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UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Embarazo no planeado / Romance
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Mckasse

Un alfa embarazado de un Omega dominante

Dante Lombard Sanford siempre vivió a la sombra de su familia, hasta que conoció a Trébol Armstrong, un omega dominante que desafía todas las reglas. Lo que comienza como una atracción imposible termina convirtiéndose en un amor capaz de romper las leyes de la biología y los prejuicios de la sociedad.

Cuando Dante descubre que está embarazado de un omega, ambos deberán enfrentarse al rechazo, las ambiciones familiares y a quienes intentarán separarlos. Juntos demostrarán que el verdadero amor no entiende de jerarquías, solo de la valentía para elegir a la persona correcta.

NovelToon tiene autorización de Mckasse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Soy un Omega que no se domestica

Por eso Dante me resultó tan problemático desde el principio.

Porque lo primero que pensé al verlo fue que era precioso.

Lo segundo fue que eso era una desgracia.

Y lo tercero fue que, si ese alfa seguía mirándome como me miraba mientras fingía no estar coqueteando, tarde o temprano iba a meterme en un problema emocional de dimensiones olímpicas.

En algún momento pensé que sería mi predestinado. Pero enterré esa idea porque hacia años ya me había decidido a no ser domesticado por nadie.

No ayudó descubrir que, debajo de los trajes caros y la sonrisa insolente, había un hombre con una necesidad desesperante de aprobación, un orgullo maltratado y una tendencia peligrosa a venirse abajo cuando alguien lo trataba con un poco de cuidado.

Tampoco ayudó enterarme de quién era.

La primera vez que escuché el apellido completo de Dante no le di demasiada importancia. Soy malo para la farándula empresarial y bastante peor para interesarme en conglomerados familiares. Pero un par de semanas después, Ariadna me enseñó un artículo de negocios en el teléfono mientras desayunábamos en mi cocina.

—No me digas que es él, el tipo que va al gym.—dijo, acercándome la pantalla.

Allí estaba.

Dante Lombard Sanford, impecable en una fotografía de evento corporativo, con un traje gris oscuro, la mandíbula tensa y la expresión de alguien que preferiría masticar vidrio antes que posar para una revista financiera. El titular hablaba del grupo Lombard Sanford Holdings, de una expansión regional, de litigios estratégicos y del papel de los hijos del fundador en la empresa.

Dimitri aparecía mencionado como el heredero natural. Se supone que los tres serían herederos entonces ¿porqué su padre hacia alarde solo de uno?

Dante como el abogado estrella del grupo, el segundo hijo, la mente jurídica más joven de la compañía.

Y Deivid como “la joya social de la familia”.

Recuerdo haberme quedado mirando la pantalla un segundo más de la cuenta.

Ari me observó con esa expresión de hermana que conoce demasiado bien mis silencios.

—No te gusta —dijo.

—No me gusta nada que venga con titulares de revista.

—Mientes. Te gusta él.

Le lancé una servilleta a la cara.

—No seas ridícula.

—Trébol, por favor. Tienes la misma expresión que pones cuando intentas convencerte de que no quieres un postre y ya te comiste media porción. Sería la primera vez que te fijas en alguien.

Ignoré la comparación porque, por desgracia, era buena.

Lo que no le dije a Ariadna fue que la información me había dejado un sabor incómodo.

No por el dinero en sí.

No me impresionan las fortunas ajenas.

Pero sí por lo que suelen arrastrar detrás: familias con expectativas rígidas, apariencias, alianzas, compromiso social, omegas escogidos como adornos estratégicos, matrimonios convenientes, suegras con criterio de catálogo y un montón de alfas criados para creer que el amor es algo que se negocia con ventajas.

Dante ya había estado comprometido con una omega de su mismo círculo. Los rumores se habían extendido en el gym por boca de algunas clientas que trabajaban en su empresa.

Dante venía de una familia donde el omega menor parecía salido de una campaña de lujo.

Dante, en términos prácticos, tenía todo para acabar casado con una mujer bella, educada, discreta y perfectamente aceptable para una familia de apellido compuesto y patrimonio obsceno.

No conmigo. Un Omega masculino que parece alfa.

Yo era un omega grande, musculoso, respondón, con solo un gimnasio, carácter de pocos amigos y una nula intención de convertirme en un adorno obediente en la casa de nadie.

Lo miré de otra forma desde ese día.

No con menos ganas, lamentablemente.

Solo con más cuidado.

Porque si Dante iba en serio, tarde o temprano chocaría con algo mucho más duro que mis negativas: su propia educación.

Y si no iba en serio, entonces yo sería el imbécil que se dejó entretener por un alfa bonito con ojos tristes y manos demasiado grandes.

Ninguna opción me entusiasmaba.

 Después de la caída por las escaleras, Dante empezó a aparecer en mi casa con una frecuencia alarmante.

Al principio era por razones bastante razonables.

Quería enseñarme lo que le había mandado el traumatólogo.

Yo quería asegurarme de que no se recuperara como un animal terco haciendo todo mal.

Él decía que no necesitaba supervisión.

Yo le respondía que su existencia entera sugería lo contrario.

Así empezamos.

Un día vino a mostrarme las radiografías nuevas.

Otro a preguntarme qué podía entrenar sin comprometer el brazo.

Después se apareció con una bolsa de café “como agradecimiento” y terminé haciéndole una rutina de movilidad de piernas en el garaje.

Más tarde llegó con la excusa de que no entendía una indicación de fisioterapia, aunque la indicación era perfectamente clara y sospecho que él también lo sabía.

No tardé mucho en darme cuenta de la verdad.

Dante no venía solo por el brazo o por verse bien para otras.

Venía por atención.

No de la forma infantil o manipuladora en la que algunas personas exigen que el mundo gire a su alrededor. No. Lo suyo era peor, porque era más silencioso. Más triste. Dante venía con la naturalidad de quien no sabe pedir cuidado, así que inventa pretextos para recibirlo sin sentirse expuesto. Necesitaba que lo arrullara sin pedirlo.

"¿Esto está inflamado o soy yo dramatizando?"

"¿Puedo hacer cardio o me vas a demandar?"

"Traje comida rápida. No sé si eso influye en tu evaluación médica."

"¿Crees que debería cambiar la férula para dormir?"

"¿Es normal que me aburra tanto en reposo o eso también es parte del cuadro clínico?"

Yo le respondía.

Lo revisaba.

Le corregía posturas.

Le daba ejercicios suaves.

Le quitaba de la mano derecha lo que no debía cargar.

Le recordaba la medicación.

Le decía que comiera más proteína y menos orgullo.

Y Dante, poco a poco, empezó a instalarse en mis rutinas como una costumbre.

A veces llegaba por la tarde y se sentaba en la encimera de mi cocina mientras yo preparaba café o un batido.

A veces se quedaba en el garaje mirándome entrenar a un cliente privado por la tablet en video llamada y luego me hacía preguntas absurdamente inteligentes sobre mecánica muscular solo por seguir conversando.

A veces se recostaba en el sofá de la sala con una seriedad casi infantil mientras yo le cambiaba el vendaje interno del hombro o revisaba la movilidad de la muñeca.

Más de una vez se quedó dormido en mi sofá tieso. Ese alfa de seguro con una cama cara y almohadas de ganzo exportadas.

Nunca me había pasado algo así con un cliente.

Nunca había dejado que pasara.

Pero con Dante las líneas se volvían borrosas a una velocidad que no me gustaba admitir.

Porque me acostumbré a él.

A su voz grave diciendo mi nombre desde la puerta del garaje.

A su olor mezclado con loción cara y café.

A su manera de mirarme cuando yo estaba concentrado explicándole algo.

A la costumbre de discutir conmigo por deporte.

A cómo se relajaba apenas cruzaba el umbral de mi casa, como si en ese espacio se permitiera bajar los hombros y dejar de ser el hombre impecable que el resto del mundo conocía.

Lo vi mejorar del brazo más rápido de lo que esperaba.

Dante tenía buena base física, tolerancia alta al dolor y una disciplina bastante más sólida de lo que su dramatismo dejaba ver. Seguía mis indicaciones al pie de la letra, aunque protestara como si cada ejercicio fuera una ofensa personal. A las tres semanas ya había reducido mucho la rigidez. A las cinco, la movilidad era bastante buena. A las seis, el traumatólogo autorizó un regreso gradual al entrenamiento de fuerza.

Yo estaba revisando su extensión de codo en la sala de mi casa cuando él soltó la bomba con la misma naturalidad con la que otras personas piden agua.

—Quiero pagarte extra.

Levanté la vista hacia él.

—No.

—Todavía no te expliqué.

—No importa. Mi respuesta inicial sigue siendo no.

Dante estaba sentado en el borde del sofá, con una camiseta azul y pantalón deportivo. Ya no llevaba yeso, solo una férula ligera para ciertos movimientos. Tenía el brazo mucho mejor, aunque seguía un poco más cauteloso de lo habitual con el lado derecho.

—Escúchame antes de ponerte tirano.

—Yo no me pongo tirano. Nací con el don.

Él sonrió.

—Quiero retomar entrenamiento serio, pero prefiero hacerlo aquí contigo. En tu casa. Los días que puedas. Te pago las sesiones privadas como corresponda. Así no estoy de allá para acá, oficina y gym. Eso es cansón en mi estado actual.

Crucé los brazos.

—Ya te dije que puedes volver al gimnasio una vez a la semana, no tres.

—Lo sé.

—Entonces vuelve al gimnasio.

—No quiero volver con todos. Hay muchas miradas y chismes abundan... No quiero que salgas involucrado en mi vida desastrosa.

—¿Por qué?

Dante bajó la mirada un instante, como si la respuesta real le molestara.

—Porque aquí estoy más tranquilo.

La sinceridad me desarmó un poco, aunque no lo mostré.

—Eso no explica por qué quieres pagarme extra.

—Porque no pienso aprovecharme de ti. Eres un hombre de negocio.

—Ya me pagas como cliente.

—No por el tiempo que me estás dedicando en tu casa.

—Te lo dedico porque estabas lesionado. Y porque vives aburrido en tu jaula de oro.

—Y ahora quiero seguir viniendo porque me funciona entrenar contigo aquí.

Lo observé unos segundos.

Era un mal plan.

Una idea terrible.

Una invitación directa a complicarme la vida. Verlo sudar, poder verlo hacer sentadillas o squash y admirarlo sin que nadie me vea.

Lo peor fue que una parte de mí ya estaba considerando horarios.

—No me gusta mezclar demasiado las cosas —dije.

Dante arqueó una ceja.

—¿Qué cosas exactamente?

—Trabajo y… —me detuve a tiempo.

Él sonrió despacio.

—¿Y?

—No te emociones.

—No puedo evitarlo. Me estás dando material.

Rodé los ojos.

—Trabajo y dinámicas personales.

—Qué frase tan elegante para decir que te atraigo.

—No he dicho eso.

—Pero lo pensaste.

—Dante no seas arrogante.

Él se inclinó apenas hacia mí, con esa expresión suya de alfa demasiado bonito para su propio bien.

—Trébol, si no quisieras que siguiera viniendo, ya me habrías echado hace semanas.

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Mckasse Escritora
🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Shu! Shu! alejate, tengo un 🔪 y no temer en usarlo Dimitri! * saco el 🔪*
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Ah no, deja a la parejita quita!!
Dalia Lara
q trebol se ponga celoso🤣🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]: Siii, sería epico!!
total 1 replies
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Jajajajaja
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
¡¡¡ME-EN-CAN-TA!!!
(⁠~⁠ ̄⁠³⁠ ̄⁠)~
(⁠人⁠*⁠´⁠∀⁠`⁠)⁠。⁠*゚⁠+
(⁠。⁠♡⁠‿⁠♡⁠。⁠)
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por éstos hermosos capitulos autora!! 🖤🤭
Patricia Polo
bueno Trébol a luchar contra la ex y el hermano envidioso de Dante 🤣😂🤭
Teresa Perez
autora hermosa felicidades cuando vas a seguir haciendo capitulo xfa gracias
Mckasse Escritora: prepara café para las dos casi los voy subiendo. díganme de dónde me leen.🥰
total 1 replies
Patricia Polo
excelente que emoción tanto que la he esperado 👏👏👏🥰🥰🤭☺️ gracias escritora eres la mejor
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