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Imperio De Apariencias

Imperio De Apariencias

Status: En proceso
Genre:Amor tras matrimonio
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Anónimo Y.V.

Camila Luna tiene una vida soñada, un marido perfecto y una familia envidiable. Pero dentro de las cuatro paredes de su hogar nada es lo que parece. Ella deberá decidir si seguir sosteniendo ese matrimonio y aprender a amar a su esposo, o tomar una decisión que implique un escándalo ante su entorno.

NovelToon tiene autorización de Anónimo Y.V. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo | 3

El camino hasta la mansión de los Luna transcurre en silencio.

Nicolás conduce con una mano firme sobre el volante; con la otra, acomoda ocasionalmente el espejo retrovisor. Yo voy en el asiento del copiloto, con el cuerpo apenas girado hacia atrás para observar a Alvarito, dormido en su sillita. Su respiración es tranquila, ajena a todo.

Cuando llegamos, Nicolás se baja primero. Rodea el auto y abre la puerta trasera. Toma al bebé en brazos con cuidado, como si cargara algo frágil y sagrado. Lo hace con una naturalidad que no deja lugar a dudas: está acostumbrado a ser padre.

La mansión nos recibe con luces encendidas y puertas abiertas. Siempre es así. Siempre parece un hogar cálido, incluso cuando no lo es.

—Camila —dice mi tía Mariana apenas me ve—. Qué alegría.

Me abraza con efusividad, como si no me hubiera visto en meses. Detrás de ella aparece Sofía, impecable, sonriente, con esa belleza que parece no necesitar esfuerzo.

—¡Ay! Está enorme —dice mi tía Mariana, estirando los brazos hacia el bebé.

Ni bien Nicolás cruza el umbral, Mariana ya se lo está quitando con una risa exagerada, y Sofía se inclina para observarlo como si fuera un trofeo familiar.

—Está cada día más precioso —dice Sofía—. Es un auténtico Luna.

No sé si lo dice por orgullo, por costumbre o para incomodar a Nicolás, ya que el apellido de Alvarito es Figueroa, no Luna.

A Nicolás lo saludan después. Apretón de manos, sonrisas correctas, palabras medidas. Respeto, sí. Cercanía, no. Nunca termina de ser uno de ellos.

Mi abuelo Ernesto aparece desde el fondo del salón. No camina rápido, pero cada paso suyo impone presencia.

—Llegaron —dice—. Bienvenidos.

No necesita decir más.

La casa se llena de voces. El bebé pasa de brazos en brazos, entre risas, comentarios y exageraciones. Mariana y Sofía se lo llevan hacia el comedor, prometiendo darle de cenar y jugar con él. Yo no me opongo. Nadie espera que lo haga.

Quedamos en la sala los de siempre. Los que importan cuando se habla de Luna Holdings.

Mi abuelo se sienta en su sillón habitual. Jorge ocupa el lugar frente a él. Braulio se mueve inquieto, como si no supiera bien dónde ubicarse. Nicolás se queda de pie unos segundos antes de sentarse, siempre correcto, siempre prudente.

—He leído los informes —dice el abuelo—. Y también lo que publicó la prensa.

El ambiente cambia de inmediato.

—No me sorprende que se hable de una división —continúa—. Lo que sí me sorprende es la falta de claridad de algunos.

Mira a Jorge. Luego a Braulio. Después, se detiene en Nicolás.

—Al menos uno aquí entiende lo que está en juego.

Nicolás no sonríe. Inclina apenas la cabeza.

—Solo estoy cumpliendo con mi deber, don Ernesto.

—Y lo haces mejor que muchos que llevan mi apellido —responde mi abuelo—. Defiendes la estabilidad de la empresa, incluso cuando eso significa ir en contra de tu esposa. Eso habla de integridad.

Siento el comentario como una presión en el pecho, pero no digo nada. No es el lugar. Nunca lo es.

—La familia necesita hombres así —agrega—. No impulsivos. No soñadores.

Braulio aprieta los labios. Y el tío Jorge se acomoda en el asiento.

—La reunión no fue sencilla —dice Jorge—. Pero aún no está todo perdido.

—Nada está perdido mientras se piense con la cabeza —responde el abuelo—. Y por eso necesito hablar contigo, Nicolás.

Se pone de pie con dificultad.

—Acompáñame al despacho.

Nicolás se levanta de inmediato. Me mira un segundo, como si quisiera decir algo, pero no lo hace. Lo sigue.

La puerta se cierra.

El silencio que queda es incómodo. No dura mucho.

—Esto se está volviendo más difícil de lo que creíamos —dice Braulio—. Y tú lo sabes, Camila.

—Siempre supimos que habría resistencia —respondo—. No es nuevo.

—Lo nuevo es que Nicolás esté del otro lado —interviene Jorge—. Eso cambia todo.

Lo miro.

—Nicolás no responde a mí en la empresa.

—Pero sí en tu casa —dice Braulio, sin rodeos—. Y no puedes negarlo. Anda detrás de ti como un niño detrás de un dulce.

Me tenso.

—No voy a presionarlo —digo—. Nunca lo he hecho.

—No se trata de presión —dice Jorge—. Se trata de convencerlo. Si él cambia de postura, los demás lo seguirán. Él representa a mi padre. Es la pieza clave.

Entiendo perfectamente lo que me están pidiendo.

—Tú te casaste con él —agrega Braulio—. Haz que ese matrimonio sirva para algo más productivo.

No respondo de inmediato.

—Dentro de Luna Holdings, Nicolás no es mi esposo —digo al fin—. Es el representante legal de mi abuelo. Y fuera de la empresa, es libre de pensar como quiera.

Jorge suspira, frustrado.

—No podemos dejar pasar esta oportunidad.

—No me corresponde decidir por él —repito.

No insisten más. No hace falta. El mensaje ya fue entregado.

Minutos después, Nicolás regresa. Su expresión es neutra. Imposible de leer. El abuelo no vuelve con él.

Un rato más tarde, la cena estuvo lista. Todo giró sobre charlas superficiales encabezadas por mi tía Mariana y mi prima Sofía.

Nos despedimos poco después. Mariana me trae al bebé, como si hiciera un gran favor. Nicolás lo carga otra vez, con el mismo cuidado.

Durante el regreso, nadie habla.

Al llegar a casa, subimos directamente. Nicolás acuesta al niño y se queda un momento observándolo, como si necesitara asegurarse de que todo esté bien.

—Fue una noche larga —dice finalmente.

—Sí. El día completo lo fue.

Ambos nos metemos a la cama. Se acerca, me besa la frente. Un gesto tierno. Correcto.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Apaga la luz. Me da la espalda.

Yo me quedo mirando el techo, pensando en Luna Holdings, en mi abuelo, en mi familia… y en el hombre que duerme a mi lado, sin saber que todos esperan que yo lo convierta en algo que no es.

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