Keile después de cometer muchos errores y ganarse el odio de su enigma tuvo que ver como la vida se le escapaba a la persona que más amo , no solo lo vio morir el fue su verdugo y vivió cada día en el arrepiento pero ahora el destino a decido darle una oportunidad volviendo al momento antes de que la luz de su egnima fuese apaga¿cometerá keile los mismo errores de su vida pasada?
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Donde las reglas no están escritas
Salté de la plataforma sin pensarlo dos veces. Mis botas se hundieron en la arena, pero no me detuve. Lo vi a unos metros, refugiado entre las sombras de los viejos pilares del muelle, esperándome con esa pose de quien se cree inalcanzable.
—Vaya, el Soldadito se atrevió a saltar —dijo Brayan cuando me vio acercarme. Sacó el guante del bolsillo y empezó a darle vueltas en el dedo como un lazo—. Cuidado, Alfa, no sea que se te ensucie el uniforme y pierdas tu medalla a la pulcritud.
Me detuve a solo unos pasos de él. El aire olía a salitre y a la madera vieja de los barcos, pero para mí, el único aroma que existía era el de él. Era real. Estaba tan cerca que podía ver el brillo de desafío en sus ojos.
—El uniforme me da igual, Brayan —respondí con una calma que lo hizo dejar de girar el guante.
Me acerqué más, invadiendo su espacio personal, algo que el "yo" de hace años jamás habría hecho por orgullo aunque el miedo a tocarlo y que desaparezca estaba hay no estaba dispuesto a retroceder, sentí como
Brayan se tensó, pero no retrocedió; su ego no se lo permitía.
—Si de verdad quieres que me ensucie —le dije en voz baja, casi en un susurro—, vas a tener que esforzarte más que robando un simple guante.
Su sonrisa ladina flaqueó. Por un segundo, la máscara de burla se le cayó y vi una chispa de auténtica sorpresa.
—¿Ah, sí? —soltó, recuperando el compostura y dándome un empujoncito juguetón en el hombro—. ¿Y qué sugiere el gran Alfa? ¿Una pelea? ¿Una carrera hasta el final del rompeolas? ¿O vas a intentar arrestarme por "robo de propiedad militar"?
—Sugiero que dejes de hablar tanto —le dije.
En un movimiento rápido, aprovechando que conocía su manía de inclinar el peso hacia la derecha antes de atacar, atrapé su mano. No lo hice con la fuerza de un arresto, sino con una firmeza que tenía algo de caricia. Le arrebaté el guante de los dedos, pero no solté su mano.
Mis manos templaba no por el frío era por miedo,miedo a que todo sea solo un recuerdo,miedo aque rechazara mi contacto como lo hizo en aque momento en que su vida se le escapaba.
Pero tenía que arisgame eso y que la necesidad de tocarlo de sentir su calor era más fuerte que mi auto control
El silencio se volvió pesado entre nosotros. Brayan me miró desconcertado, con la respiración un poco más acelerada.
—Estás muy extraño hoy, Keile —murmuró, y esta vez no lo dijo para burlarse—. Me miras como si... como si fueras a llorar o como si fueras a matarme. ¿Qué te pasa?
Pregunto con esos hermosos ojos dorados lleno de Confucio y una curiosidad genuina suspiré
—Solo estoy recuperando lo que es mío —respondí, guardando el guante, pero mirándolo a él—. Y no me refiero al guante.