a una pequeña cafetería, baje con nervios hasta que entre una mesera me recibió y pedí hablar con el gerente.
— tardo un poco, pero lo vi acercándose a mí— buenos días, solicito ver al gerente, ¿qué necesita?.
— estoy buscando trabajo y me comentaron que aquí están solicitando— él asintió muy sonriente.
— claro, venga conmigo— asentí caminando tras de él hasta llegar a una oficina.— bueno el empleo es atender las mesas, el sueldo no es mucho, pero es un poco arriba de lo establecido por la ley, son dos turnos en la mañana sería de ocho a dos y media y por la tarde de tres a ocho y media, usted puede elegir el horario que más le convenga.
— creo que estaría bien por la tarde— él asintió sacando una carpeta del cajón.
— en esta hoja por favor anota tu nombre completo, dirección y número telefónico.— asentí tomando la hoja junto al bolígrafo.
Escribí mis datos y al dársela se quedó viéndola por un segundo, volteó a verme y solo negó.
— ¿sucede algo?— asintió levantándose.
— lo siento señorita, pero no puedo emplearla— abrí mis ojos de sorpresa.
— ¿por qué no?, dígame por qué— suspiro.
— es por precaución señorita— entrecerré mis ojos entendiendo quien era la maldita precaución.
Ya estaba cansada y harta de esta gran estupidez, que aún su sombra me opacara y hasta me aplastara sin estar él, en el país.
— sabe, es tan difícil vivir al lado de alguien que siempre te menosprecia y te humilla, y ahora que tengo una sola oportunidad de poder trabajar y sentirme útil, el imbécil que tengo por marido me pone todas las trabas del mundo para seguir dependiendo de él— le grité con tanto enojo y frustración.
— calmase por favor señorita— lo vi tomar la hoja y solo firmo— firme aquí, bienvenida a nuestro equipo.
— sonreí con mucha alegría, firme sin demorar hasta abrazarlo— gracias, no sabe la gran ayuda que me ha brindado.
— mi nombre es Damián y seré tu jefe, así que mañana empiezas en tu horario de la tarde, ¿perfecto?.
— más que perfecto, mil gracias y una disculpa por mi efusividad, permiso— él asintió y solo salí de la oficina.
Con una sonrisa enorme, salí de la cafetería y ahí estaba el señor esperándome, al subir volteó a verme.
— ¿dígame que la contrataron?— asentí volviendo a sonreír— yo sabía que lo conseguiría.
Y después de haber conseguido trabajo gracias al señor Gadiel regresé al departamento bajo la mirada de los escoltas al subir el ascensor, me volvía a la mente el beso, cuando se abrieron las puertas el departamento estaba en silencio total.
No sabía dónde estaba Ilan y tampoco entendía por qué ninguno de los escoltas quiso darme razón de él, así que ese día fue de total aburrimiento hasta que llego la noche y con ella los recuerdos de todo.
De cada uno de mis hermanos, ¿estarán bien?, ¿se acordarán de mi?, y como cereza del pastel a mi mente venía el nombre de Ilan junto a su imagen, me giré demasiadas veces hasta que comencé a conciliar el sueño tan añorado por mi y cuando estaba a punto de dormirme un ruido se escuchó en la planta baja.
Me alarme, pero a la vez me llene de terror al saber que estaba sola, tome el valor de no sé donde y baje las escaleras prendiendo las luces, para darme cuenta de que no había nadie, mis nervios estaban a flor de piel hasta que llegue a la pequeña barra y sobre ella estaba una hoja donde solo decía.
...Te seguiré protegiendo aunque no esté a tu lado...
Y solo con escribir eso sabía de quién se trataba, sonreí por un segundo, regresé a mi habitación acostándome en la cama y de inmediato me quede dormida.
La parte del día, termine una tarea pendiente, me aliste, desayune y mientras llega la hora de irme, me senté en el mismo balcón donde había ocurrido el beso hace días,, por inercia toque mis labios y al revivir ese momento me sonroje.
Disipe un poco mis pensamientos y al ver la hora ya faltaba poco para entrar a mi primer día de trabajo, subí al ascensor y al salir del edificio todos me veían sin razón.
Seguí caminando dándome cuenta de que el señor Gadiel estaba esperándome, con una sonrisa subí al auto y lo saludé.
— sabía que necesitaría transporte — asentí posando mi mano en su hombro.
— gracias señor Gadiel — solo sonrió y comenzó a manejar hasta la cafetería.
Al llegar le agradecí por su atención y él me dijo antes de bajar que regresaría por mi, para llevarme con bien a casa.
Camine hasta entrar a la cafetería, pase el mostrador y en la parte de atrás me esperaba mi jefe con mi uniforme, de inmediato me cambié en el pequeño vestidor y salí.
Me dieron un resumen detallado de lo que tenía que hacer e inicie mi día laboral con mucho entusiasmo atendiendo a cada cliente con una sonrisa en mis labios, solo espero que cuando el monstruo regrese no meta en problemas al señor Damián y su cafetería solo por haberme dado trabajo.
🫂🙏🏻🙌🏻
🥹🥲🥹🥲