Ela una chica que era bondadosa y alegre se dará cuenta de que su familia no es lo que parece y perderá su vida . La vida o el destino le dará una oportunidad para hacer las cosas bien.
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Capítulo 2: La villana despierta
Un dolor agudo atravesó la cabeza de Ela.
Su respiración era pesada y cada parte de su cuerpo parecía arder. Intentó moverse, pero una sensación de debilidad la obligó a permanecer inmóvil durante varios segundos.
Poco a poco abrió los ojos.
Lo primero que vio fue un elegante dosel de terciopelo rojo adornado con bordados dorados. Sobre su cabeza colgaba una lámpara de cristal cuyas pequeñas piezas reflejaban la luz de varias velas encendidas.
Aquello no era un hospital.
Aquello no era su habitación.
Aquello no era el año 2023.
Ela se incorporó bruscamente.
Al hacerlo, una oleada de recuerdos desconocidos invadió su mente.
Nombres.
Rostros.
Lugares.
Años enteros de experiencias que no le pertenecían.
El dolor fue tan intenso que tuvo que sujetarse la cabeza.
—¿Qué está pasando?
De repente la puerta se abrió.
Una joven sirvienta entró corriendo.
Tenía el cabello oscuro recogido en una sencilla trenza y llevaba un uniforme gris con delantal blanco.
Al verla despierta, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Señorita Evelina!
Ela se quedó inmóvil.
Evelina.
Ese era el nombre de la villana.
La misma mujer que había sido condenada injustamente en la novela.
La misma mujer que había muerto acusada de crímenes que jamás cometió.
La misma mujer cuya vida había lamentado mientras leía.
La sirvienta corrió hasta la cama.
—Gracias a los dioses. Pensé que no despertaría.
—¿Quién eres?
La muchacha abrió los ojos sorprendida.
—Soy Nora, señorita.
Ela recordó inmediatamente aquel nombre.
Nora era una de las pocas personas que había permanecido fiel a Evelina hasta el final.
Incluso en la novela había intentado salvarla.
Sin éxito.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
—Tres días completos.
Tres días.
Ela respiró profundamente.
Necesitaba ordenar sus pensamientos.
Necesitaba entender en qué momento de la historia se encontraba.
Y sobre todo necesitaba recordar qué ocurría después.
—¿Qué fecha es hoy?
Nora la observó extrañada.
—Año 817 del Imperio de Astoria.
Ela sintió un escalofrío.
Era real.
Todo era real.
Había reencarnado.
Nora ayudó a Ela a levantarse.
Cuando finalmente llegó frente al enorme espejo de la habitación, quedó sin palabras.
La mujer reflejada era extraordinariamente hermosa.
Su cabello era largo, negro como la noche y caía en suaves ondas hasta la cintura.
Sus ojos tenían un intenso color violeta que parecía imposible.
Su piel era tan blanca que recordaba a la porcelana más fina.
Los delicados rasgos de su rostro le otorgaban una belleza elegante y refinada.
Ahora entendía por qué la describían como la mujer más hermosa del imperio.
—Señorita, ¿se encuentra bien?
Ela tardó varios segundos en responder.
—Sí... creo que sí.
Mientras observaba su reflejo comenzaron a surgir más recuerdos.
Evelina Valmont.
Hija única del duque Valmont.
Prometida del príncipe heredero.
Temida por toda la nobleza.
Odiada por casi todo el reino.
Y completamente inocente.
Ela conocía perfectamente el futuro.
Sabía que dentro de unos años sería acusada de intentar asesinar a su hermanastra.
Sería traicionada por su prometido.
Perdería a su familia.
Perdería su título.
Y terminaría ejecutada públicamente.
Todo mientras la verdadera culpable recibía el amor, la admiración y la corona.
—No esta vez —murmuró.
—¿Señorita?
—Nada, Nora.
Pero en realidad era mucho.
Porque acababa de tomar una decisión.
No permitiría que la historia se repitiera.
Mientras desayunaba, una nueva información apareció en sus recuerdos.
Y la hizo sonreír.
Actualmente tenía dieciséis años.
Eso significaba que todavía faltaban varios años para las grandes tragedias de la novela.
Todavía podía cambiar todo.
Todavía tenía ventaja.
Todavía podía prepararse.
—Excelente —susurró.
—¿Dijo algo, señorita?
—No. Solo estaba pensando.
Nora la observó con cierta sorpresa.
La antigua Evelina era arrogante, impulsiva y bastante malhumorada.
Sin embargo, desde que despertó parecía una persona completamente diferente.
Mucho más tranquila.
Mucho más amable.
Mucho más inteligente.
De repente las puertas del comedor se abrieron.
Un hombre alto ingresó acompañado por varios sirvientes.
Vestía un elegante uniforme militar azul oscuro decorado con insignias plateadas.
Su cabello negro mostraba algunas canas en las sienes.
Su mirada era firme y autoritaria.
El duque Alexander Valmont.
Padre de Evelina.
Uno de los hombres más poderosos del imperio.
Ela recordó que en la novela él adoraba profundamente a su hija.
Sin embargo, una serie de manipulaciones terminarían alejándolos.
Hasta el punto de que acabaría creyendo las mentiras sobre ella.
Y cuando descubriera la verdad sería demasiado tarde.
—Evelina.
Su voz grave resonó por el comedor.
—Padre.
El duque pareció sorprendido.
Normalmente ella nunca lo saludaba de forma tan cordial.
—Me alegra ver que has despertado.
—Gracias por preocuparse.
Alexander casi dejó caer la taza que sostenía.
Nora abrió los ojos como platos.
Y varios sirvientes intercambiaron miradas confundidas.
Aquello era completamente inesperado.
Ela tuvo que contener una sonrisa.
Tal vez adaptarse a su nueva vida sería más divertido de lo que imaginaba.
Y apenas estaba comenzando.
Sin saberlo, en alguna parte del imperio también vivía un joven noble destinado a convertirse en el villano más temido de la historia.
Un hombre que acabaría enamorándose perdidamente de ella.
Un hombre que moriría en la historia original.
Y al que Ela, algún día, intentaría salvar.