Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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UN SEGUNDA VIDA INESPERADA.
El departamento en el que vivían era un regalo de sus padres. Cuando ellos se enteraron de que ambos habían renunciado a sus empleos, en lugar de molestarse… les brindaron su apoyo incondicional.
—¡Qué bueno que renunciaron a ese empleo! —dijo Lulú, abrazando a su hijo con fuerza, como si quisiera compensar cada día de estrés que había soportado.
—Sí, ahora pueden ir a cumplir sus sueños —añadió Han, colocando una mano sobre el hombro de ambos—. Y si necesitan dinero para viajar, no duden en pedirlo.
Jinxiao y Lin intercambiaron miradas, sorprendidos.
—Así es —continuó Lulú con una sonrisa cálida—. No se preocupen por el dinero, lo material viene y va.
Sus padres siempre habían sido así.
Comprensivos.
Amorosos.
Libres de prejuicios.
Más aún cuando ambos salieron del clóset. Aunque cada uno tenía gustos distintos, sus padres los apoyaron sin dudar… incluso llegaron a creer, durante un tiempo, que ellos mantenían una relación romántica.
La sorpresa fue enorme cuando finalmente les presentaron a sus verdaderas parejas.
Relaciones que… no siempre terminaban bien.
—Gracias, mamá, papá… son los mejores —dijo Lin, abrazándolos con fuerza, con una sonrisa sincera que no mostraba desde hacía tiempo.
Jinxiao, por su parte, asintió en silencio, sintiendo un calor extraño en el pecho.
Esa noche, por fin pudieron descansar.
Sin correos urgentes.
Sin llamadas del jefe.
Sin presión.
Cuando sus padres se marcharon, ambos decidieron celebrar a su manera.
Latas de cerveza.
Comida desordenada sobre la mesa.
Y una historia… que, según Lin Hao, era de las mejores.
—Te lo juro, ese protagonista me cae súper mal —dijo Lin Hao, ya algo ebrio, señalando la pantalla con indignación—. Mira que tener al padre y al hijo en la palma de su mano, solo para que al final los abandone por otro chico… pfft, qué basura.
Desde que habían renunciado, su apartamento se había convertido en su refugio… su cueva.
Un lugar donde podían ser ellos mismos.
Donde nadie los juzgaba.
Donde podían olvidar.
—¿Cómo te pueden gustar ese tipo de historias? —preguntó Jinxiao, apoyado en el respaldo del sofá, observándolo con escepticismo.
—No tiene nada de malo —respondió Lin Hao, tambaleándose ligeramente—. Nunca está de más ver algo divertido.
—¿Divertido? Eso suena más a sufrimiento innecesario.
—¡Exacto! Por eso es bueno —rió.
Jinxiao negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír.
—Bueno… ¿y luego qué sigue?
—Deberías verla conmigo —insistió Lin Hao, dejándose caer contra él—. El protagonista no es nada relevante… pero los antagonistas… uff.
—¿Ah sí? —preguntó Jinxiao, mientras lo levantaba con cuidado—. A ver, sorpréndeme.
—Los antagonistas aparecen hasta la mitad de la historia —dijo Lin Hao mientras era llevado hacia su habitación—. Ambos tienen la misma edad… pero uno es más serio que el otro.
Se soltó de repente y bajó tambaleándose de nuevo al piso inferior.
—Pero es una pena… —continuó, con un deje de frustración—. Ambos se ven mucho mejor que el protagonista. Brillan por sí mismos… pero el guion los hace ver como las peores personas.
—Ya veo… —respondió Jinxiao, siguiéndolo—. ¿Y al final qué sucede?
Finalmente logró acostarlo en la cama.
—Ambos mueren… —murmuró Lin Hao, frunciendo el ceño—. Ni siquiera aparecen en muchos capítulos… y al final, sus esposos se quedan sin el protagonista… después de haberlos matado.
—Vaya historia tan… deprimente —comentó Jinxiao.
—Lo sé… —suspiró Lin Hao.
El silencio llenó la habitación.
—Bien… descansa —dijo Jinxiao, acomodando la manta sobre él.
—Sabes… —murmuró Lin Hao, con los ojos ya cerrados— daría lo que fuera por ser como ellos… solo extender mi mano y recibir dinero…
Jinxiao se quedó en la puerta.
Observándolo.
Pensativo.
—Yo también… —susurró apenas.
Cerró la puerta con cuidado y se dirigió a su propia habitación.
Sin saber…
Que el destino ya había comenzado a moverse.
Que su historia…
Estaba a punto de cambiar.
Mientras dormían, un terremoto azotó la ciudad.
Al principio, fue leve.
Un temblor casi imperceptible.
Pero luego…
Todo comenzó a sacudirse con violencia.
Jinxiao abrió los ojos de golpe.
—¿Qué…?
El suelo temblaba.
Los muebles crujían.
El sonido de vidrios rompiéndose llenó el aire.
—¡Lin!
Sin pensarlo, salió corriendo hacia la habitación de su hermano.
Cuando llegó, lo encontró debajo de la cama, cubriéndose la cabeza.
—¡Aún tenemos una oportunidad para salir! —gritó Jinxiao, inclinándose para jalarlo.
—¡No quiero morir aplastado! —respondió Lin, con la voz temblorosa.
El terremoto se detuvo por un momento.
Silencio.
Un silencio aterrador.
—Vamos —dijo Jinxiao, ayudándolo a levantarse—. Ahora.
Corrieron hacia la salida.
Pero entonces…
El suelo volvió a sacudirse.
Más fuerte.
Mucho más fuerte.
Los árboles afuera se inclinaban violentamente.
Los autos comenzaron a sonar.
Alarmas.
Gritos.
Los perros y otros animales no dejaban de aullar.
El mundo parecía desmoronarse.
—¡Rápido! —gritó Jinxiao.
Estaban a punto de salir cuando…
El edificio colapsó.
Todo se volvió oscuridad.
Existe una superstición…
Que dice que al morir, ves un túnel… con una luz al final.
Nadie sabe realmente qué hay después.
Ni qué sucede con el alma.
Ni si hay una segunda oportunidad.
Cuando Jinxiao abrió los ojos, la luz del sol lo cegó.
Parpadeó varias veces.
Confundido.
Estaba… sentado en un sofá.
Vestía ropa elegante.
De marca.
Y una sirvienta… le estaba dando un masaje en los hombros.
—¿Señor? —preguntó ella con suavidad.
Antes de que pudiera reaccionar—
—¡Esto está delicioso! —gritó Lin desde la cocina.
Jinxiao se levantó de golpe, el corazón latiendo con fuerza.
Corrió.
Preparándose para lo peor.
Pero lo que encontró…
No tenía sentido.
Un chico.
Sentado frente a la mesa.
Con varios platos vacíos.
—Tú…
—Lo siento —dijo Lin rápidamente, bajando la cabeza—. Tenía mucha hambre.
Jinxiao frunció el ceño.
Algo… no encajaba.
—No tendrías hambre si hubieses cenado bien anoche —respondió automáticamente.
Ambos se quedaron en silencio.
—Debo admitir que la cerveza estaba en su punto, porque…
—Porque no hay mejor forma de olvidar las penas que con una buena cerveza —dijeron ambos al mismo tiempo.
Silencio.
Miradas.
Confusión.
"¿Qué está pasando?", pensó Jinxiao.
—Jin… —la voz de Lin tembló—. Creí que jamás volvería a verte…
Se levantó de golpe y lo abrazó con fuerza.
—Pensé que… que habíamos muerto…
Jinxiao se quedó inmóvil por un segundo…
Y luego lo abrazó de vuelta.
—Yo también…
Ambos recordaban algo.
Ruido.
Caos.
Oscuridad.
Pero no lograban unir las piezas.
—¿Por qué está todo… tan raro? —susurró Lin.
—No lo sé…
Se separaron lentamente.
Mirando a su alrededor.
La casa.
La ropa.
Los sirvientes.
Nada era suyo.
Nada era real.
Y, sin embargo…
Todo se sentía demasiado vívido para ser un sueño.
Sin saber aún…
Que ya no estaban en su mundo.
Y que su nueva vida…
Apenas comenzaba.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲