Cuándo enfermó Victoria Cornell, no le importaba la enfermedad tanto como dejar a su pequeña sola. La única familia que tenían estaba lejos y eran algunos parientes lejanos. El hermano mayor de su esposo no lo conocía lo suficiente para dejar a su hija a su cuidado, el también tenía una hija de la misma edad que la pequeña Kayla, Victoria tenía cancer terminal no le daban buenas noticias, ya no tenía fuerzas tenía que dejar a su hija en un orfanato, toda su fortuna la dejó en un fideicomiso que podía usar hasta cumplir la mayoría de edad. La fortuna que su esposo había dejado la tenía en inversiones que manejaba ella misma pero ya no podía, así que hizo un testamento sin saber que sería la condena para su propia hija. Pues su cuñado la reclamó cuando ella murió, las autoridades dejaron como única persona de contacto para hacerse cargo de la niña que apenas cumpliría cinco años. A el varón.
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Desdén
Una mujer apareció con una preciosa niña de la mano, que agachaba su cabeza.
— Mira Kayla esta será tu nueva familia. - pronunció la mujer cariñosamente hacia la niña que levantó la cabeza sintiendo un escalofrío al verlos.
— No tomes mis juguetes, ni mis bonitos vestidos, porque…
— Serena mi princesa no quieres decir eso. - intervino su padre con nerviosismo.
— No haga caso son niños pequeños. - se excusó, haciéndole una mueca de advertencia a su hija.
Pero la respuesta que obtuvo los dejó con la boca abierta.
— ¡La odio! - pronunció la pequeña Serena con desdén.
— Me parece que van a tener que hablar mucho con su hija. - expresó el director un poco molesto pues era una niña de no más de cinco años.
— Claro que lo haremos. - tragó fuerte Theodore mirando hacia su esposa para que hiciera algo, si no se les vendría abajo lo que ya habían planeado.
El director suspiró. Tenía que darle una oportunidad a Kayla de tener una familia, pero ahora no estaba tan seguro.
— La dejaré ir con ustedes como prueba por un mes. - dijo mirando a la pequeña. Mientras Serena estaba cruzada de brazos como si fuera una adulta.
— Iré a principios del mes haber como esta funcionando y si Kayla está bien y contenta con ustedes.
Kayla 5 años
Serena 5 años
Cuándo subieron al jet, Serena seguía con una actitud negativa. Por lo que mandaron a Kayla a los asientos traseros.
— No quiero que esté en mi casa. - dijo malhumorada la caprichosa chiquilla.
— No te preocupes encontraremos que hacer con ella. - prometió su madre guiñándole un ojo.
— Por lo pronto deberán actuar bien para quitarnos al director. - dijo Theodore con algo en mente.
Charlotte no pretendía crear a una mocosa huérfana que no era suya, y jamás la vería como un pariente.
— Se lo que estas pensando Charlotte. - si quieres seguir gozando de lujos y de dinero, más vale que cooperes. Y hables con tu hija.
— Será por poco tiempo. - asumió Theodore pero si da mucha lata el directorcito, pienso deshacerme de él. No pienso vivir bajo su sombra. - añadió molesto.
Con una sonrisa en acuerdo Charlotte aceptó.
— Me encargaré de Serena. - sonrió, era una niña con una personalidad que según su madre era un reflejo del carácter que tenía. Nunca la había instruido en buenos términos siempre la dejó hacer lo que quería.
Incluso en los colegios, a su edad ya la habían movido de dos, debido a las dificultades que provocaba conviviendo con los demás niños. Pero sus padres encontraban la solución moviéndola de plantel.
El piloto avisó que estaban llegando por lo que tenían que ponerse los cinturones. Pero los tres se protegieron dejando de lado a la pequeña Kayla sin saber qué hacer. Una azafata miró descontenta el acto de los adultos. Fue personalmente y le sujetó el cinturón.
— ¿Esa niña viaja sola? - cuestionó la chica en la cabina.
— ¿Porque que lo dices? - le preguntó su compañera.
— Porque la encontré sentada sola en los asientos traseros, - respondió con un tono molesto, ambos sabemos que son incómodos.
— Más vale que no cuestiones nada. - arrugó el ceño, dicen que el varón tiene un mal carácter y si intervienes en algo que le traiga problemas, te cobra con sangre.
— Si más vale que solo escuchen. - informó el copiloto, dicen que tiene negocios con la mafia y según se han aparecido sus enemigos muertos, desmembrados este varón tiene problemas con el alcohol y que se vuelve loco.
— Pobre niña. - se lamento, según supe que es huérfana la mujer lo mencionó cuando subió.
— Qué desgracia para la pequeña. - suspiró, volviendo a su lugar.
— La hija de ellos, es muy grosera. - pero guardo silencio cuando observó al hombre caminando a la cabina.
— Lávame un wisky. - le ordenó a la azafata quien se levantó de inmediato para cumplir la orden.
— No le des nada. - revocó la orden Charlotte. Acaso quieres arruinarlo todo, espera hasta llegar a la casa.
El varón hizo mala cara, regresando a su lugar. Ninguno habían tomado en cuenta a la pequeña que veía con ojos abiertos lo que sucedía. Su tristeza volvió aparecer. Extrañaba a su mamá, se sentó con sus rodillas juntas haciéndose un ovillo, así permaneció hasta que la azafata le anunció que habían llegado.
La familia de tres volvieron a dejar atrás a la pequeña, la chica le ayudó a colgarse una mochila en la espalda, y la llevó a la salida.
— Qué esperas date prisa hue…Charlotte tomó en cuenta lo que diría y guardo silencio fingiendo una sonrisa. Pero qué no pasó desapercibida para la joven que ayudaba a la niña.
La misma reacción surgió en la villa cuando llegó el automóvil. Una de las cocineras había escuchado que traerían a la casa a una niña con ellos.
— Pobre criatura, - se lamentó, terminando de cocinar la cena.
— Si quieres seguir aquí, deberás guardar silencio aunque veas cosas que no cuadran. - le susurró su compañera.
Era lamentable pensar que una pequeña niña viviera en la casa con ellos. Pero cuando la vio bajarse se le oprimió el pecho.
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