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HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 1. EL INICIO DEL INCORDIO

 La perspectiva de José

José se apoyó contra la valla de metal que separaba el patio de primaria del de infantil, resoplando por quinta vez en menos de diez minutos. Tenía diez años y cursaba quinto de primaria, una edad en la que uno ya se cree lo suficientemente mayor como para no tener que andar esperando por nadie. Sin embargo, ahí estaba, atrapado por orden de su madre, que vigilaba la situación desde el coche aparcado en la acera de enfrente. Para José, aquello era una injusticia tremenda. Su tarde perfecta de videojuegos y fútbol con los chicos de su clase se estaba yendo al traste por tener que hacer de niñero.

—¡Joseee! —el grito agudo y cantarín de su hermana Laura rompió el murmullo de los padres y niños que abarrotaban la salida del edificio de infantil.

José levantó la vista, cruzándose de brazos con un gesto de fastidio muy ensayado. Vio a su hermana salir corriendo del pabellón de los más pequeños, cargando una mochila enorme con dibujos animados que le golpeaba el trasero. Pero la verdadera sorpresa —y la molestia añadida— venía justo detrás, agarrada de su mano. Era Estela, la vecina de la casa de al lado.

Tanto Laura como Estela tenían apenas cinco años y estaban en tercero de infantil. Para José, que ya dominaba el patio de los grandes, verlas avanzar era como ver a dos bebés torpes que apenas sabían caminar sin tropezar con sus propios cordones. Estela llevaba dos coletas altas que bailaban a los lados de su cabeza, unos calcetines blancos caídos hasta los tobillos y una sonrisa enorme donde todavía faltaban los dos dientes de leche de arriba. Eran el combo completo del incordio. Dos niñas ruidosas que no hacían más que interrumpir sus cosas de chico mayor.

—Mamá ha dicho que Estela se viene a cenar y a jugar a casa hoy porque su tía no puede recogerla —anunció Laura de sopetón, jadeando por el esfuerzo de la carrera y soltando la mano de su amiga.

—¿Otra vez? —protestó José, arrugando la nariz mientras miraba a Estela desde su altura—. Si no sabe jugar a nada. Es una cría que solo estorba y rompe las cosas.

Estela, lejos de asustarse por la mirada severa y la voz autoritaria del hermano mayor de su amiga, dio un paso al frente. Le sacó la lengua con descaro, enseñando el hueco de su encía.

—No soy una cría, Josecito. Soy muy grande —soltó la niña con esa voz chillona y mal pronunciada que a José le ponía los nervios de punta.

—¡No me llames Josecito, mocosa! —le espetó él, dándole un suave empujón con el dedo índice en la frente, lo justo para hacerla tambalearse un segundo sobre sus zapatos—. Anda, camina hacia el coche antes de que te pise con tu propia mochila.

Durante el trayecto a casa, José se encargó de hacerles la vida imposible desde el asiento delantero. Cada vez que miraba por el espejo retrovisor y veía a las dos niñas susurrar en sus sillas de seguridad, se giraba para asustarlas, les quitaba los muñecos que llevaban en las manos o les decía que en el jardín de su casa vivía un monstruo que solo devoraba a las niñas que no se terminaban la sopa. Disfrutaba viendo cómo Estela se ponía roja de la rabia, apretaba los puños y le gritaba que era un tonto. Para él, en ese momento, Estela no era más que una molesta extensión de su hermana, un estorbo de cinco años que venía incluido en el paquete de sus aburridas tardes familiares.

 La perspectiva de Estela

Estela apretó con fuerza la mano de Laura mientras caminaban hacia el coche de la madre de su amiga. Tenía el corazón latiéndole muy de prisa, pero no por la carrera que acababan de dar desde la clase de la señorita Carmen, sino por el chico de diez años que las esperaba con cara de pocos amigos junto a la barandilla de primaria.

José era el chico más guapo, alto y grande que Estela había visto en toda su vida. Aunque a su edad cinco años de diferencia parecían un abismo insalvable, a los ojos de una niña de tercero de infantil, José parecía un héroe de película, alguien inalcanzable y misterioso que ya iba al patio de los mayores y jugaba al fútbol de verdad. Desde el primer día que su familia se mudó al vecindario y lo vio cruzar el jardín con su bicicleta de marchas, Estela había decidido que quería llamar su atención a toda costa. El problema era que José siempre la miraba como si fuera un bicho molesto que interrumpía sus cosas importantes de quinto de primaria.

—No soy una cría, Josecito. Soy muy grande —le había dicho ella en la entrada del colegio, armándose de todo el valor que pudo reunir y plantándose firme frente a él.

Cuando José le tocó la frente con el dedo y se burló de su tamaño, Estela sintió un remolino de emociones extrañas y confusas en su pequeño estómago. Le dio mucha rabia, pero al mismo tiempo sintió un cosquilleo porque él la estaba mirando solo a ella.

Ya en el coche, la tortura continuó. José se pasaba el viaje dándose la vuelta desde el asiento del copiloto, haciendo muecas ridículas y contándoles historias de terror sobre monstruos escondidos en los árboles del jardín para asustarlas. Laura se tapaba los oídos, lloriqueando un poco por el miedo, pero Estela se obligaba a mantenerle la mirada fija, cruzándose de brazos y arrugando el ceño para demostrarle que era valiente. Aunque por dentro se moría de terror por la historia del monstruo, prefería mil veces que José le hablara para asustarla a que la ignorara como si no existiera.

Al llegar a la casa, mientras subían las escaleras hacia la habitación de juegos, Estela se detuvo en el rellano para mirar hacia abajo, observando cómo José dejaba su mochila de deportes en el recibidor con total desdén.

—Tu hermano es muy malo, Lau —susurró Estela, asegurándose de que su voz no llegara hasta abajo.

—Es un tonto de primaria —coincidió Laura, restándole importancia mientras abría la puerta de los juguetes—. Solo quiere molestarnos porque hoy no tiene entrenamiento. No le hagas caso.

Estela asintió con la cabeza, pero la verdad era que no podía dejar de mirar hacia el pasillo por donde él había desaparecido. Deseaba con todas sus fuerzas dejar de ser la "mocosa ruidosa" de cinco años ante los ojos de José. Se prometió a sí misma, con la inocencia de su edad, que algún día crecería, que se volvería muy alta y que obligaría a José a mirarla de una manera completamente diferente, sin burlas ni empujones en la frente. Lo que la pequeña Estela no sospechaba era que esa promesa infantil marcaría el inicio de una larga, dolorosa y apasionante historia que tardaría años en resolverse.

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alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
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