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El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

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Capitulo 20

El aire dentro de la Basílica de San Miguel era denso, sofocante por el calor de las velas y la tensión acumulada. El sacerdote, con voz cadenciosa y monótona, recitaba las lecturas litúrgicas sobre el compromiso y la fidelidad eterna. A su lado, Mateo parecía una estatua de sal: sudor frío le perlaba la frente y sus ojos esquivaban desesperadamente la mirada de Victoria, quien sonreía con una ingenuidad frágil bajo su velo de encaje.

Helena, desde su posición como dama de honor, sentía el peso de la seda champán ceñida a su cuerpo. Pero más que el vestido o la solemnidad del momento, lo que le quemaba la piel era la mirada imperturbable de Leonardo. Él no había apartado los ojos de ella ni un solo segundo. Erguido en la tercera fila, con una mano en el bolsillo de su esmoquin, proyectaba la calma de un ejecutor que espera el momento exacto para soltar la guillotina.

—Mateo —prosiguió el sacerdote, cerrando el libro de lecturas y mirando al novio—, ¿aceptas a Victoria como tu legítima esposa, para amarla y respetarla, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?

Un silencio sepulcral cayó sobre la iglesia. Los invitados mantuvieron el aliento.

Mateo tragó saliva. Abrió la boca para pronunciar el "sí", pero las palabras se le congelaron en la garganta.

En ese preciso instante, un murmullo sordo comenzó a propagarse desde las filas traseras de la basílica, como una ola de veneno que avanzaba rápidamente. El vibrar simultáneo de decenas de teléfonos celulares rompió la santidad del recinto. Uno a uno, los miembros de la alta sociedad —empresarios, banqueros, figuras de la prensa— comenzaron a sacar sus pantallas iluminadas.

Helena frunció el ceño, sintiendo un vuelco en el estómago. Miró instintivamente a Leonardo. Él simplemente sacó la mano del bolsillo, consultó su reloj de oro con elegancia perezosa y le dedicó a Helena una sonrisa mínima, oscura y devastadora.

El golpe había comenzado.

—¿Qué... qué está pasando? —susurró Victoria, perdiendo el color de las mejillas mientras el murmullo de los invitados se convertía en un hervidero de jadeos y exclamaciones de horror.

En las pantallas de todos los presentes ardían las notificaciones de los principales diarios financieros del país. Una filtración masiva de documentos, enviada desde una fuente anónima pero con firmas irrevocables, destapaba la estafa del siglo: la bancarrota absoluta de la familia de Mateo, sus deudas con redes de lavado de dinero y las pruebas de que el matrimonio con Victoria era una maniobra desesperada para saquear el fideicomiso de los De la Vega.

—¡Es un fraude! —gritó un importante inversionista desde la cuarta fila, poniéndose de pie con el rostro desencajado—. ¡Ese infeliz nos arruinó a todos!

—¡Mateo! —exclamó la madre de Helena, llevándose las manos a la cabeza mientras la prensa, apostada en el fondo, comenzaba a disparar los flashes de sus cámaras sin ningún respeto por el recinto sagrado.

El caos se apoderó de la basílica en cuestión de segundos. Los murmullos se transformaron en gritos, acusaciones y empujones. El sacerdote retrocedió, atónito, mientras Victoria, temblando de rabia y humillación, le arrancaba el ramo de flores a Mateo y se lo arrojaba a la cara.

—¡Eres un maldito mentiroso! —gritó Victoria, la voz quebrándosele en un alarido de histeria mientras intentaba abalanzarse sobre él. Los padres de la novia intervinieron, arrastrando a su hija hacia atrás entre sollozos y gritos de rabia.

Mateo quedó paralizado en el centro del altar, completamente destruido. Buscó desesperadamente a Helena con la mirada, buscando una rendija de compasión o auxilio. Pero Helena permanecía inmóvil, observando el colapso de su ex con una mezcla de shock y una fría y extraña fascinación. El hombre que la había hecho sufrir, el que había pretendido jugar con dos hermanas por dinero, yacía sepultado bajo el peso de su propia codicia.

Sin embargo, Mateo no tuvo tiempo de articular una sola palabra.

Leonardo emergió de la multitud. Se abrió paso entre los invitados aterrorizados con la parsimonia de un rey caminando sobre las ruinas de una ciudad conquistada. Subió los escalones del altar con lentitud calculada, haciendo que los flashes de la prensa se enfocaran inmediatamente en su figura imponente.

Se detuvo al lado de Mateo, sobrepasándolo por completo en altura y presencia.

—Tu tiempo se acabó, Mateo —murmuró Leonardo, con una voz grave que se filtró con claridad sobre el murmullo del recinto.

Sin esperar respuesta, Leonardo le dio la espalda al caído y caminó directamente hacia Helena.

La multitud pareció abrirse a su paso. La tensión en la iglesia cambió de frecuencia: la histeria del escándalo financiero dio paso a una fascinación morosa ante el movimiento del hombre más poderoso del salón. Helena contuvo la respiración al ver a Leonardo avanzar hacia ella. La adrenalina del escándalo le aceleraba el pulso, haciendo que la seda del vestido se apretara contra su pecho con cada respiración convulsa.

Leonardo se detuvo frente a ella. Ignorando los gritos de la madre de Helena, las lágrimas de Victoria y el desastre que lo rodeaba, extendió su mano hacia Helena. Sus dedos largos y firmes esperaban en el aire.

—Es hora de irnos, dulce Helena —dijo él. Su voz era un susurro rasposo, una orden envuelta en terciopelo y peligro que solo ella pudo escuchar.

Los ojos grises de Leonardo brillaban con una intensidad febril, victoriosa. Había destruido la boda, había aplastado al ex y había dejado en evidencia la hipocresía de la élite, todo en un solo movimiento perfecto. Y allí, en medio de las ruinas del altar, la estaba reclamando frente al mundo entero.

Helena miró la mano de Leonardo. Sabía que tomarla significaba sellar su destino, aceptar públicamente que pertenecía al hombre que había orquestado cada pieza de esta pesadilla. Miró a Mateo, deshecho y escoltado por la seguridad del evento; miró a su familia sumida en el caos. Y luego volvió a mirar a Leonardo: la firmeza de su rostro, el fuego abrasador de su mirada y el magnetismo oscuro que la arrastraba hacia él sin remedio.

Un estremecimiento de puro deseo y rendición le recorrió las venas.

Helena levantó su mano y colocó sus dedos sobre los de él.

El contacto de la piel de Leonardo, cálida y posesiva, la atravesó como una descarga eléctrica. Él cerró los dedos con fuerza alrededor de los suyos, enredando su agarre con un dominio absoluto. Tiró suavemente de ella hacia su cuerpo, pegando la cadera de Helena a la suya en medio del altar destruido, provocándole un jadeo ahogado.

—Vámonos —murmuró Helena en un hilo de voz, rindiéndose por completo a la marea.

Leonardo sonrió con una satisfacción oscura y devastadora. La tomó por la cintura con el brazo libre, protegiéndola de los flashes de los fotógrafos que se amontonaban en el pasillo, y la guio a través de la iglesia en llamas. Caminaron juntos sobre la moqueta roja, dejando atrás los gritos, los sollozos y las ruinas de un compromiso falso, mientras Helena comprendía que el verdadero incendio apenas comenzaba.

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Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
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