Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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Reglas del juego
A la mañana siguiente, Alessia despertó con una sensación incómoda.
No era cansancio.
Era la sensación de que algo había cambiado.
Su compromiso con Thiago Castellani ya no era solo un anuncio público.
Ahora era una realidad que empezaba a afectar cada parte de su vida.
Cuando bajó al comedor, encontró a su padre leyendo unos documentos mientras tomaba café.
—Buenos días —dijo Alessia.
—Dormiste poco.
No era una pregunta.
—Tú tampoco.
Vittorio dejó los papeles sobre la mesa.
—Hoy tendrás tu primera reunión como futura Castellani.
Alessia se detuvo.
—No soy una Castellani.
—Aún no —corrigió su padre—. Pero la prensa ya lo cree.
Alessia suspiró.
—¿Con quién es la reunión?
—Con Thiago.
Eso no la sorprendió demasiado.
—¿Dónde?
—En las oficinas de los Castellani.
Alessia levantó una ceja.
—¿Quieres que vaya a su territorio?
—Quiero que ambos empiecen a trabajar juntos.
—Esto se suponía que era solo un acuerdo político.
—Lo es.
—Entonces ¿por qué parece una fusión empresarial?
Vittorio la miró con calma.
—Porque lo es.
Una hora después, el coche de Alessia se detuvo frente al edificio de los Castellani.
El rascacielos de vidrio dominaba varias cuadras del distrito financiero.
Elegante.
Frío.
Poderoso.
Muy Castellani.
Cuando entró al vestíbulo, varios empleados levantaron la mirada.
Algunos parecían curiosos.
Otros… nerviosos.
La noticia del compromiso ya se había esparcido.
Una recepcionista se levantó inmediatamente.
—Señorita Ferrer, el señor Castellani la está esperando.
—Lo imaginé.
—Último piso.
El ascensor subió en silencio.
Cuando las puertas se abrieron, Alessia encontró a Thiago de pie cerca de una gran ventana con vista a la ciudad.
Parecía completamente relajado.
—Llegas puntual —dijo sin girarse.
—No me gusta hacer esperar a la gente.
—Eso es raro en alguien de tu familia.
Alessia caminó hacia el centro de la oficina.
—Mi padre dijo que querías hablar.
Thiago finalmente se giró.
—Sí.
—¿Sobre qué?
—Sobre las reglas.
Alessia cruzó los brazos.
—Pensé que ya las habíamos establecido.
—No todas.
Thiago tomó una carpeta de su escritorio y la dejó sobre la mesa frente a ella.
—Quiero que veas algo.
Alessia abrió la carpeta.
Dentro había varios documentos.
Contratos.
Registros financieros.
Transferencias bancarias.
Su expresión cambió ligeramente.
—¿Qué es esto?
—Los últimos movimientos de dinero que hizo tu hermano antes de morir.
El corazón de Alessia se tensó.
—¿Cómo conseguiste esto?
—Tengo buenos analistas.
Ella revisó algunas páginas más.
—Hay millones aquí.
—Exactamente.
—¿En qué estaba trabajando Gabriel?
Thiago caminó lentamente alrededor de la mesa.
—Eso es lo que intento averiguar.
—¿Y por qué me lo muestras?
Thiago se detuvo frente a ella.
—Porque ahora somos socios.
Alessia levantó la mirada.
—Socios forzados.
—Aun así socios.
Ella cerró la carpeta lentamente.
—¿Qué crees que estaba haciendo?
Thiago apoyó las manos sobre la mesa.
—Creo que estaba comprando algo.
—¿Qué cosa?
—Poder.
El silencio cayó entre ellos.
Alessia volvió a abrir la carpeta.
—Estas transferencias… no van a empresas.
—No.
—Van a personas.
—Exactamente.
—¿Quiénes son?
Thiago señaló uno de los nombres.
—Ese es el primero que me interesa.
Alessia leyó el nombre.
Y su expresión se endureció.
—Matteo Rinaldi.
Thiago asintió.
—Tu hermano le pagó mucho dinero en los meses antes de morir.
Alessia levantó la mirada.
—Rinaldi dijo que perdió dinero cuando Gabriel murió.
—Tal vez no dijo toda la verdad.
—O tal vez tú tampoco.
Thiago sonrió ligeramente.
—Eso también es posible.
Alessia cerró la carpeta con firmeza.
—Entonces vayamos a preguntarle.
Thiago parecía divertido.
—Directa como siempre.
—No tengo paciencia para juegos.
—Deberías empezar a tenerla.
—¿Por qué?
Thiago se acercó un poco más.
Su voz bajó.
—Porque alguien que mueve millones en secreto… no suele trabajar solo.
Alessia sostuvo su mirada.
—¿Qué estás sugiriendo?
Thiago respondió con calma.
—Que la muerte de tu hermano podría ser solo la primera pieza de algo mucho más grande.
El silencio se extendió entre ellos.
Y por primera vez desde que comenzó esta alianza…
Alessia tuvo la clara sensación de que estaban entrando en territorio peligroso.
Un juego donde nadie decía toda la verdad.
Ni siquiera su nuevo prometido.