Bajo los gélidos e imponentes paisajes de Alaska, el amor inmortal de Adam y Bibiana se enfrenta a su prueba más difícil al verse presionados a contraer matrimonio por Marcelo, el despiadado padre de Adam; Una unión forzada que desentierra los peores dolores del pasado, llevando a Bibiana a tomar una decisión definitiva. Cargada de una indignación inquebrantable, la joven está decidida a confrontar cara a cara a su familia por haberle ocultado la verdad sobre el oscuro pacto secreto que su padre tejió en el ayer con su ahora suegro. Ella ya no será una pieza en el juego de nadie; luchará con valentía y con toda su fuerzas para romper de una vez por todas las cadenas del pasado y salvar su propio destino al lado del hombre que ama con el alma.
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T3 Capítulo 1 - Muñeca de porcelana
Mansión Soler (Alaska)
Adam sonrió, acariciando con ternura el rostro de Bibiana. Por primera vez en mucho tiempo, sentía un rayo de esperanza.
—Yo también te amo, Bibi.
Ella lo miró con seriedad, aunque sus ojos brillaban.
—Tienes que ganarte mi confianza si quieres que te perdone y que volvamos a estar juntos de verdad.
—Lo voy a hacer. Sé que lo lograré —prometió él, sintiéndose el hombre más feliz del mundo.
Pueblo Finlandés – Casa de los Anderson
En la habitación de Ignacio, Matt intentaba inyectarle algo de ánimo al hombre derrotado.
—Señor Ignacio, no puede rendirse todavía.
—Ya no puedo hacer nada, Matt. A mi hija se la llevó ese vampiro y nunca la volveremos a ver.
—No diga eso. Tiene que haber una forma de rescatarla —insistió Matt con los dientes apretados.
—No la hay. No sabemos a dónde se la llevaron y ellos nos matarían si intentamos algo.
Matt se puso de pie, con una resolución oscura en la mirada.
—Yo sí voy a hacer algo, señor Ignacio. Voy a buscar a alguien que me ayude a destruir a ese imbécil y a su padre. Estando esos dos muertos, Bibiana será libre.
Ignacio se quedó impactado, viendo cómo el odio de Matt crecía hasta volverse peligroso.
En el Parque
Diego y Melissa caminaban en silencio hasta que ella se detuvo para reconfortarlo.
—Ya no estés triste, Diego. Me duele verte así.
—No lo puedo evitar, Meli. Mi padre y yo la extrañamos demasiado.
—Lo sé... y estuve pensando en algo —Melissa acarició la mejilla de Diego—. Decidí que voy a buscar a Bibiana.
Diego abrió los ojos de par en par. —¿De verdad vas a hacer eso? Pero... no sabemos a dónde se la llevaron.
—Creo saberlo, pero necesito estar segura. Alaska es el lugar perfecto para un vampiro; hay zonas donde el sol se oculta por más tiempo. Pero necesito algo de ella, una prenda o un suéter, para poder rastrear su esencia en cuanto llegue allá.
—Cuenta con eso —respondió Diego, sintiendo que por fin había una oportunidad.
Horas más tarde
Mientras Matt buscaba desesperadamente en su computadora a algún "experto" en combatir vampiros, en Alaska la Mansión Soler se llenaba de invitados.
Marcelo recibía a la élite vampírica con una sonrisa de suficiencia.
—Bienvenidos a la fiesta de compromiso de mi hijo. Siéntanse en su casa.
—Cuando supe la noticia no podía creerlo —comentó Samuel, un invitado cercano.
—Créelo. Y por supuesto, estás invitado a la boda.
—¿Dónde están el novio y la prometida?
—Ya no tardarán en bajar. ¿Quieres una copa de sangre? —ofreció Marcelo, mientras el ambiente se cargaba del aroma de los depredadores.
En la Habitación de Adam
Giselle entró para avisar a su hermano.
—Ya llegaron todos, Adam.
—Siento que no es buena idea estar con Bibi en esa fiesta llena de vampiros —confesó él, ajustándose el traje con nerviosismo.
—No van a atacarla, tiene tu marca.
—Lo sé, pero no le quitarán los ojos de encima. Va a ser muy incómodo para ella.
En su propia habitación, Bibiana se miraba al espejo. El vestido elegante la hacía lucir como una delicada muñeca de porcelana. Estela entró y sonrió al verla.
—Quedaste hermosa, Bibi.
—Estoy preocupada... voy a ser la única humana allá abajo.
—Eres la más afortunada —la consoló Estela—. Todos envidiarán a mi hijo por la mujer que tiene. Voy a avisarle a Marcelo que ya estás lista.
Cuando se quedó sola, Bibiana suspiró.
—Estar en una fiesta con tantos vampiros es aterrador. Si no fuera por la esencia de Adam, sería una presa fácil. Resisto por él, solo para no causar más problemas con su padre.
**Finlandia – Sala de los Anderson**
Diego le entregó un suéter a Melissa.
—Este servirá para rastrear su olor. Meli... si la encuentras, ¿prometes que la traerás?
Melissa lo miró con tristeza. —No puedo prometerte eso, Diego. Llegar a ella no será fácil y, si algo sale mal, tu familia pagaría las consecuencias.
—Está bien... si la encuentras, dile que la queremos y que la extrañamos mucho.
Tras un beso de despedida, Melissa se marchó. Elena, que observaba desde las sombras, soltó un comentario venenoso: —¿En serio eres tan iluso para creer que esa vampira va a encontrar a mi hermana?
Mansión Soler – La Fiesta
Adam llegó a la sala, donde Marcelo lo esperaba impaciente.
—¿Por qué tardaste tanto? ¿Y Bibiana?
—Ya estoy aquí. Ella aún no baja.
—Más le vale bajar pronto si no quiere conocerme enojado —advirtió Marcelo.
En ese momento, Marcelo pidió silencio a los invitados.
—Señores y señoras, es un honor que nos acompañen. Quiero advertirles que la prometida de mi hijo es humana, pero será convertida tras la boda. ¡Mis queridos invitados, aquí tienen a Bibiana!
Bibiana apareció en lo alto de las escaleras junto a Giselle. Al empezar a bajar, el silencio fue absoluto. Adam se quedó deslumbrado, sin poder apartar la vista de ella. Todos los vampiros presentes quedaron impactados; la belleza de la humana era tal que, por un momento, olvidaron incluso su instinto de cazadores.