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TU NOMBRE EN MI ANILLO

TU NOMBRE EN MI ANILLO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

Valeria Bellucci jamás imaginó que terminaría casada con el hombre más poderoso y frío de la ciudad.

Acorralada por las deudas de su familia, acepta un matrimonio por contrato con Enzo Ricci, un CEO multimillonario conocido por destruir a cualquiera que se interponga en su camino.

Las reglas eran simples: — No enamorarse.
— No interferir en la vida del otro.
— Mantener la apariencia de un matrimonio perfecto.

Pero vivir bajo el mismo techo con un hombre obsesivo, dominante y lleno de secretos hará que Valeria descubra que detrás de aquella mirada fría existe un pasado capaz de destruirlos a ambos.

Lo que comenzó como un simple acuerdo terminará convirtiéndose en una guerra de celos, deseo y sentimientos prohibidos.

Porque algunos contratos pueden firmarse con tinta…
pero otros terminan grabándose en el corazón.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 20 - NADIE SE LLEVA A MI FAMILIA

Valeria

Sentí que el mundo se detenía.

Literalmente.

Como si todo el aire hubiera desaparecido de la habitación en el momento en que escuché aquellas palabras.

“Su padre no está en la habitación.”

Todavía podía escuchar la voz nerviosa de la enfermera resonando en mi cabeza mientras intentaba respirar normalmente.

Pero no podía.

Simplemente no podía.

—Valeria.

La voz de Enzo sonó cerca.

Demasiado cerca.

No me había dado cuenta de que estaba temblando hasta que él sujetó mis brazos suavemente.

—Mírame.

Lo hice.

Y por primera vez desde que lo conocía… no vi frialdad en sus ojos.

Vi preocupación real.

—¿Qué pasó exactamente? —preguntó con calma.

Tragué saliva.

—La enfermera dijo que… que mi papá no estaba en la habitación cuando fueron a revisarlo.

Mi respiración volvió a quebrarse.

—Dijeron que creen que alguien lo movió.

La expresión de Enzo cambió inmediatamente.

Toda su postura se tensó.

Peligrosamente.

—No —murmuró él.

Sacó su teléfono de inmediato.

—Marco, mueve a todos al hospital ahora.

Silencio.

Luego habló más fuerte:

—A TODOS.

Colgó.

Yo seguía intentando procesarlo.

—No puede haber desaparecido… él no puede ni caminar bien…

Empecé a moverme hacia la salida del despacho, pero el cuerpo no me respondía correctamente.

Enzo volvió a detenerme.

—Vamos juntos.

—Mi papá—

—Lo encontraremos.

Su voz salió firme.

Segura.

Como si fuera imposible que las cosas salieran mal si él lo decía.

Y odié cuánto necesité creerle en ese momento.

El camino al hospital fue un caos.

Yo apenas podía pensar.

Las manos me temblaban.

La respiración me salía mal.

Y cada segundo que pasaba sentía que algo horrible estaba ocurriendo.

Enzo conducía demasiado rápido mientras hablaba con tres personas diferentes por teléfono.

—Quiero cerradas todas las salidas del hospital.

Silencio.

—No me importa si tienen que detener ambulancias, nadie sale hasta que encontremos a Leonardo Bellucci.

Otra pausa.

—Y revisen cámaras de las últimas dos horas completas.

Colgó.

Yo seguía mirando al frente intentando no quebrarme.

—Valeria.

No respondí.

—Valeria, mírame.

Negué inmediatamente.

Porque si lo miraba…

iba a llorar.

Y no quería hacerlo.

No ahora.

Sentí su mano sobre la mía.

Firme.

Cálida.

—Lo encontraremos —repitió.

Mi respiración tembló.

—¿Y si no?

Silencio.

Enzo apretó apenas mi mano.

—Sí.

Una sola palabra.

Pero dicha con tanta seguridad que terminé cerrando los ojos unos segundos intentando sostenerme de ella.

Cuando llegamos al hospital todo era caos.

Guardias privados.

Doctores hablando rápido.

Enfermeras nerviosas.

Y yo sentí que el corazón se me rompía apenas crucé el piso privado y vi la habitación de mi papá vacía.

Vacía.

La cama seguía desacomodada.

Las máquinas seguían conectadas.

Pero él no estaba.

Me acerqué inmediatamente.

—Papá…

Como si decirlo fuera suficiente para que apareciera.

Sentí el pánico subir directamente a mi garganta.

—Señorita Bellucci…

Una enfermera se acercó nerviosa.

—Lo siento muchísimo, nosotros—

—¿Cómo demonios desaparece un paciente? —pregunté quebrándome por primera vez.

El silencio cayó inmediatamente.

La mujer parecía aterrada.

—Hubo un cambio de turno y…

—¿Y qué?

Mi voz salió más fuerte.

Más desesperada.

—¿Nadie vio nada?

Sentí la presencia de Enzo acercarse detrás de mí.

Y el ambiente cambió completamente.

Porque él no parecía desesperado.

Parecía furioso.

—¿Quién estaba encargado de este piso? —preguntó con voz fría.

La enfermera tragó saliva.

—Yo… pero—

—Nombres.

Su tono fue tan duro que incluso yo me tensé.

La mujer habló rápidamente.

Enzo sacó el teléfono otra vez.

—Marco, quiero los nombres de cada persona que estuvo en este piso esta noche. Médicos, enfermeros, seguridad, todos.

Silencio.

Luego:

—Y encuentra a Camila.

Mi respiración se detuvo apenas escuché su nombre.

Lo miré inmediatamente.

—¿Crees que fue ella?

Enzo no respondió rápido.

Eso me aterrorizó más.

Antes de que pudiera insistir, uno de los guardias apareció apresuradamente.

—Señor Ricci.

Enzo volteó inmediatamente.

—Encontramos algo.

Bajamos hasta el estacionamiento privado del hospital.

Mi corazón latía tan fuerte que sentía dolor en el pecho.

El guardia nos llevó hasta una cámara de seguridad monitoreada desde una oficina pequeña.

Las imágenes aparecieron en pantalla.

Y sentí el cuerpo helarse.

Un hombre vestido como camillero empujaba una camilla cubierta.

Mi papá.

Era mi papá.

—Dios mío…

Me acerqué automáticamente a la pantalla.

—¿Quién es él?

—No trabaja aquí —respondió el guardia.

Enzo observaba las imágenes completamente quieto.

Demasiado quieto.

Eso era peor.

—Retrocede el video —ordenó.

El guardia obedeció.

Y entonces apareció ella.

Camila Ferrer.

Entrando al elevador privado veinte minutos antes.

Sentí un vacío horrible en el estómago.

—No… no puede estar haciendo esto…

Enzo seguía mirando la pantalla sin moverse.

Pero pude ver cómo su mandíbula se tensaba lentamente.

Peligrosamente.

—¿Dónde salió la camioneta? —preguntó.

—Salida norte, señor.

Enzo sacó su teléfono inmediatamente.

—Marco. Encuentra esa camioneta ahora.

Su voz ya no sonaba humana.

Sonaba letal.

—Y escucha bien algo…

Silencio.

Luego habló más bajo.

Más frío.

Más peligroso.

—Si Camila Ferrer está involucrada en esto… quiero encontrarla antes que la policía.

Sentí un escalofrío inmediato.

Porque entendí algo en ese instante.

Enzo ya no estaba actuando como empresario.

Estaba actuando como alguien dispuesto a destruir todo.

Me acerqué rápidamente.

—Enzo.

Él seguía mirando la pantalla.

—La encontraré.

—No hagas una locura.

Eso hizo que finalmente volteara hacia mí.

Y lo que vi en sus ojos me dejó sin respiración.

Furia.

Pero también miedo.

Mucho miedo.

—Se llevó a tu padre —dijo con voz baja—. Eso la convierte en mi problema.

Mi respiración se quebró.

—Esto no es tu culpa…

—Ahora sí lo es.

El silencio cayó entre nosotros.

Pesado.

Doloroso.

Y antes de que pudiera responder, el teléfono de Enzo vibró.

Número desconocido.

Los dos miramos la pantalla.

El aire pareció congelarse.

Enzo contestó lentamente.

—Habla.

Y entonces escuchamos la voz de Camila al otro lado.

—Si quieres volver a ver vivo a Leonardo Bellucci… ven solo.

1
ERICA ESTRADA PEREZ
Aque se refiere jajaja jajaja jajaja y🤭 doble sentido será por un niet@
Alix Sarmiento
está muy buena esta trama
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