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El Alfa De Hielo Y El Refugio Del Omega

El Alfa De Hielo Y El Refugio Del Omega

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / CEO / Padre soltero
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Pau Orozco

Alexander Sterling Blackwood lo tiene todo: poder, una fortuna incalculable y el control absoluto de un imperio empresarial. Es el Alfa dominante más poderoso del país, pero también el más solitario. Desde la noche en que su esposo murió en un trágico accidente de tránsito, su mundo se tiñó de gris. Para sobrevivir al dolor, Alexander congeló sus instintos, sepultó su aroma a madera de sándalo quemada y whisky, y se escondió detrás de una armadura de hielo y supresores, convirtiéndose en una “sombra" fría que mantiene a todos a distancia… incluido a su hijo Alistair, de apenas cinco años, un cachorro omega que crece en el silencio de una mansión vacía, ansiando desesperadamente un abrazo de su padre.

​Liam Miller es un Omega puro que solo busca un empleo estable para reconstruir su vida. Tras sufrir la dolorosa traición de su exnovio, quien lo engañó con su mejor amigo, Liam llega a la imponente Mansión Sterling con el corazón lastimado, pero con la firme intención de salir adelante.

NovelToon tiene autorización de Pau Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Un imperio de hielo.

​El segundero del reloj de pared avanzaba con una monotonía exasperante. Alexander mantenía la mirada fija en los ventanales de su oficina, en el piso cuarenta del edificio corporativo Sterling, observando cómo la ciudad comenzaba a encender sus luces artificiales. Abajo, la gente corría, vivía, sentía. Aquí arriba, solo había silencio y números en pantallas.

​Alexander llevó dos dedos al puente de su nariz, masajeando la zona para mitigar una jaqueca intermitente. Abrió el cajón de su escritorio de caoba y sacó un frasco metálico sin etiquetas. Extrajo dos pastillas de color gris opaco y se las tragó sin agua. Supresores de grado militar. La dosis normal para un alfa promedio era de media pastilla cada doce horas; Alexander tomaba dos cada mañana y dos cada noche. Era la única manera de mantener encadenado a su Alfa dominante, de congelar sus instintos y, sobre todo, de enterrar un aroma a sándalo quemado y whisky que solía ser imponente, pero que ahora solo le recordaba a la muerte.

​Hacía cinco años que Alexander no sentía nada. Cinco años desde que el teléfono sonó a medianoche para informarle que el auto de su esposo había sido embestido en la autopista de la costa, dejándolo sin vida al instante. Alexander lo había amado con una devoción racional y protectora, y su pérdida lo había roto de una forma que la medicina no podía explicar. Además de que había dejado un cachorro de apenas 2 meses, Alexander para no volverse loco, decidió convertirse en una máquina. Enterró el dolor bajo montañas de trabajo y un control absoluto sobre su imperio empresarial. Se convirtió en el témpano de hielo que todos temían.

​Una suave vibración en su escritorio lo devolvió a la realidad. Su secretaria anunciaba que su auto estaba listo en el estacionamiento.

​Alexander se colocó el saco del traje a la medida, ajustó los puños de su camisa y salió de la oficina. Su sola presencia en el pasillo hizo que los empleados bajaran la cabeza instintivamente. Su aura, incluso sofocada por los medicamentos, seguía siendo la de un depredador Alfa de la cadena más alta. Nadie se atrevía a sostenerle la mirada.

​El trayecto hacia la Mansión Sterling fue igual de silencioso. Sentado en el asiento trasero de su Bentley Mulsanne, Alexander revisaba informes financieros en su tableta. No pensaba en el hogar, porque para él, esa inmensa propiedad de la que era dueño había dejado de ser un hogar hacía mucho tiempo. Era solo un edificio lujoso donde pasaba las noches.

​Cuando el vehículo cruzó las rejas de hierro forjado y se detuvo ante la fachada colosal de la mansión, el reloj marcaba casi las nueve de la noche. Alexander bajó del auto y entró a la estancia principal.

​Al cruzar el umbral, una pequeña figura apareció al final del pasillo. Era Alistair.

​El cachorro de cinco años vestía un pijama pulcro y sostenía un pequeño dinosaurio de plástico en la mano. El niño dio un par de pasos tímidos hacia su padre, sus grandes ojos fijos en el hombre alto y distante. Alexander agudizó su olfato por un segundo: Alistair olía a vainilla natural y leche, pero era un aroma diluido, impregnado de la tristeza y la soledad que reinaban en la casa. El cachorro ansiaba un abrazo, que su padre se arrodillara y lo estrechara contra su pecho, pero Alexander se quedó estático.

​—Señor Sterling, buenas noches —intervino la señora Greyson, apareciendo detrás del niño y colocando una mano protectora en el hombro del cachorro—. Alistair insistió en esperarlo antes de dormir.

​Alexander miró a su hijo desde las alturas. Sentía un afecto profundo por él, pero el miedo a volver a amar y perder era un monstruo tan grande que le impedía acercarse emocionalmente. Tenía miedo de que su propia frialdad o su aroma rancio lastimaran al niño.

​—Ya es tarde, Alistair —dijo Alexander. Su voz sonó profunda, monótona, desprovista de cualquier calidez—. Debes ir a la cama. Mañana tienes clases particulares temprano.

​El pequeño omega bajó la cabeza, sus hombros se encogieron sutilmente y apretó el juguete contra su pecho. Su aroma a vainilla se volvió aún más tenue.

​—Sí, papá. Buenas noches —susurró el niño con un hilo de voz, dándose la vuelta para subir las escaleras junto al ama de llaves.

​Alexander observó la pequeña espalda de su hijo desaparecer en el segundo piso. Una punzada de culpa, sorda pero constante, le atravesó el pecho, pero la ignoró con la destreza que dan los años de práctica. Caminó hacia su despacho, se sirvió un vaso de whisky puro y se sentó detrás del escritorio.

​Unos minutos después, la señora Greyson llamó a la puerta y entró con una carpeta en las manos.

​—Señor Sterling, disculpe la interrupción —dijo la beta con tono respetuoso pero firme—. Sé que no le gusta que lo interrumpa en sus horas de lectura, pero esto es urgente. El joven Alistair está creciendo demasiado solo. Necesita un cuidador de tiempo completo, alguien que esté con él, que vigile su desarrollo ahora que sus instintos de omega están empezando a despertar.

​Alexander dio un sorbo a su copa. El líquido amargo le quemó la garganta, pero no alivió su tensión.

​—Ya les pago a los mejores tutores y al personal de seguridad, Sra Greyson. El niño está protegido.

​—Está protegido físicamente, señor, pero emocionalmente está vacío —replicó el ama de llaves con una valentía que pocos tenían frente a él ya que la señora Greyson tiene años trabajando para su familia—. Necesita a alguien constante. He preparado un anuncio de empleo para un niñero a tiempo completo. Solo necesito su autorización para publicar la oferta mañana mismo.

​Alexander cerró los ojos por un instante. Pensar en meter a un extraño en su espacio personal, en alguien que alterara el silencio que tanto le costaba mantener, le resultaba molesto. Sin embargo, al recordar la mirada triste de su hijo hace unos minutos, su instinto de protección Alfa cedió mínimamente.

​—Hazlo —respondió Alexander, abriendo los ojos y clavando su mirada gélida en la mujer—. Pero asegúrate de filtrar bien a los candidatos. No quiero escándalos, no quiero omegas interesados en mi fortuna y no quiero que nadie altere mi rutina. Quien venga, viene a trabajar para Alistair, no para mí. Mantén a esa persona lejos de mi vista.

​—Entendido, señor Sterling. Mañana mismo iniciaremos la búsqueda.

​La mujer se retiró de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Alexander se quedó a solas con su vaso de whisky y sus pensamientos oscuros. Miró el gran cuadro familiar que colgaba en la pared de su despacho, donde su difunto esposo sonreía a la cámara, y dejó escapar un suspiro pesado.

​Alexander creía tener el control absoluto de su vida, de su empresa y de sus emociones. Creía que sus muros de hierro eran indestructibles. Lo que el Alfa dominante no sospechaba era que, a pocos kilómetros de ahí, un anuncio de empleo estaba por poner su mundo de cabeza, y que el invierno en el que había decidido vivir estaba a punto de terminar.

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Maru19 Sevilla
No te preocupes autora, lo primero siempre serás tú, cuídate 👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que bonito!!!
Victoria 017
espera que ella enfrente las consecuencias está vez, no conozco el anterior omega, pero según la descripción, parece ser buena persona.
Maru19 Sevilla
Que bueno que descubrieron a la loca👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Le salió mal la jugada a la loca, los unió más 🤭
Maru19 Sevilla
Ojalá que la encuentre rápido y la haga pagar/Grievance/
Maru19 Sevilla
Rematada mente loca😱
Maru19 Sevilla
Maldita loca!
Maru19 Sevilla
No sé a sabido nada de la loca😱
Maru19 Sevilla
Haber que dice la loca después de saber cómo va la relación entre el Alfa y el Omega 😱
Maru19 Sevilla
Ya cayó ese Alfa🥰
Maru19 Sevilla
Se va a rendir ese Alfa quiera o no
Maru19 Sevilla
Que duro es ese Alfa😱
Maru19 Sevilla
Haber como le va al Omega con la loca😱
Maru19 Sevilla
Esa loca de dónde salió?
Maru19 Sevilla
El Alfa va aprender el dicho " Cae más rápido un hablador que un cojo "
Maru19 Sevilla
Es emocionante está novela 👏👏
Maru19 Sevilla
Ese par de infieles van acabar mal es ley de vida
Oly-chan
Me gusta ❤️
Marcela Ponce
estupido, que culpa tiene el bb, es el mejor regalo que le dejo su esposo
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