"...En un mundo dónde la magia es posible, hadas, dragones, brujas y magos. Dónde las princesas con bellos vestidos son felices al cuidado de su príncipe azul, existió un reino gobernado por una pareja de reyes que se amaban mutuamente.
La paz reinaba hasta que un día un malvado brujo de cabellos de plata quiso hacerse del reino y de la bellísima primera princesa..."
Fue una novela que Nick leyó para transformar su mundo por completo.
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Kuu y Aelia
Kuu, el brujo de cabellos de plata, como algunos lo llamaban, no pertenecía a ninguna ciudad, pueblo o aquelarre. Él pertenecía al bosque, sus ríos y montañas. Pertenecía a los animales, al viento y la lluvia, pero sobre todo pertenecía a la luna, su madre, la que en un soplido le dio vida.
Siempre disfrutó el estar solo y libre, hablando con seres que nadie más que él pudiera ver, contando historias mirando la luna. Bañándose en la lluvia, corriendo bajo el sol y durmiendo bajo las estrellas. Era feliz.
Juntaba moras para una familia de pájaros cuando divisó a alguien extendido en el suelo, se acercó con cautela, ya que nunca antes vio a una persona tan de cerca.
Escondido como animalito curioso observó por determinado momento a la visita inesperada armándose de valor se acercó sigilosamente, muy despacio la tocó.
No pasó nada.
-¿Hmm?- Kuu estaba intrigado, esa persona no se movía.
Aún más curioso que antes, mueve los mechones rubios qué tapaban el rostro de la chica. Pudo observar cejas bien cuidadas, labios finos y rosados, una nariz pequeña y una piel de porcelana. La joven estaba sucia y lastimada, pero aun así era una belleza.
Kuu por un momento pensó que alguien la debía estar buscando, por las piedritas de colores y metales que llevaba adornando tu cuerpo y ropa, es obvio que era alguien de un estatus elevado. Lo sabía, algunas noches su madre le contaba sobre la vida más allá del bosque.
Esperó y esperó, nadie apareció. Un poco pensativo tomó a la joven en brazos y la llevó a una cueva en lo profundo del bosque, ese era su hogar. La colocó sobre pieles en el suelo, de un chasquido ensendió fuego, buscó algunas hierbas, las machacó y luego preparó una bebida medicinal. Con mucho cuidado, trató de levantar a la joven para que pudiera beber de la infusión, fue imposible.
Dudando y sobre todo sudando de los nervios, colocó un sorbo del té en su boca para introducirlo a la de la chica. Éxito total.
Fue así que con mucho cuidado logró que la muchacha bebiera todo el contenido.
Más tarde ese mismo día, decidió ir adonde encontró a la mujer para verificar si alguien la buscaba. Nadie, absolutamente nadie.
Regresó a su cueva para encontrarse con la chica delirando de fiebre. Él, desesperado estuvo dos días y una noche cuidándola con compresas frías y hierbas, hasta que pidió permiso a la luna para utilizar sus poderes, era una emergencia. Su madre siempre misericordiosa aceptó.
Kuu, recitó algo en un idioma extraño, separó sus manos y de allí se formaron sellos con símbolos raros y color plateado-azulado, extendió sus manos a la chica, pero no la tocó, lentamente la joven respiró con normalidad y su semblante cambió. El joven de cabellos de plata la miraba dormir mientras limpiaba ese hermoso rostro con mucho cuidado.
Al otro día a primera hora la joven despertó, asustada, no reconocía el lugar dónde estaba.
El joven Kuu se acerca lentamente esperando que la joven lo notara.
-¿Quién eres tú? ¿Y por qué estoy aquí?.- Se notaba un poco de miedo. Y algo más, algo como asombro por la belleza del hombre. -Habla por qué estoy aquí.-
-Yo te encontré en el bosque, te traje aquí y te curé, eso es todo.- Kuu se acercó con agua y se lo ofreció a la chica.
-De acuerdo, gracias por la ayuda.- Inclinó levemente la cabeza. -¿Nadie vino a buscarme?.-
-No, pasaron varios días y nadie vino.-
La muchacha no dijo más nada, y Kuu preocupado rápidamente se acercó con frutas.
-Gracias de verdad, mi nombre es Aelia.- La muchacha se reincorpora y hecha un vistazo al lugar, miró a la salida y Kuu ayudó a que se levantara.
-Soy Kuu, hijo del Espíritu de la Luna.- La muchacha pudo ver un resplandor en esos hermosos ojos.
Pasaron tres días más, nadie fue por ella.
Kuu y Aelia formaron un vínculo, se entendían a la percepción.
Kuu le mostraba todo sobre el bosque, hacía pequeñas demostraciones con su poder y, ella le contestaba todo lo que él preguntaba.
Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. Ellos estaban entregados el uno al otro. Se amaban.
Una mañana Kuu despierta con una alegría sin igual, tomó a su amada en brazos y la besa.
-Buen día, estás feliz hoy.- Aelia sonreía somnolienta.
-Aquí se forma una nueva vida.- Acariciaba el vientre de la chica.
Aelia sorprendida, abrazó muy fuerte al brujo y lo besó, rebozaban de alegría.
-¿Debemos casarnos? Tengo que dar esta noticia a mi hermano y que apruebe nuestro matrimonio. Es urgente, nuestro bebé debe nacer como corresponde.-
-¿Tu hermano? Vayamos juntos, quiero conocer a tu familia.- Intentaba besar la mejilla de la chica, pero ella sobresaltada gritó.
-¡No lo hagas!.- Tomó aire y siguió hablando. -Mi hermano es... difícil de tratar. Iré yo, pediré el permiso y regresaré.-
-Pero...- Aelia lo besó y él no pudo refutar.
-Volveré con o sin permiso. Te amo mi hermoso brujo.-
-Yo te amo a ti princesa.-
Al siguiente día, Kuu acompañó a su amada hasta el límite del bosque, le entregó un talismán, la besó y acarició su abdomen.
-Volveré antes de que des cuenta. Seremos muy felices los tres en el bosque.- Abrazó con mucho amor a su futuro esposo.
-Estaré justo aquí, te amo a ti y nuestro hijo.- Besó una vez más los labios de la chica.
Como lo prometió Kuu esperaba en el mismo lugar día y noche.
Tenía un sentimiento de incertidumbre, ilusión y ansiedad.
Por momentos sentía desesperación e inseguridad. -Volverá, solo debo ser paciente.- Se repetía una y otra vez, aunque a veces no sonaba muy convencido.
Luego de esperar por dos meses un hombre montado en un caballo, con uniforme de soldado del reino Zenitia llegó al lugar con un sobre sellado.
"No volveré, cuando nazca nuestro hijo te lo entregaré.
No me busques, me voy a casar con alguien más.
Perdóname, nunca te amé. Aelia."
Todo terminó en una espera infructuosa.
Sentía que su mundo se hundía, que todo este tiempo de espera no valió la pena.
-¿Es su respuesta definitiva?.-El joven de cabellos de plata preguntó al mensajero.
El otro muchacho solo asintió, giró sobre sus talones, montó y se fue a todo galope con su caballo. Dejando atrás un corazón roto.
que le isieron ?