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CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Valentina Ferrer creyó que tenía la vida perfecta: un esposo al que amaba, cinco hijos maravillosos y un hogar humilde, pero lleno de felicidad. Hasta que un accidente en una obra le arrebató a Gabriel y la dejó sola frente al dolor, las deudas y la responsabilidad de sacar adelante a su familia.
Convertida en viuda a los treinta y cinco años, Valentina tendrá que dejar atrás sus miedos y recuperar los sueños que abandonó por amor. Lo que no imagina es que, en medio de su lucha, conocerá a Maximiliano Devereaux, el hombre más rico, poderoso y atractivo de la ciudad.
Él vive rodeado de lujos. Ella apenas intenta sobrevivir. Él está acostumbrado a mandar. Ella no permitirá que nadie vuelva a decidir por su vida.
Entre dos mundos completamente opuestos, una atracción imposible comenzará a crecer. Pero Valentina aún carga con las heridas de su pasado y teme que volver a amar signifique traicionar la memoria del hombre que nunca dejó de amar.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Un día como cualquier otro

Gabriel llegó a la obra poco después de las siete de la mañana.

El proyecto era uno de los más importantes de la ciudad: un complejo de apartamentos que incluiría áreas comerciales, estacionamiento subterráneo y una pequeña zona recreativa. Llevaban casi un año trabajando en la construcción y, aunque todavía faltaban varios meses para terminarla, el avance era considerable.

Gabriel estacionó el vehículo cerca de la entrada principal y bajó con su casco amarillo bajo el brazo. Antes de avanzar, se colocó el chaleco de seguridad y revisó que llevara consigo los planos del sector norte.

—Buenos días, ingeniero —lo saludó uno de los trabajadores.

—Buenos días, Ramírez. ¿Cómo amaneció la estructura del bloque tres?

—Sin novedades. Ayer terminamos de reforzar las columnas del segundo nivel.

Gabriel asintió.

—Quiero revisar los soportes antes de que comience el vaciado de concreto.

—El equipo ya está preparado.

—Perfecto. Pero nadie comienza hasta que yo dé la autorización.

Su tono era firme, aunque nunca humillaba ni maltrataba a sus trabajadores. Gabriel sabía que una obra podía convertirse en un lugar peligroso en cuestión de segundos si alguien ignoraba una norma.

Mientras caminaba hacia el bloque tres, sacó el teléfono para revisar la hora. Tenía varios mensajes de Valentina.

Valentina: No olvides que hoy los niños salen temprano.

Valentina: Isabella tiene práctica de lectura.

Valentina: Emilia necesita cartulina azul.

Valentina: Y recuerda que prometiste regresar temprano.

Gabriel sonrió.

Gabriel: No lo he olvidado. Esta noche cenamos juntos.

Gabriel: Te amo.

La respuesta de Valentina llegó unos segundos después.

Valentina: También te amo. No llegues tarde.

Gabriel guardó el teléfono y levantó la mirada hacia la estructura. El cielo estaba despejado, pero una corriente de viento levantaba polvo alrededor de la obra. A unos metros, varias máquinas funcionaban al mismo tiempo y los trabajadores se desplazaban entre vigas, materiales y herramientas.

El ruido era constante. Metálico, pesado, ensordecedor.

Gabriel había aprendido a pensar con claridad incluso en medio de aquel caos.

—Ingeniero, aquí están los documentos de la inspección —dijo una mujer acercándose a él.

Era Lorena Méndez, la arquitecta encargada de revisar parte del proyecto. Llevaba varios meses trabajando con Gabriel y confiaba en su criterio.

—Gracias —respondió él—. ¿Ya revisaste los soportes del área norte?

—Todavía no. Esperaba que llegaras.

—Vamos juntos.

Ambos se dirigieron hacia el sector señalado en los planos. Gabriel observó cada detalle: las columnas, los andamios, las conexiones metálicas y los puntos donde se habían instalado las protecciones. No le gustaba encontrar fallas, pero prefería detener una jornada completa antes que permitir que alguien trabajara en condiciones inseguras.

—Este soporte necesita una revisión —indicó, señalando una de las estructuras.

Lorena se acercó.

—¿Crees que está mal instalado?

—No estoy seguro. Hay que comprobarlo antes de continuar.

Gabriel llamó al supervisor del equipo y le pidió que detuvieran temporalmente las actividades en ese sector. Algunos trabajadores protestaron porque perderían tiempo, pero él no cambió de opinión.

—La seguridad está primero —dijo—. No quiero que nadie se acerque hasta que sepamos qué ocurre.

A varios kilómetros de allí, Valentina intentaba mantener el orden de la casa.

Después de llevar a los niños al colegio, regresó con su madre y su tía. Amalia se había quedado doblando la ropa, mientras Elvira revisaba las cuentas del supermercado con una libreta en la mano.

—Subió otra vez el precio del queso —se quejó Elvira.

—Podemos comprar menos esta semana —respondió Valentina.

—Ya compramos menos la semana pasada.

Amalia levantó la mirada.

—Gabriel debería aceptar que necesitas ayuda en la casa.

—No quiero aumentar los gastos.

—No eres una máquina —dijo su madre—. Atiendes a cinco niños, cocinas, limpias, haces compras y todavía ayudas con las tareas escolares. Tu esposo trabaja, pero tú tampoco descansas.

Valentina no respondió. Se sentó a la mesa y comenzó a ordenar unos papeles que había dejado junto a la ventana.

Entre ellos estaba su diploma universitario.

Lo tomó con cuidado. El papel aún conservaba el marco que Gabriel le había comprado el día de su graduación. Recordaba aquella jornada con claridad: sus padres llorando de orgullo, sus profesores felicitándola y Gabriel esperándola a la salida con un ramo de flores.

Ella había sido la mejor estudiante de la universidad. Había recibido reconocimientos, ofertas de trabajo y propuestas para incorporarse a agencias importantes. Pero cuando nacieron las gemelas, todo cambió. Después llegaron los trillizos y sus prioridades terminaron de ordenarse alrededor de la familia.

Nunca había sentido que Gabriel la obligara a renunciar. Al contrario, él siempre le decía que podía trabajar cuando quisiera. Pero la vida avanzaba rápido. Los niños enfermaban, necesitaban atención, había que llevarlos al médico, asistir a reuniones escolares, preparar comidas y mantener la casa funcionando.

Con el tiempo, el regreso a la publicidad se convirtió en una idea lejana.

—Todavía podrías trabajar —dijo Amalia, observándola.

Valentina pasó los dedos por el borde del diploma.

—No sé por dónde empezar.

—Por llamar a alguien.

—¿A quién?

—A una antigua compañera. La que trabajaba en una agencia.

—Mariana.

—Esa misma.

Valentina suspiró.

—Hace años que no hablo con ella.

—Entonces llámala hoy.

Elvira dejó la libreta sobre la mesa.

—Tu esposo tiene razón. Eres demasiado talentosa para pasar toda la vida preocupándote por el precio del queso.

Valentina sonrió.

—No sabía que el queso era una medida de mi potencial.

—En esta casa, lo es.

Las tres mujeres rieron.

La conversación continuó durante varios minutos, pero Valentina no dejó de mirar el diploma. En el fondo, una parte de ella extrañaba su profesión. Extrañaba las ideas, las campañas, la sensación de crear algo desde cero. Extrañaba ser reconocida por su inteligencia y no únicamente por su capacidad de recordar quién necesitaba una merienda o quién tenía una tarea pendiente.

Tomó el teléfono y buscó el número de Mariana.

Lo observó sin marcar.

Después decidió esperar a que Gabriel regresara. Quería hablarlo con él primero.

A las once y media, Gabriel la llamó.

—¿Estás ocupado? —preguntó Valentina.

—Un poco, pero quería escucharte.

—Encontré mi diploma.

Gabriel guardó silencio por un instante.

—¿Y qué sentiste?

—No lo sé. Como si estuviera mirando la vida de otra mujer.

—Sigue siendo tu vida.

—Han pasado muchos años.

—No tantos.

—Gabriel, tenemos cinco hijos.

—Lo sé.

—No podría trabajar como antes.

—No tienes que comenzar como antes. Puedes empezar poco a poco.

Valentina se levantó de la mesa y caminó hasta la ventana.

—¿Y si ya no soy buena?

—Entonces aprenderás de nuevo. Pero no puedes decidir que fracasaste sin intentarlo.

Ella sonrió con los ojos llenos de emoción.

—Siempre sabes qué decirme.

—Es porque me casé con la mujer más inteligente de la universidad.

—Te casaste conmigo antes de que terminara la universidad.

—Precisamente. Supe reconocer tu talento antes que todos los demás.

Valentina apoyó la frente contra el vidrio.

—Te extraño.

—Yo también.

—¿A qué hora vuelves?

—Te lo dije esta mañana. Temprano.

—Eso espero.

—Valentina.

El tono de Gabriel cambió ligeramente. Ella se apartó de la ventana.

—¿Qué ocurre?

—Nada. Solo quería decirte que te amo.

—Yo también te amo.

—Díselo a los niños.

—Se los diré cuando regresen.

—Y a tu madre. Y a Elvira.

—Ellas ya lo saben.

—Pero me gusta escucharlo.

Valentina sonrió.

—Te amo, Gabriel.

—Ahora sí puedo trabajar tranquilo.

La llamada terminó. Valentina se quedó contemplando la pantalla durante unos segundos. Luego guardó el teléfono y volvió a la mesa.

No podía saber que esa sería la última conversación normal que tendría con su esposo.

En la obra, Gabriel también guardó su teléfono y regresó al área norte. El supervisor le explicó que el soporte no estaba roto, pero que una pieza había quedado ligeramente desplazada durante la instalación.

—Hay que corregirlo antes de que llegue el material —ordenó Gabriel.

—Podemos hacerlo en unos minutos.

—No. Háganlo ahora.

El supervisor llamó a dos trabajadores. Gabriel se colocó el casco correctamente y se acercó para observar el procedimiento. Quería asegurarse de que todo se realizara de acuerdo con las normas.

El viento aumentó de repente.

Una de las láminas metálicas instaladas en el nivel superior se movió con un golpe seco. Varios trabajadores levantaron la mirada.

—¡Detengan todo! —gritó Gabriel.

El ruido de las máquinas se apagó poco a poco.

Por unos instantes, la obra quedó envuelta en una tensión extraña. Gabriel observó la parte superior de la estructura y notó que una de las plataformas no estaba asegurada como debía.

—Hay que despejar el área —ordenó.

Los trabajadores comenzaron a retirarse.

Gabriel avanzó unos pasos para revisar el punto exacto donde estaba el problema. Lorena intentó detenerlo.

—Gabriel, espera al equipo de seguridad.

—Solo voy a verificar la unión.

—No subas.

—No voy a subir. Solo necesito verlo mejor.

Un estruendo sacudió el lugar.

La plataforma superior se inclinó.

Alguien gritó.

Gabriel levantó la mirada justo cuando una pieza metálica se desprendió de la estructura.

Y, a cientos de metros de allí, Valentina sintió una inquietud inexplicable que le recorrió el cuerpo.

No sabía qué estaba ocurriendo.

Solo sabía que, por primera vez en muchos años, tenía miedo sin saber por qué.

1
Mildred Álvarez
no debiera hacerlo la muerte de Gabriel es muy reciente debe pensar en sus hijos y en su suegra que sentirá que su amor hacia su hijo no fué profundo y sincero
Mildred Álvarez
muy lindo atuendo
Mildred Álvarez
va muy bonita la historia Pero me da'tristeza por el pobre de Gabriel ya que lo pintaste como un buen hombre,padre y marido ejemplar y ya le colocaste un sustituto,yo soy más sentimental y creo en el amor más allá de la muerte"amor eterno"
Mildred Álvarez
imponente, empoderada.
Mildred Álvarez
pobre Gabriel ya lo van a desplazar tan pronto.
Mildred Álvarez
y se va a olvidar del pobre Gabriel 🤷
Zulema Neme
Buenísima la Novela Autora Maravillosa Historia Me Encanto Muchas Felicidades ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Mildred Álvarez
😭es demasiado doloroso estos capítulos
Mildred Álvarez
😭😭😭😭😭😭😭😉
Mildred Álvarez
muy triste
Mildred Álvarez
triste
Zulema Neme
Que Bellos Personajes has Puesto Autora 💕💕💕💕💕💕💕🥰🥰🥰🥰🥰
Zulema Neme
Que Horrible por Dios .El no debe morir
Dilia De Freitas Teixeira
muy bonita
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