Esta novela es una compilación de toda la investigación de Mayday Brown, sobre unos raros acontecimientos ocurridos a lo largo de las ciudades del país.
Se cree que esta investigación esta altamente relacionada al terremoto que destruyo ciudades enteras.
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Capitulo #2
Mientras ambos hermanos intentaban asimilarlo. Su hermana menor, Angélica Brown, la más pequeña de la familia Brown, se encontraba frente al hospital donde hacía sus prácticas.
Sus piernas temblaban por el helado viento que la estaba golpeando con fuerza, con sus manos temblorosas llamó a Sydney, su hermana mayor.
—O-Oye, Sy-Syd ¿Ya fue mamá por ti?, es que me dijo que iba a ir por mi después de recogerte a ti ¡Y ya me estoy congelando! Mi culo está helado de tanto estar sentada en la banqueta
—¿Eh? ¿Iba a ve-venir por... por nosotras? Por... Por lo que yo re-recuerde, ho-hoy no iba a venir por mí, ya que... ya que ella tenía una cita con el me... médico —respondió Sydney tartamudeando—
—Psh ¡Esa anciana! A mí me dijo que iba a venir por mí
—S-si qui-quieres puedo... puedo ir por ti, solo espérame unos minutos mientras termino de guardar mis cosas
—Es mejor que no te tardes, porque si me enfermo ¡Juro que te mato! Tonta —la amenazó de forma juguetona para luego estornudar—. Agh, esa anciana juro que me las pagará —susurró para sí misma—
Cuando la llamada con su hermana mayor terminó, Angelica se quedó ahí sola, jugando con su celular. Parecía que serían otros largos minutos más en los que debía esperar a que vinieran por ella.
Sin embargo... mientras jugaba a un pequeño juego indie, un mensaje hizo vibrar su celular. Angelica al principio creyó que era de su mamá pero al abrirlo sintió como toda la sangre de su cuerpo se volvía aún más helada de lo que estaba por el frío.
Sus ojos se ensancharon de miedo y se decoraron con pequeñas lágrimas al ver que era un mensaje que alguien había enviado desde Amphy City.
—Mi pequeña Holly ¿Aún nos recuerdas? Tu cachorrito aún te está esperando... él me pregunta todos los días cuando regresarás por nosotros
Angelica sin pensarlo ni por un segundo intentó bloquear el número pero... una mano con garras tan afiladas como cuchillos, la agarró de la muñeca con fuerza, haciéndole unas heridas que mancharon su mano en sangre.
Desesperada y con un grito ensordecedor lanzó su celular a la calle, donde fue destrozado por los carros que pasaban por ahí.
—Qué... qué... ¿qué mierda fue eso? —jadeó sujetando con fuerza su muñeca—
En la noche oscura y fría que envolvía la ciudad de Moncia, la hija del medio de los Brown, salió temprano de su trabajo, en unos baños japoneses que estaban en lo alto de una colina.
Sydney Brown, normalmente escuchaba música como una forma de mantener su ansiedad controlada, solo que esa noche, ni siquiera su música sería suficiente.
En su camino hacia el hospital, la música que escuchaba comenzó a distorsionarse volviéndose cada vez más en las canciones de un programa infantil.
Lo que terminó por erizar cada vello en su cuerpo, desesperada intento ponerle pausa a la música, pero antes de poder hacerlo, recibió una llamada de lo que parecía ser su hermana menor.
—Syd... Te necesito... Ven conmigo... Por favor, te necesito... —imploró lo que parecía ser Angélica—
—¿Qu-Qué? An... ¿Angelica, es-estas bien? —preguntó preocupada y con la voz temblorosa—
—Me estoy muriendo... Syd... ¡Me estoy muriendo! ¡Estoy por morir! ¡Y solo mi princesa azul puede salvarme! Por favor te necesito
—Es-esperame ahí y no... y no... y note muevas, An... —dijo Sydney comenzando a correr para llegar cuánto antes con su hermanita—
—Por favor... Ven... —comenzó a reírse cerca del celular— Que tenga tanta hambre... —una lengua larga y húmeda salió del celular de Sydney—. Y te necesito... —se burló lamiendo la oreja de Sydney—
Al sentir la lengua húmeda de Elizabeth en su oreja, Sydney soltó un chillido de rata al mismo tiempo que dejaba caer su celular. Con la mano en su pecho y con los ojos bien abiertos se alejó de su celular.
De su celular salieron unas manos que lo estiraron hasta volverlo tan grande que esa chica de cabello celeste pudo asomarse. Cruzar miradas con ella, hizo que Sydney se tropezara con sus propios pies y cayera al suelo con algunas lágrimas escurriendo de su rostro.
—Oww, así que si me recuerdas... Mi hermosa princesa azúl —murmuró saliendo del celular—
—Eli... Eli... Eliza... Elizabeth... —tartamudeo, sintiendo como algo líquido empapaba sus bragas y su falda—
—Jaja, veo que tus viejos hábitos nunca desaparecen ¡Sigues siendo una niña miedosa y cobarde! Qué lástima para tus hermanos que alguien tan patética como tú... sea la única que aún tiene lazos con esas cucarachas
Sydney cegada por el miedo que sentía por esa chica con cabello celeste, se puso de pie para comenzar a correr en dirección al hospital sin voltear hacia atrás. Escuchando tan solo la risa burlona y chillona de Elizabeth resonando por toda la calle y en su cabeza.
Los hermanos Brown no tardaron en reunirse en la casa de sus padres para hablar sobre el inesperado regreso de su vieja amiga de Amphy City.
Angelica llegó a su casa con la mano vendada, esto a causa de las heridas hechas por Elizabeth.
Sydney no dejaba de temblar y de abrazarse a sí misma. Jade bebía sin parar su té de manzanilla en un intento por calmarse.
La cabecilla de los hermanos, Mayday se mantuvo frente a ellos mientras llamaba a alguien del pasado.
—Creí... Creí que el ritual de los Linzaki había funcionado... Angelica —volteo a ver a Mayday—. ¡Debería haber funcionado! ¡Tú dijiste que iba a funcionar! Igual que funcionó contigo hace 20 años
—No-no lo entiendo. Por... Por... ¿por qué no nos mató? —pregunto con la mirada en el suelo—
—Tal... Tal vez... Solo... —tragó saliva con cierta dificultad—. Tal vez solo está jugando con nosotros
—Fu-Fue mi culpa... si ese día no me hubiera separado de ustedes, ella no... yo... —agachó la cabeza mientras recordaba aquel día en el que comenzó todo— Lo siento...
—Syd... —susurró acercándose a su hermana menor— Hey, no fue tu culpa, eras solo una niña —añadió abrazando a Sydney. Sydney correspondió su abrazo, rodeando a su hermana con sus brazos delgados y temblorosos—.
—Lo siento... —sollozó llena de culpa, en el pecho de Mayday—
...-NO DEBES OLVIDAR... ATENTAMENTE: MAYDAY BROWN-...