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El magnate y la mariposa

El magnate y la mariposa

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:19.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Elena Paz

Valentina Herrera tiene veinticinco años, un departamento diminuto en Narvarte y un trabajo que podría perder en cualquier momento. No pide mucho: pagar la renta, sobrevivir el Metro y que su jefa no la despida antes de fin de mes.

Una noche, su mejor amiga la arrastra a un bar en Polanco. Música cara, gente que huele a dinero, copas que cuestan lo que ella gana en un día. Valentina no pertenece ahí. Lo sabe. Todos lo saben.

Pero entonces aparece él.

Santiago Montero. Heredero de Grupo Montero. El tipo de hombre que no debería mirarla dos veces... y que no deja de buscarla después de esa noche.

Lo que empieza como un error de una copa de más se convierte en algo que Valentina no puede controlar: cenas en restaurantes donde no entiende el menú, un closet lleno de ropa que jamás podría pagar, y un hombre que la mira como si fuera lo único real en su mundo de cristal.

Pero la familia Montero no acepta a cualquiera. Don Fernando, el patriarca, tiene otros planes para su hijo. Planes que incluyen apellidos correctos, fortunas compatibles y una mujer que no viaje en Metro.

Y Santiago... Santiago tiene un secreto. Uno que va a destrozarla.

"Nunca más. Si me vuelves a mentir, desaparezco de tu vida para siempre."

¿Puede el amor sobrevivir a la mentira más cruel cuando esa mentira nació del amor más profundo?

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NovelToon tiene autorización de Elena Paz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Capítulo 2: La noche anterior

A la tercera llamada, Valentina apagó el celular.

El departamento quedó en silencio, salvo por el agua que todavía goteaba de la regadera y el ruido lejano de un claxon en la calle. Se quedó mirando la pantalla negra como si ahí pudiera encontrar una explicación razonable. No la había.

La explicación, si podía llamarse así, había empezado la noche anterior.

El viernes por la mañana, Valentina había salido de su departamento con café soluble en un vaso térmico y una blusa que había planchado con prisa sobre la cama. El Metro iba tan lleno que subió de lado, con la bolsa pegada al pecho y el cabello de una desconocida haciéndole cosquillas en la mejilla. Llegó a Reforma con los zapatos ya lastimándole los talones.

En Comercializadora del Valle, el aire acondicionado siempre estaba demasiado frío y las sonrisas de los jefes siempre demasiado calculadas.

—Herrera, ¿puede pasar a mi oficina? —dijo el Licenciado Garza antes de las diez.

Valentina levantó la vista de una hoja de Excel.

—Claro, Licenciado.

Lucía, desde el escritorio de enfrente, la miró por encima de la pantalla.

—Ay, no. Esa cara de Garza no me gusta nada.

Valentina intentó sonreír, pero se le quedó a medias.

La oficina del Licenciado Garza olía a café recalentado y a toner. Él no le ofreció sentarse, mala señal. Le habló de ajustes, de clientes que se habían caído, de una reestructura que "nadie quería, pero todos debían entender". Palabras limpias para una noticia sucia.

—Su nombre está en una lista preliminar —dijo al final, mirando una carpeta y no a ella—. Todavía no es definitivo. Si entra una cuenta fuerte este mes, quizá podamos mover algunas cosas.

Quizá. Algunas cosas.

Valentina sintió que el piso se volvía más delgado.

—Entiendo.

—Usted trabaja bien, Herrera. No es personal.

Eso casi la hizo reír. No era personal para él. Para ella sí era la renta, la luz, el saldo de la tarjeta, el boleto a Puebla que no había comprado porque este mes tampoco alcanzaba.

Cuando salió, Lucía ya estaba de pie junto a la copiadora.

—¿Qué pasó?

Valentina negó con la cabeza.

—Nada definitivo.

—Eso significa algo horrible dicho por alguien con corbata.

—Que tal vez me corren el próximo mes.

Lucía soltó una grosería tan baja que solo ellas dos la escucharon. Luego le puso un chocolate barato en la mano, de esos que guardaba en el cajón para emergencias.

—Come. Primero azúcar, luego crisis.

Valentina aceptó el chocolate y lo sostuvo sin abrirlo.

El resto del día avanzó como si alguien le hubiera bajado el volumen al mundo. Contestó correos, corrigió facturas, llamó a un cliente de Veracruz, fingió que no estaba calculando cuántos meses podría resistir con liquidación si de verdad la despedían. Al salir de la oficina, el cielo ya estaba morado sobre Reforma.

Iba en el Metrobús cuando entró la llamada de Isabella.

—Val, dime que no tienes plan esta noche.

—Tengo el plan más hermoso del mundo: lavar ropa y dormirme antes de las diez.

—Cancelado. Te paso a buscar a las nueve.

Valentina cerró los ojos.

—Isa, no tengo cabeza para salir.

—Precisamente por eso vas a salir. Te escucho como funeral con zapatos. ¿Qué pasó?

Valentina miró su reflejo en la ventana del Metrobús. Los labios apretados, el cabello recogido mal, la pulsera de mariposa atrapando un destello de luz.

—Creo que me van a despedir.

Hubo un silencio al otro lado. Cuando Isabella volvió a hablar, su voz cambió.

—Entonces con más razón. No te voy a dejar sola mirando el techo y haciendo cuentas en una servilleta.

—No tengo ropa para uno de tus lugares.

—Yo tengo ropa. Y maquillaje. Y una paciencia limitada, así que no me discutas.

—Isa...

—A las nueve, Val. Te quiero bañada.

Colgó.

Valentina llegó a Narvarte con ganas de meterse a la cama. En cambio, ordenó un poco el departamento, regó la albahaca y abrió el clóset. Lo mejor que tenía era un vestido negro que había comprado en rebaja para la boda de una prima. Sencillo, pegado al cuerpo sin ser vulgar. En su espejo pequeño se veía bien. Eso fue antes de imaginarlo bajo luces de Polanco.

A las nueve y veinte, Isabella tocó la puerta como si fuera una emergencia.

—¡Ábreme, Cenicienta con depresión financiera!

Valentina abrió y se encontró con su amiga cargando una bolsa de maquillaje y una chamarra de piel.

Isabella Navarro siempre parecía lista para ser fotografiada sin aviso. Cabello perfecto, labios rojos, perfume caro pero no escandaloso. Valentina la quería y a veces la odiaba por eso.

—No me llames así.

—Entonces deja de hacer esa cara. A ver, date la vuelta.

—Isa, en serio, no tengo dinero para...

—No vas a pagar nada. Emilio invitó. Es un cumpleaños de no sé quién, en Masaryk Lounge. Tú solo vas a tomar algo, bailar dos canciones y recordar que sigues viva.

Valentina frunció el ceño.

—¿Emilio va a estar?

La sonrisa de Isabella se tensó apenas.

—Sí. Con sus amigos.

—¿Eso es bueno o malo?

—Hoy no quiero pensar en eso.

Valentina la miró con más atención, pero Isabella ya estaba sacando brochas.

—Siéntate. Te voy a arreglar esa cara de "me habló Recursos Humanos".

Masaryk Lounge tenía una entrada discreta, de esas que no necesitaban letrero porque la gente correcta ya sabía dónde tocar. Un hombre con traje revisó una lista y dejó pasar a Isabella apenas la vio. A Valentina le revisó el vestido, los zapatos, la bolsa. O quizá ella sintió que lo hacía.

Adentro, la música no estaba alta; era peor. Era elegante. Todo brillaba sin parecer que lo intentaba: la barra iluminada, las copas delgadas, las mujeres con vestidos que no tenían etiqueta visible porque no hacía falta, los hombres con relojes que podían pagarle varios meses de renta.

Valentina se pegó a Isabella.

—Te odio un poquito.

—Eso significa que te ves hermosa.

—Significa que quiero irme.

—Cinco minutos.

Emilio Castellanos apareció con dos vasos en la mano y una sonrisa de hombre acostumbrado a entrar a cualquier lugar como si fuera suyo.

—Isa.

Le dio un beso en la mejilla que duró menos de lo que Valentina esperaba. Isabella también lo notó, aunque sonrió como si nada.

—Emilio, ella es Valentina. Mi mejor amiga.

—Mucho gusto, Valentina —dijo él—. Isabella habla mucho de ti.

—Espero que solo lo bueno.

—Con Isabella nunca se sabe.

La broma fue correcta. La risa de Isabella, demasiado rápida.

Emilio les señaló una mesa al fondo, donde había más gente. Patricio y Alejandro hablaban de un viaje a Miami. Una mujer con vestido plateado le preguntó a Valentina en qué zona vivía, y cuando ella dijo Narvarte, sonrió con una educación que raspaba.

—Ah, súper céntrico.

Súper céntrico. Como si hubiera dicho valiente.

Valentina tomó un trago para no contestar.

Entonces lo vio.

No entró haciendo ruido. No necesitó. El hombre apareció junto a Emilio con una camisa blanca y un saco oscuro, el cabello apenas despeinado, la expresión tranquila. No era el más escandaloso de la mesa ni el que más hablaba. Por eso mismo, todos parecieron acomodarse a su presencia.

—Santiago —dijo Emilio—. Te presento a Valentina, la amiga de Isa.

Santiago la miró.

Valentina sintió el impacto de esa mirada antes de entenderlo. No era descarada. No la recorría como otros hombres en bares. La sostenía, como si de verdad estuviera viéndola.

—Valentina —repitió él, y su nombre sonó distinto en su voz—. Mucho gusto.

—Igualmente.

Su mano era cálida. Firme. La soltó a tiempo, sin jugar a retenerla, y eso la desarmó más que cualquier coqueteo.

Durante la primera hora, Valentina intentó comportarse como alguien que pertenecía allí. Escuchó conversaciones sobre inversiones, viajes, cenas en restaurantes donde ella solo había visto fotos en Instagram. Bebió más de lo que debía porque cada sorbo le aflojaba un poco el nudo de la garganta.

Santiago no hablaba demasiado, pero cada vez que ella quedaba fuera de una conversación, él encontraba la manera de incluirla.

—¿Y tú qué haces, Valentina?

—Trabajo en comercio exterior. Nada emocionante.

—Depende. Mover mercancía en este país puede ser más peligroso que jugar golf con Patricio.

—Oye —protestó Patricio—, mi swing ha mejorado.

Valentina se rió. De verdad. Por primera vez en todo el día.

Más tarde, Isabella discutía en voz baja con Emilio cerca de la barra. Valentina fingió no verlos. Se quedó sentada, con una copa que ya no necesitaba en la mano, mirando el hielo derretirse.

—Toma.

Santiago le ofreció un vaso de agua.

Ella parpadeó.

—¿Tan mal me veo?

—Te ves como alguien que está tomando para no pensar.

Valentina quiso ofenderse, pero él no sonaba burlón.

—¿Y eso se nota mucho?

—Solo si uno está mirando.

Hubo una pausa. La música cambió. Alguien rió demasiado fuerte al otro lado del lounge.

—No deberías mirarme tanto, entonces —dijo ella, más valiente de lo que se sentía.

Santiago sonrió apenas.

—Tal vez ya es tarde para eso.

Ese fue el último momento nítido.

Después vinieron fragmentos: Isabella abrazándola y diciéndole que se iba un momento con Emilio. Patricio brindando por algo que Valentina no entendió. Una segunda copa que quizá fue tercera. El pasillo hacia los baños. Su tacón doblándose. La mano de Santiago en su codo, firme pero cuidadosa.

—Tranquila, Valentina. Respira.

—No me digas tranquila. Odio que me digan tranquila.

—Entonces no te lo digo.

Ella había reído contra su hombro. Recordaba eso con una claridad humillante. Recordaba el olor de su camisa. Recordaba que él le preguntó dónde vivía y ella no contestó, o contestó mal. Recordaba el agua. Sus dedos rozándole la muñeca, justo donde colgaba la mariposa.

—Bonita pulsera.

—Mi mamá dice que las mariposas cruzan continentes.

—Entonces son más fuertes de lo que parecen.

Luego, la memoria se rompía.

Un elevador. Su reflejo junto al de él. La voz baja de Santiago diciendo algo que pudo ser su nombre. Una puerta abriéndose. La ciudad encendida al otro lado de un ventanal.

Y nada más.

En el presente, Valentina seguía con el celular apagado sobre la mesa de su departamento. Se obligó a encenderlo solo para revisar si Isabella había escrito. Tenía seis llamadas perdidas del número desconocido.

Antes de que pudiera bloquearlo, entró un mensaje.

"Dejaste algo en la habitación. —S."

Valentina dejó caer el teléfono sobre la mesa como si le hubiera mordido la mano.

1
Zaira
Bella me encanto.
Aida Rodriguez
q feo fin
MANATE
💯🤗
AYA
😒😒😒 que boba🙄
Elena Yobany Santacruz Alejandria
dios q hombre terco..pero mas ella no afloja solo se complica.
Rosa Rodelo
Foto
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰
Elena Yobany Santacruz Alejandria
q paciencia tiene nuestro protagonista 🥰🥰
milagros perales
Me encantó
Yanira Aguilar
hermosa novela
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