Luke Evans pasó su infancia protegiendo a su hermana de un hombre violento. Ahora, a los veintisiete años, tiene un taller mecánico en Grecia y una oportunidad de empezar de cero. Solo hay algo que amenaza su tranquilidad:
Aria Greco.
La hija consentida de un poderoso mafioso es todo lo que Luke cree que debe evitar. Sin embargo, un solo beso basta para hacerle perder el control y despertar miedos que lleva años escondiendo. Asustado, se aleja y comete el peor error: decirle que besarla fue una equivocación.
Aria ha crecido rodeada de amor, pero jamás había sentido algo tan intenso como lo que Luke despierta en ella. Herida en su orgullo, decide mantener las distancias. El problema es que ninguno consigue olvidar aquella tarde.
Él teme convertirse en el hombre que más odia. Ella se niega a mendigar amor.
Pero algunas tentaciones son imposibles de resistir.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Algo que puedo construir
Luke
Cuando comienza a oscurecer, cierro la persiana a medias y me siento frente al escritorio con la libreta abierta.
Hago una última revisión de los gastos.
Las cifras siguen siendo ajustadas.
Tengo que conseguir trabajo pronto.
No quiero pedir dinero.
Damián Greco encontró este lugar y anoche me dio el número de teléfono de uno de los proveedores que llamé hoy, pero necesito demostrar que puedo hacerme cargo del resto.
No tengo nada contra él. Todo lo contrario. Es un hombre al que respeto.
Y eso, viniendo de mí, significa bastante.
Solo que no quiero acostumbrarme a depender de nadie.
Conozco demasiado bien lo que sucede cuando otra persona tiene el poder de decidir cómo vives.
Sé que Damián no es mi padre. Ni siquiera se parecen.
Pero algunas costumbres son difíciles de abandonar.
La necesidad de tener siempre una salida.
Dinero guardado.
Un plan alternativo.
La certeza de que, si mañana las cosas se complican, podré resolverlas sin tener que suplicar ayuda.
Cierro el portátil y me froto los ojos.
Estoy agotado.
Camino hasta la entrada y observo la calle a través del cristal.
Las luces comienzan a encenderse en los edificios cercanos. Escucho conversaciones en un idioma que todavía no comprendo y el ruido distante del tráfico.
Todo es diferente.
El clima.
La comida.
Las calles.
Incluso el silencio.
En Idaho, el silencio de nuestra casa rara vez significaba tranquilidad.
A veces era simplemente la pausa que precedía a una discusión.
Aquí, en cambio, el silencio no es una advertencia.
Es solo silencio.
Me gusta.
Apago las luces del taller, dejando encendida únicamente la pequeña lámpara de la oficina.
Podría subir y tratar de familiarizarme con el departamento que está sobre mi cabeza, pero estoy exhausto.
Además, el sofá sigue aquí.
Una maravilla de la ingeniería diseñada específicamente para destruir columnas vertebrales.
Me quito los zapatos y me dejo caer sobre él.
El teléfono vibra.
Cassidy:
¿Cómo va el imperio mecánico?
Yo: Todavía no conquisto Grecia, pero dame una semana.
Cass: Qué lento.
Sonrío.
Yo: Buenas noches, Cass.
Cass: Buenas noches, Luke. Estoy orgullosa de ti.
Me quedo mirando esas palabras.
No sé por qué me afectan tanto.
Quizá porque, durante buena parte de mi vida, hacer bien las cosas significaba simplemente evitar que alguien se enfadara.
Nunca esperaba felicitaciones. Mucho menos que alguien estuviera orgulloso de mí.
Escribo una respuesta.
Yo: Yo también estoy orgulloso de ti, enana.
Dejo el teléfono sobre mi pecho.
Durante años pensé que la única forma de proteger a mi hermana era permanecer cerca de ella. Estar atento, intervenir cuando fuera necesario, asegurarme de que nunca tuviera que enfrentarse sola a nuestro padre.
Ahora estamos en otro continente.
Ella tiene su vida.
Yo tengo la mía.
Y, aunque todavía me cuesta aceptarlo, quizá ya no necesitemos sobrevivir.
Quizá podamos limitarnos a vivir.
Cierro los ojos.
Por primera vez en mucho tiempo, no me preocupa lo que pueda suceder mañana.
*****
El teléfono comienza a sonar cuando apenas ha amanecido.
Abro un ojo. Después el otro.
Mi espalda protesta en cuanto intento incorporarme.
—Maldito sofá.
Busco el teléfono entre los cojines y observo la pantalla.
Damián Greco.
Frunzo el ceño.
No esperaba una llamada suya tan temprano.
—¿Damián?
—Evans. Dime que tienes ese taller funcionando.
Me incorporo, todavía adormecido.
—Buenos días para ti también.
Escucho una risa breve al otro lado.
—Buenos días. ¿Está listo o no?
Miro alrededor.
Los elevadores están instalados, las herramientas ordenadas y la mayor parte de los equipos básicos preparados para comenzar.
—Depende de lo que necesites.
—Tengo un vehículo que está dando problemas. Quiero que lo revises. ¿Puedes recibirlo hoy?
Me pongo de pie.
—¿Qué clase de problemas?
—Eso tendrás que averiguarlo tú. Eres el mecánico.
Sonrío.
—Justo lo que quería escuchar.
—¿Entonces?
Observo el taller.
Las mesas perfectamente colocadas.
Las herramientas que compré con mis ahorros.
Las máquinas que todavía tengo que terminar de pagar.
Mi nombre en los documentos de un negocio que, hasta hace poco, no era más que una idea.
Siento algo extraño en el pecho.
Entusiasmo.
Nervios.
Un poco de miedo, quizá.
Pero es un miedo diferente.
No tiene nada que ver con esperar un golpe o intentar adivinar el humor de alguien.
Es el miedo que aparece cuando estás a punto de hacer algo importante. Algo que elegiste.
Algo que realmente quieres.
—Tráelo —respondo.
—Perfecto. Lo tendrás allí en un rato.
—Damián.
—¿Sí?
Miro una vez más el taller vacío.
—Gracias.
Hay una pausa breve.
—Haz un buen trabajo, Evans.
La llamada termina y bajo lentamente el teléfono.
Mi primer cliente.
Mi primera oportunidad de demostrar que todo este esfuerzo puede convertirse en algo real.
Camino hasta la entrada y levanto la persiana metálica.
La luz de la mañana invade el taller, iluminando el cemento nuevo, los elevadores y las herramientas alineadas contra la pared.
Respiro profundamente.
Después sonrío.
Por primera vez en mi vida, el futuro no parece algo que tengo que soportar.
Parece algo que puedo construir.
Y pienso hacerlo funcionar cueste lo que cueste.
Aria ya te dijo que ella quiere todo contigo
ya luke será tan tonto en volver apartarla
creo que luke necesita ayuda