Durante toda su vida, Lyra creyó que había nacido para ser olvidada y odiada por todos.
Mientras su hermosa y perfecta hermana Anastasia era admirada por todos, Lyra creció entre desprecios, sacrificios y secretos. Obligada a vivir en las sombras de la familia Valmont, jamás imaginó que el destino terminaría llevándola hasta el corazón del reino de Kryndall... y hasta los brazos del príncipe heredero.
Conociendo por primera vez el amor, encontrando una familia, descubriendo lo que significa ser feliz.
Pero cuando la verdad sobre Anastasia comience a salir a la luz, todo aquello que Lyra ha construido empezará a tambalearse.
Porque hay personas dispuestas a matar para ocultar el pasado y porque una pregunta imposible se niega a desaparecer: ¿Qué pasó realmente con Anastasia?
Entre conspiraciones, secretos familiares, traiciones, misterios y un amor capaz de desafiar el destino, Lyra deberá descubrir quién es realmente... antes de que las verdades enterradas destruyan aquello que ama
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Capítulo 2 – La Carta
La tinta negra manchaba ligeramente sus dedos.
El sonido suave de la pluma deslizándose sobre el papel llenaba el pequeño cobertizo mientras la joven pelirroja terminaba de redactar otra carta con una caligrafía impecable.
“…el condado Valmont agradece profundamente su cooperación…”
La muchacha sopló delicadamente la tinta fresca antes de tomar el sello del conde y presionarlo sobre el pergamino.
Sellado perfecto. Como siempre.
Aquel trabajo ya era parte de su vida.
· Limpiar el palacio.
· Cocinar.
· Cuidar la huerta.
· Lavar ropa.
· Ordenar documentos.
Y también… Escribir y firmar cartas en nombre del conde Octavian Valmont. Porque aunque jamás admitiría algo así públicamente, el orgulloso conde se negaba a redactar aquellas cartas.
El idioma universal de la nobleza, que provenía del país de Kryndall. Y ella lo hacía mejor que cualquiera.
Sus ojos miel recorrieron otro documento mientras una pequeña sonrisa nostálgica apareció en sus labios.
Le gustaba escribir, le gustaban las palabras, los cuentos, la literatura. Todo aquello era culpa de una sola persona: Su abuela. La única persona que alguna vez la había abrazado sin vergüenza. La única que acariciaba su cabello rojo sin mirarla como si fuera una maldición.
"Tu cabello no es una desgracia, pequeña. Es fuego. Y el fuego nunca nació para pedir perdón".
La joven bajó la mirada.
Todavía podía recordar aquellas tardes junto a la anciana, aprendiendo a leer bajo la luz de las velas mientras afuera el resto del mundo parecía odiarla.
Su abuela le había enseñado el idioma de Kryndall. Las historias antiguas, las canciones tradicionales y también le había regalado su tesoro más preciado. El viejo libro de tapas rojas descansaba cuidadosamente junto a su almohada.
El Famélico Gato Rojo. Su cuento favorito, sus dedos rozaron apenas la portada gastada.
—Abuela… —susurró apenas.
Índice.
Índice.
El sonido de la puerta la sacó de sus pensamientos.
-¿Lira?
La joven levantó la cabeza rápidamente.
La anciana empleada del palacio apareció en la entrada sosteniendo una lámpara de aceite.
Más de sesenta años habían encorvado ligeramente su espalda, pero sus ojos seguían siendo amables.
Era la única sirvienta de toda la propiedad. Y probablemente la única persona, además de Anastasia, que todavía trataba a Lyra como un ser humano.
—Tus padres te llaman al gran salón de reuniones —dijo la mujer con suavidad—. Están esperando.
Lyra dejó la pluma lentamente. Una sensación incómoda al presionar el pecho. Nadie la llamaba al salón principal sin motivo.
—Voy enseguida.
La anciana dudó unos segundos antes de acercarse con delicadeza y le acomodó un mechón rojo detrás de la oreja de Lyra.
—No bajes la cabeza demasiado, niña.
Lyra sonrió con tristeza.
—Eso es difícil en esta casa.
Y luego salió del cobertizo.
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El gran salón de reuniones estaba completamente iluminado. El enorme retrato de la familia Valmont decoraba la pared principal.
Bueno… Casi toda la familia. Porque Lyra no apareció en ningún cuadro.
Ella se detuvo unos segundos en la entrada.
El conde Octavio parecía más feliz de lo habitual. Incluso había una copa de vino en su mano, algo extraño en él.
La condesa Evelyne estaba radiante. Sus dedos acariciaban orgullosamente el largo cabello rubio de Anastasia, quien permanecía sentada junto a ellos con una expresión extrañamente inquieta.
—Nuestra hija será princesa… —decía Evelyne con una sonrisa emocionada—. ¿Te das cuenta, Octavio? ¡Princesa!
El conde soltó una carcajada seca.
—No hay princesa sola. Posiblemente reina en el futuro.
Anastasia bajó un poco la mirada.
—Madre…
—Al fin terminarán nuestros problemas económicos —continuó el conde ignorándola—. Lo seguiremos.
Entonces notaron la presencia de Lyra. La felicidad en el rostro de ambos desapareció de inmediato, como si su sola existencia arruinara la escena.
—Acércate. —ordenó el conde.
Lyra obedeció en silencio.
Octavian tomó una carta elegante adornada con un sello negro y dorado.
El emblema de Kryndall. El corazón de Lyra dio un pequeño vuelco.
—Responderás esto de inmediato —dijo el hombre entregándole el documento—. Es la propuesta formal del príncipe heredero de Kryndall.
Lyra tomó la carta con cuidado.
—Anunciarás que aceptamos el compromiso matrimonial con Anastasia y que ella viajará lo antes posible para formalizar la unión.
Por un instante... Algo doloroso atravesó el pecho de Lyra.
Kryndall. El hombre del jardín. Sus ojos verdes. La forma en que la había mirado.
Bajó rápidamente la cabeza para ocultar su expresión.
—Sí, padre.
Mientras sujetaba la carta, sus ojos buscaron involuntariamente a Anastasia. Y entonces lo notó… había tristeza y preocupación.
Los hermosos ojos azules de su hermana no brillaban como deberían hacerlo los ojos de alguien comprometido con un príncipe.
—De verdad… ¿es lo correcto? —preguntó Anastasia en voz baja.
La condesa frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué tonterías dices?
Anastasia presionó las manos sobre su elegante vestido.
—Escuché rumores sobre el príncipe de Kryndall… dicen que es frío… arrogante… que desprecia a las personas.
El conde soltó una risa burlona.
—Todos los hombres poderosos tienen mala reputación.
—Pero ni siquiera recuerdo haber hablado con él en el baile… —murmuró Anastasia—. Apenas y si lo vi.
—¡Eso no importa! —espetó Evelyne—. Lo importante es que te eligió a ti.
Tomó el rostro de su hija rubia entre las manos.
—Naciste para cosas grandes, Anastasia. Naciste para usar coronas.
El conde orgulloso.
—Serás reina algún día.
Lyra observó la escena en silencio. Y aunque el dolor seguía clavado dentro de ella, algo más fuerte apareció al mirar a su hermana.
Compasión. Porque Anastasia... nunca había sido cruel con ella. Jamás.
—Quizás los rumores no son ciertos… —dijo Lyra suavemente.
Todos volvieron a verla.
Ella tragó saliva.
—Tal vez el príncipe de Kryndall sea un buen hombre… culto… amable.
Grabó la conversación junto a la fuente. Las tradiciones, las historias, la emoción genuina en los ojos verdes de aquel hombre. Y sin darse cuenta… Sonrió apenas.
—Después de todo… la eligió a usted, hermana. Estoy seguro de que podría ser muy feliz a su lado.
Anastasia la miró sorprendida. Como si no esperara recibir consuelo precisamente de ella, pero el momento difícil poco.
—Ya escuchaste suficiente… —gruñó el conde.
La expresión de Octavian se endureció mientras observaba a Lyra.
—No confundas tu lugar en esta familia.
La sonrisa de Lyra desapareció lentamente.
—Tu hermana nació para ser admirada —continuó el hombre con frialdad—. Tú deberías agradecer que al menos te permitamos vivir bajo este techo.
La condesa soltó un suspiro molesto.
—Nos ha traído suficiente vergüenza con ese cabello maldito.
Lyra bajó la cabeza inmediatamente.
—Lo siento…
—Jamás tendrás lo que tiene Anastasia —dijo el conde con desprecio—. Lo único a lo que puedes aspirar es a trabajar para pagar la comida que consume y el techo que amablemente te hemos dado.
Cada palabra caía como una cuchilla, pero Lyra no respondió. Nunca respondía. Porque discutir solo empeoraba las cosas.
—Ahora vete y redacta la respuesta.
Ella inclinó ligeramente la cabeza.
—Sí, padre.
Y salió del salón. Sin mirar atrás, sin ver que Anastasia la observaba irse con los ojos llenos de culpa.
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La puerta del cobertizo se cerró tras ella.
Silencio. Por unos segundos, Lyra permaneció tranquila.
Luego levantó lentamente una mano hacia su cabello rojo. Las hebras ardían bajo la luz tenue de la lámpara. Ese color. Siempre ese color.
—¿Por qué no pude ser normal…? —susurró con la voz quebrada.
Sus dedos se aferraron a su cabello casi con rabia.
—¿Por qué no pude ser como Anastasia…?
· Hermosa.
· Amada.
· Deseada.
Ella no. Ella solo era la hija equivocada. La vergüenza escondida de los Valmont.
Respiró profundamente y trató de calmarse.
Entonces recordé la carta. Con movimientos lentos se sentó frente a la mesa de madera y abrió el pergamino.
El sello de Kryndall brilló bajo la luz.
Y por alguna razón… Su pecho dolió todavía más.
Tomó la pluma.
Comenzó a escribir en el elegante idioma universal de la nobleza.
“Es un honor para la familia Valmont aceptar la propuesta de matrimonio…”
Las lágrimas empezaron a caer silenciosamente sobre el papel. Lyra cerró los ojos con fuerza. Qué ridícula era.
¿De verdad había imaginado por un instante que alguien como ese príncipe podría fijarse en ella?
Claro que no.
Si un hombre viajaba desde Kryndall para pedir la mano en matrimonio de una mujer… Tenía que ser Anastasia. La hija hermosa, la perfecta.
No una muchacha fea y maldita que dormía en un cobertizo.
Una lágrima cayó directamente sobre la tinta fresca. Lyra se apresuró a limpiarla, pero ya era tarde.
La mancha negra se extiende lentamente sobre el nombre del príncipe.
Y sin saber por qué… Eso le hizo llorar todavía más.
mientras Kael manda. a investigar a Samira. para saber lo que pasa con la familia Valmonta
es cierto que ellos mismos la llevaron a Kryndall y ahora resulta que no quieren responder la compromiso que ellos mismos buscaban? jummm🤔🤔🤔🤔
pero también fue al huerto, leyó libros en la biblioteca.... ha tomado pequeñas decisiones que para ella son enormes
Ambos se parecen ... son amables y no tienen miedo de estar en medio de las personas... no hacen esas diferencias entre clases sociales
Aún así revisa que llevará botas para poder entrar al huerto!
esa conversación entre ellos nos revela que Osea elegió a Lyra como su prometida por alguna razón... y no lastima ni compasión....
y Karl se comportó a la altura al despedirlas como perros.... como lo que son ju mmmm....
Comos e atreven a cuestionar a una noble... sin importar como sea 🤬🤬🤬🤬🤬