Renace en un mundo mágico, en un matrimonio sin amor, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Escandalo 2
Días después, la mansión Lewis volvió a recibir visitas indeseadas.
Pero esta vez no fue Claud.
Fue peor.
Un carruaje elegante, se detuvo frente a la entrada principal poco después del mediodía. El mayordomo entró al despacho con gesto tenso.
—Mi lady… los padres de Lord Opathi solicitan verla.
Helen cerró los ojos un segundo.
[Por supuesto que no se rendirían.]
—Hazlos pasar al salón… Yo bajaré enseguida.
Dylan, que revisaba unos documentos a su lado, levantó la vista.
—No tienes por qué recibirlos.
—Son ancianos.. No voy a echarlos como a su hijo… todavía.
Lord y Lady Opathi estaban sentados rígidamente cuando Helen entró.
Él, un hombre de bigote canoso y espalda recta, apoyado en un bastón más por orgullo que por necesidad.
Ella, una mujer huesuda, con un vestido oscuro y mirada fría, aferrando un pañuelo como si ya hubiera ensayado sus lágrimas.
Al verla, Lady Opathi se levantó de inmediato.
—Helen, querida… Gracias por recibirnos.
Helen inclinó apenas la cabeza.
—¿En qué puedo ayudarlos?
Lord Opathi carraspeó.
—Hemos venido por nuestro pobre hijo… Está destrozado. Arrepentido. No come, no duerme…
Lady Opathi asintió con dramatismo.
—Llora todas las noches por ti… Cometió errores, sí, pero ¿qué hombre joven no lo hace?
Helen permaneció de pie.
—Lo que hizo no fueron errores… Fueron decisiones.
Lady Opathi frunció el ceño.
—Helen… tú eras su esposa… Como buena esposa deberías perdonar.
Lord Opathi dio un paso al frente.
—Un matrimonio no se rompe por caprichos… Además… cuando tengan un hijo, todo se solucionará. Los hijos unen.
El estómago de Helen se contrajo.
[¿Un hijo? ¿Con ese hombre?]
—Eso no va a ocurrir… Toda relación con Claud terminó. Legal y definitivamente.
El ambiente cambió.
Lady Opathi dejó caer la máscara de falsa dulzura.
—¿Y quién te crees que eres para hablar así?
Lord Opathi golpeó el suelo con el bastón.
—Eres solo una huérfana con dinero… Sin un hombre no serás nada. Una mujer sola siempre acaba perdiéndolo todo.
Helen apretó los dientes.
[No. No voy a permitir esto.]
Iba a responder.
Iba a decirles exactamente lo que pensaba de su hijo, de su familia, de su arrogancia.
Pero Dylan dio un paso adelante antes que ella.
Su voz fue tranquila. Fría. Autoritaria.
—Esto se terminó.
Los ancianos lo miraron, sorprendidos.
—Guardias… Escolten a los señores Opathi fuera de la propiedad.
Dos guardias entraron de inmediato.
—¡¿Cómo se atreve?! ¡No pueden echarnos así!
Lord Opathi alzó el bastón furioso.
—¡Esto es un insulto! ¡Nuestro hijo es el legítimo esposo de esa mujer!
Dylan no se movió.
—No lo es… Y si vuelven a pisar esta mansión sin invitación, serán arrestados por acoso.
Los guardias tomaron a cada uno por un brazo.
Lady Opathi empezó a chillar.
—¡Ingrata! ¡Bruja sin familia! ¡Te vas a quedar sola y arruinada!
Lord Opathi gritaba mientras lo arrastraban.
—¡Esto no se queda así, Helen Lewis! ¡Te arrepentirás de haber humillado a los Opathi!
La puerta principal se cerró con un golpe seco.
Afuera, todavía se oían gritos apagados, protestas, insultos.
Pero dentro…
Silencio.
Helen se dejó caer lentamente en una silla.
Sus manos temblaban.
No de miedo.
De rabia contenida.
—Lo siento… No debería haberlos recibido.
Dylan negó con la cabeza.
—Hiciste lo correcto… Y ahora ya viste exactamente de dónde salió Claud.
Helen soltó una risa amarga.
—Sí. De un nido de víboras.
Miró hacia la puerta cerrada.
[Huérfana con dinero… sin un hombre no seré nada.]
Sus labios se curvaron en una sonrisa peligrosa.
—Se equivocan… Voy a ser más que nunca.
Dylan la observó en silencio.
Y en ese momento supo algo con absoluta certeza..
Los Opathi no habían venido a intimidar a una mujer rota.
Habían venido a provocar a una mujer que ya no tenía nada que perder.
Y eso… era mucho más peligroso para ellos.
Aun después de que los gritos de los Opathi se perdieron en la distancia y la mansión recuperó su calma aparente, Dylan no logró sacarse una inquietud del pecho.
Observó a Helen mientras ella retomaba algunos papeles del escritorio, fingiendo normalidad, como si nada la hubiera afectado. Pero él había visto el temblor leve en sus manos. Había escuchado la crueldad en las palabras de los ancianos. Y, sobre todo, conocía demasiado bien el tipo de familia con la que estaban lidiando.
Dylan cerró la carpeta que tenía entre las manos.
—Helen.. necesito decirte algo.
Ella levantó la vista.
—¿Qué pasa?
Él respiró hondo.
—Esto ya no es solo Claud. Ahora es toda su familia. Y son del tipo que no acepta perder.
Helen frunció el ceño.
—¿Crees que intentarán algo más?
—Sí… No mañana. Tal vez no pasado mañana. Pero lo harán.
Ella guardó silencio unos segundos.
—Entonces dime qué propones.
Dylan apoyó ambas manos en el respaldo de una silla.
—En el reino de Mercia hay un hombre que dirige un negocio de seguridad privada… No son soldados comunes. Son discretos, eficientes y saben proteger sin hacer ruido.
Helen ladeó la cabeza, interesada.
—¿Mercia…? ¿No es donde operan muchas casas comerciales extranjeras?
—Exacto.. Por eso su gente está acostumbrada a proteger sus negocios..
Ella reflexionó un instante.
—¿Son confiables?
—Absolutamente… He trabajado con ellos indirectamente en dos ocasiones. Nunca fallaron.
Helen se cruzó de brazos.
—¿Y quién está al mando?
—Un noble menor, pero con mucho poder real… Lord Bristol.
El nombre sonó serio. Pesado.
Helen lo pensó apenas unos segundos.
—Hazte cargo… No quiero volver a sentir que cualquiera puede entrar a esta mansión a insultarme.
Dylan inclinó la cabeza.
—Me encargaré personalmente.
Sacó una hoja en blanco y empezó a escribir con rapidez.
—Le escribiré hoy mismo a Lord Bristol… Le pediré que envíe a su personal más discreto. Gente que no se note, pero que esté siempre cerca.
Helen lo miró con un gesto agradecido.
—Gracias, Dylan. De verdad.
Él levantó la vista.
—No voy a permitir que nadie vuelva a tocarte ni a intimidarte.. Ni Claud.. Ni sus padres.. Ni nadie.
Helen sintió un nudo extraño en el pecho.
No de miedo.
De algo mucho más cálido.
Asintió lentamente.
—Entonces estamos de acuerdo.. Quiero seguridad.. Y quiero paz.
Dylan dobló la carta, la selló con el emblema Lewis y tocó la campanilla para que un mensajero la llevara de inmediato.
Mientras la cera aún estaba caliente, pensó una sola cosa..
[Si los Opathi dan un solo paso más… no solo se encontrarán con una mujer fuerte.]
Se encontrarán con un muro.