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A Milímetros De Romperse

A Milímetros De Romperse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Reencuentro
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: AndyG1904

Ella guarda un secreto que la consume por dentro.
Él arrastra las ruinas de una vida que se desmoronó en una sola noche.

April Rossetti nunca imaginó que un error de una noche la perseguiría cada día. Enamorarse de la persona equivocada siempre es el comienzo de una caída. Ahora, la culpa la acompaña como una sombra que no la deja respirar.

Derek Baker lo perdió todo: su matrimonio, su hijo no nacido y la confianza en las personas. Destrozado y lleno de rabia, intenta reconstruir su vida cuando un encuentro casual lo cambia todo.

Conectados por hilos invisibles del destino, April y Derek se ven envueltos en miradas cargadas de deseo, conversaciones que despiertan lo que creían dormido y secretos que amenazan con destruirlos.

Están a milímetros de romperse... o de sanarse mutuamente.

Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.

Y algunas atracciones están destinadas a arder, aunque quemen todo a su paso.

¿Podrán elegir el amor cuando todo parece condenarlos al dolor?

NovelToon tiene autorización de AndyG1904 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Peso De Lo Que Se Rompe

-Derek Baker-

Existen momentos en los que la vida te cobra todas las deudas de golpe. Aún si creías no deber nada.

Estábamos en hora pico, daba las instrucciones de los últimos platos al equipo de trabajo antes de servirlos y que los comensales disfrutaran junto a la orquesta en vivo en el salón.

Las comandas estaban ordenadas en un carrusel, se apilaban de acuerdo a la complejidad del pedido. Las revisaba una por una antes de continuar con la supervisión de los platos. Mis ojos vagaron por la cocina, por el personal en cada área, por las entradas, los postres, las bebidas y las mesas de trabajo hasta que algo llamó mi atención: era una revista que alguien había dejado mal puesta donde me podía ver con el traje manga larga pulcro y un mandil vinotinto mientras sonreía a la cámara.

Mi nombre en la portada "Derek Baker, ingenioso chef de treinta y cinco años..." Mi cabello castaño oscuro usualmente despeinado por las largas horas en la cocina no pasó desapercibido, mis ojos verdes esmeralda y una mandíbula marcada que se endurecía cuando estaba cansado o tenso.

Sonreí con cansancio. Treinta y cinco. Joder. Qué viejo sonaba.

Señalé con un dedo a mi imagen, dando toques rítmicos a la publicación. Quién iba a pensar que después de todo, si logré ser feliz.

Esa noche la cocina había sido un infierno controlado, como siempre. Al finalizar la jornada, el agotamiento se notaba en cada línea de mi rostro.

— No puedo más, chicos—dejé caer los hombros, no podía con tanto cansancio—. Saben algo, por hoy, pueden retirarse temprano.

Mi equipo intercambió miradas de alivio. Eran buenos, leales y profesionales. No toleraba menos. Cuando se trataba de la cocina no me podía permitir ningún error. El servicio para mí era un arte y yo amaba servir.

Colgué mi delantal impecable y me despedí con un gesto. Conduje de regreso al penthouse con los hombros tensos y la mente agotada. Sarah, mi esposa, había estado distante los últimos meses. Quería sorprenderla. Llevaba un ramo de rosas rojas, sus favoritas, y los boletos de avión para Australia guardados entre las flores. Hacía mucho que no viajábamos juntos. Necesitábamos eso.

Un escape.

Al abrir la puerta del apartamento, me recibió un silencio raro. Denso.

—¿Sarah?

Dejé las rosas y unos chocolates que yo mismo preparé a última hora sobre la mesa. Un quejido débil vino desde el pasillo.

Mis manos recorrieron la pared buscando el interruptor, se iluminó todo a mi paso y ahí estaba ella. La encontré en el suelo del baño, hecha un ovillo, temblando, con las manos manchadas de sangre apretándose el abdomen.

—Sarah... ¡Sarah!

La levanté en brazos. Estaba helada y pálida. Sus ojos se llenaron de lágrimas por un segundo antes de perder el conocimiento.

No recuerdo bien cómo llegamos al hospital, solo sé que manejé como un imprudente, saltándome semáforos, con sus manos frías entre las mías resbaladizas por la sangre.

En la sala de emergencias todo fue caos. Grité pidiendo una camilla con la voz rota. Mis manos estaban cubiertas de un rojo carmesí. Caminaba de un lado a otro como animal enjaulado mientras esperaba noticias.

El Dr. Conrad, médico de la familia, finalmente apareció. Me miró con lástima y algo de compasión.

—Su esposa está estable, pero lamentablemente perdimos al bebé— tomó mi hombro y dio un leve apretón—. Lo lamento.

Me quedé congelado.

¿Bebé?

¿De qué bebé hablaba?

Abrí la boca pero ningún sonido salió. No supe que Sarah estaba embarazada. Tres meses, me dijeron después cuando llenaba el papeleo de su ingreso. Ella no me había dicho nada y eso me mantenía completamente confundido.

En mi interior algo no se sentía bien. Estaba muy incómodo.

Poco tiempo después llegaron sus padres, Javier y Amelia. Mis suegros. Pero por cosas de estatus social, jamás les caí bien. Su desprecio hacia mí era tan antiguo como el día de nuestra boda. No era suficiente para su hija, nunca lo había sido dicho por sus propias palabras.

Cuando intenté entrar a ver a Sarah, el doctor junto a un guardia de seguridad me detuvieron en mi andar.

—Lo siento, Sr. Baker. Solo familia directa por el momento.

La frase me golpeó el pecho con más fuerza que cualquier puño. Me quedé parado en el pasillo, con la ropa manchada de sangre de mi esposa y de mi hijo, sintiendo que no tenía permiso para estar ahí.

—¿Familia directa? ¡Soy su esposo!

—Solo familia directa. Si insiste, tendré que pedir que lo acompañen a la salida—respondió secamente.

Desorientado. Aún no procesaba lo que me estaba ocurriendo.

Me sentía culpable, miserable.

¿En qué había fallado?

Pasé la noche en la sala de espera, con la misma ropa manchada. No había comido. No había dormido. Solo esperaba.

Muchas interrogantes se creaban en mi cabeza. Me sentía fuera de mi zona de confort, sentía miedo. Así pasaron las horas, sintiéndome más inútil en cada minuto.

Finalmente amaneció y me dejaron verla.

Sarah estaba recostada en la cama del hospital, más pálida que las sábanas. La vía en su mano parecía demasiado gruesa contra su piel delicada.

Cuando me vio entrar, intentó sonreír, pero fue un gesto vacío, casi muerto.

Tomé su mano y la besé.

—Sarah, ¿por qué no me dijiste que estabas embarazada?

Ella apartó la mirada hacia la ventana. Las lágrimas empezaron a caer en silencio.

—Tenía tres meses —susurró.

—Lo sé. ¿Tres meses? Dios mío. ¿Por qué no me lo contaste? Habríamos...

—No —me interrumpió con voz débil—. Ya no tenía sentido decírtelo.

Fruncí el ceño, desconcertado.

—¿De qué hablas?

Respiró hondo. Su mano temblaba entre las mías. Por un segundo creí que iba a retirarlas, pero no lo hizo. Se quedó ahí, como si ya ni siquiera tuviera fuerzas para pelear.

—Llevo meses sintiéndome sola, Derek. Meses. Tú llegas tarde todas las noches, oliendo a cocina y con cansancio. Hablas del arte de servir, de reseñas, de los críticos, de esa cocina que parece ser lo único que te importa. Y yo me quedo en esa casa enorme esperando a un marido que ya casi no existe.

—Sarah, yo...

—No —me cortó de nuevo, esta vez con más fuerza—. Conocí a alguien.

El mundo se detuvo.

—¿Qué?

—Se llama Mauricio —dijo, y su voz se quebró al pronunciar el nombre—. Empezó como alguien con quien hablar. Tú nunca estabas. Y él sí. Me escuchaba. Me veía. Una cosa llevó a la otra y...

Se le escapó un sollozo. Apretó los ojos con fuerza.

—Quedé embarazada. No sé si es tuyo o suyo. Y eso me aterrorizó. Por eso no te dije nada. Pensaba que si te lo decía ibas a rogarme que me quedara, ibas a usar al bebé para salvar algo que ya está muerto.

Sarah secó sus lágrimas con rabia y me miró directamente a los ojos por primera vez desde que había entrado.

—Perdí al bebé y lo único que sentí fue alivio. Alivio de que ya no tuviera que seguir mintiéndote. Alivio de que este lazo se rompiera.

Sus siguientes palabras cayeron como un hacha:

—Quiero el divorcio, Derek. Ya no puedo más.

Sostuve su mirada, incapaz de procesar las palabras.

El pitido de las máquinas se volvió ensordecedor. O quizás era el sonido de mi propia sangre golpeándome los oídos. No lo sabía.

Intenté respirar y el aire no entró.

Las manos de Sarah todavía estaban entre las mías, frías, pequeñas, y de pronto se sintieron ajenas. Como si estuviera tocando a una extraña. La misma mujer con la que había compartido cama durante años.

Mauricio.

El nombre se instaló en mi cabeza como un cuchillo.

Tres meses.

Un bebé que quizás no era mío.

Y ella... sintió alivio.

Me solté de su mano sin darme cuenta. Di un paso atrás. Luego otro. Mis zapatos todavía tenían manchas oscuras de la sangre que había salido de su cuerpo. De nuestro hijo. O del hijo de otro.

El estómago se me revolvió.

Abrí la boca. Cerré la boca. No salió nada.

Sarah me miraba aún desde la cama, pálida, exhausta, pero con una calma horrible. Como si finalmente hubiera dicho la verdad y eso la hubiera liberado. A mí me estaba aplastando.

Por primera vez en mucho tiempo no tuve nada que decir. Y lo peor es que ella tampoco esperaba que lo tuviera.

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Andrea
Que rabia con Jhony 😭
AndyG
Trataré de hacer un maratón hasta el capítulo 20. Luego me daré un break. Gracias a todos 🥹❤️🫶
Andii
2 capítulos seguidos. Sospechoso... No nos vayas a abandonar ahora que estoy enganchado 🤣
Andrea
Si Derek se involucra solo espero que no se comporte como Jhony... Se volvió el villano de la historia. Narcisista. Pobre April...
Andrea
He leído todos los capítulos hasta ahora. Y no sé. Me tiene estresada/intrigada 😭😭
Andii
Nunca me había identificado tanto con un personaje y no se si eso es bueno o malo /Brokenheart/
Gerson Gonzalez
Muy interesante. Sigue así.
Isabella Connelly
Dioooos cuanta tensión...
Gerson Gonzalez: Muy interesante está historia. Por lo general lo mío es fantasía y acción. Veamos cómo sigue. Saludos!
total 1 replies
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