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Prisionera De Fuego

Prisionera De Fuego

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

"Prisionera de Fuego"
Min-jae, una humilde profesora de 22 años, acepta un trabajo desesperado en la Cárcel Seúl Elite sin saber el mundo que está por descubrir. Allí conoce a Kyung-ho, un apuesto mafioso coreano de 25 años que, tras las rejas, observa cada uno de sus movimientos en silencio.
Lo que comienza como una tensión silenciosa entre profesor y recluso se convierte en algo inevitable cuando un atentado nocturno envenenado los deja a ambos luchando por sobrevivir en la enfermería de la cárcel. Atrapados, drogados y desesperados, se encuentran en una noche que lo cambia todo.
Cuando ella decide irse, él sale libre. Pero el destino tiene otros planes.
Una reencuentro accidental años después deja claro que algunos fuegos nunca se apagan.
Una historia de supervivencia, pasión prohibida y la imposibilidad de olvidar.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bajo Presión.

CAPÍTULO 2

"Bajo Presión"

La tensión entre Min-jae y Kyung-ho crece. Ella descubre fragmentos de quién es realmente él. Esa noche, la cárcel es atacada en un intento de asesinato contra Kyung-ho. Un "accidente" con las bebidas en la enfermería los deja envenenados, forzando una proximidad que ninguno esperaba.

El rumor llegó a través de los guardias en susurros.

"El Fantasma está aquí," escuché que decían. "Kyung-ho Park. El que supuestamente controla media Seúl desde una celda."

Pero eso era imposible. Kyung-ho era... no era eso. Era un hombre que hacía preguntas sobre poesía. Que escribía notas sobre los versos de Daewon-gun. Que una vez, cuando corrí con un café caliente que alguien derramó en mi blusa, ofreció su chaqueta sin decir palabra.

Esa noche fue diferente. Sentí la tensión en el aire, como electricidad previa a una tormenta.

Los alaridos comenzaron alrededor de las 22:00. Explosiones sordas. Disparos. El pánico recorría los pasillos. Los guardias corrían, gritaban códigos que no entendía. Mi teléfono celular fue confiscado inmediatamente. Nadie entraba ni salía de la cárcel.

Un guardia me encontró acurrucada en mi oficina.

"Profesora, debe quedarse aquí. Hay un incidente de seguridad. Nadie se mueve."

Pasaron horas. La noche se convirtió en un limbo gris y aterrador.

Alrededor de las 3 de la mañana, fui a buscar agua. La enfermería estaba custodiada, pero el guardia me dejó pasar. Agarré de una caja de botellas de agua de un pack en la esquina, sin pensar.

El agua sabía extraño. Metálico.

Mis manos comenzaron a temblar. Mi visión se nubló. Caí de rodillas, el corazón palpitando de forma errática, como si quisiera escapar de mi pecho.

Cuando recuperé la conciencia, estaba en la enfermería. En una cama. Y en la cama de al lado, estaba él.

Kyung-ho estaba tendido en las sábanas blancas, su piel asombrosamente pálida contra su oscuridad natural. Sudaba profusamente. Sus manos, esas manos fuertes que me habían intrigado, estaban cerradas en puños apretados. Un monitor cardíaco marcaba un ritmo agitado.

"¿Qué...?" intenté hablar, pero mi boca estaba seca.

Los ojos de Kyung-ho se abrieron lentamente. Me vio y su expresión cambió. Dolor. Alivio. Algo salvaje.

Uno de sus hombres —un guardia corrupto, me di cuenta después— entró silenciosamente.

"Jefe, el antídoto no es suficiente. Necesitas..." se detuvo, mirándome. Luego volvió a mirar a Kyung-ho con una expresión que era casi de disculpa.

"¿Necesita qué?" pregunté, mi voz pequeña.

Kyung-ho cerró los ojos de nuevo.

"La droga en el agua," explicó el hombre sin emoción, "es un veneno que fue diseñado para él. Pero hay una forma de neutralizarlo. Contacto físico intenso. Fricción. Calor corporal combinado. Es como... quemar el veneno desde adentro."

Entendí antes de que terminara.

"No," dije.

"Profesora, está viendo si sobrevive," dijo el hombre con más urgencia. "Y usted también está envenenada. Está en la misma situación."

Miré mis manos. Temblaban incontrolablemente. Mi pecho ardía. La habitación giraba lentamente.

Kyung-ho abrió los ojos nuevamente. Esta vez, la mirada era diferente. Era la mirada de alguien en el borde del abismo.

"Ayuda," dijo, con una voz que casi no lo reconocí. "Necesitamos ayuda. Ambos."

Los hombres salieron. Sellaron la puerta.

Lo que pasó después fue un borrón de sensaciones. Fuego. Manos. Besos que sabían a desesperación y adrenalina. Kyung-ho me besó como si fuera la última cosa viva en el universo, como si pudiera absorber la vida directamente de mis labios. Sus brazos me envolvieron, fuertes, inmensamente fuertes.

"Lo siento," susurraba entre besos, pero no sabía si se disculpaba por lo que estaba pasando o por algo más profundo.

Mi cuerpo respondía por instinto, por supervivencia, por algo que no podía nombrar. El calor entre nosotros se convirtió en fuego. Sus manos, ahora explorándome, eran tanto protección como posesión. Me tomó con una intensidad que me robó el aliento, que me quemó desde adentro.

Una vez no fue suficiente. Nos encontramos de nuevo, entre las sábanas, nuestros cuerpos escribiendo un lenguaje que la droga y el pánico traducían en urgencia pura.

No sé cuándo me desmayé. Solo recuerdo el calor de su pecho contra mi espalda, su respiración en mi cuello, murmurando algo en coreano que sonaba como una plegaria, sus besos que me hicieron tocar el cielo con las manos. Solo recuerdo que sus labios recorrieron todo mi cuerpo, fue un momento donde dos cuerpos se volvieron uno, ardiendo de deseo y placer.

Nunca imagine que podría sentir tanto en tanto solo un momento.

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