Gabriel es el ceo multimillonario de una empresa a la que le va demasiado bien y Levi está obligado a casarse con él para salvar la empresa de su padre.
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Capítulo 02.
La fiesta de celebración había comenzado. Gabriel y yo nos sentamos juntos y solos en una de las mesas. Creí que primero tendríamos nuestro primer baile como novios, pero no está en sus planes al parecer.
Ninguno de los dos a mencionado nada después de dar nuestro consentimiento para el matrimonio ni tampoco me ha vuelto a besar.
Lo mire de reojo encontrándolo tecleando en su teléfono para después aceptar una llamada de alguno de sus socios.
Deje escapar un suspiro molesto ahora si dirigiendo toda mi atención hacia él.
—Por supuesto señor Lennox y gracias por sus amables deseos en mi matrimonio.
¿Acaso hay hipocrecia en su tono de voz?
Deje de prestarle atención cuando la que ubiqué como su asistente se acercó a él y para cuando me di cuenta la fiesta de mi boda se había convertido en una excusa para hacer conexiones con otros empresarios.
Me levante molesto de mi asiento caminando hacia fuera del gran salón. No se que me parece mas irrespetuoso, que mi ahora esposo no le de importancia a la fiesta o que los invitados se tomen el atrevimiento de hacer lucir el lugar como si fuera uno de sus eventos.
Patee frustrado una pequeña piedra y me deje caer en una de las bancas que se encuentran en el patio del hotel. Por lo menos tuvieron la decencia de cerrarlo.
—Maldita fiesta, maldita boda y malditos todos.— Apreté mis puños frustrado.
—Señor Beaufort.
Escuche una voz de mujer cerca de mi la cual decidí ignorar. No es a mi al que le hablaba ya que mi apellido no es ese.
—Disculpe.— Me sobresalte al sentir su mano en mi hombro.— Señor Beaufort, su esposo pidió que regrese a la fiesta.
Mire a la asistente de mi ahora esposo y recordé la boda que se llevó acabo hace unas horas.
—Dígale que no pienso volver a la fiesta.
—Por supuesto. ¿Desea que lo ayude en algo?
Negué y mire como se alejó entrando al edificio. Ya estoy cansado de todo este evento.
No pasaron ni cinco minutos cuando mi ahora esposo atravesó las puertas del hotel dirigiéndose hacia a mi. Su cuerpo bien trabajado y a un paso decidido se detuvo delante de mi.
—¿Se puede saber por qué abandonaste la fiesta?— Se cruzo de brazos.
—No tengo ganas de estar rodeado de puros empresarios.
—Ahora eres mi esposo y te guste o no tu deber es estar a mi lado.
Solté una risa cínica poniéndome de pie.
—Soy tu esposo, pero no tu asistente para que te atrevas a darme órdenes.— Lo mire desafiante.
Dio un paso al frente sosteniéndome la mirada repitiendo mi acción.
—Ahora me perteneces. Así que si no quieres que tengamos problemas en nuestro matrimonio haz lo que te digo.
Sin decir otra palabras dio media vuelta y regreso por donde vino. No me quedo de otra más que seguirlo y cumplir su petición.
...~♡~...
Pasé mi mano por mi rostro sintiéndome cansado. La boda se llevó a cabo al medio día y no fue hasta pasadas de la media noche que Gabriel decidió que era hora de irnos de la fiesta.
Mire por la ventana del auto viendo los edificios que quedaban atrás. Nos encontramos de camino al aeropuerto con Gabriel y yo en los asientos traseros a una distancia considerable el uno del otro.
Ninguno a intentado nada después de lo que sucedió en el patio del hotel. Supongo que ambos seguimos molestos por lo sucedido.
Gabriel puede ser muy guapo, pero con esa actitud dudo que lleguemos a tener intimidad uno de estos días. Solté una pequeña risa tapándome la boca inconscientemente.
—¿Qué te causa tanta gracia?
—¿Por qué debería de importarte?— Pregunte a la defensiva.
—¿Tienes mala memoria o lo haces inconscientemente?— El tono burlón que utilizo me hizo enojar.
—¿Me estás llamando estúpido?
La carcajada que soltó aumento mi enojo. Sin duda es un idiota.
Escuche sus siguientes palabras, pero decidí ignorarlo y aprovechando que llegamos al aeropuerto me baje rápidamente del auto. Sin esperarlo subí al jet privado.
—Bienvenido señor Beaufort, cualquier cosa que necesite no dude en pedírmela o a alguna de mis compañeras.— La amable señorita que me recibió me dirigió a mi asiento.
—Puedes traerme una botella de vino, por favor.
—Por supuesto. En un momento se la traigo.
Se alejó y pude ver a Gabriel entrar al avión. Lo ignore encargándome de desabrochar mi saco y abrochado el cinturón del asiento. La amable señorita regreso con lo pedido junto a dos copas para el vino. Sin duda en mis planes no está compartir vino con Gabriel.
—Puede llevarse una de las copas, no la necesito.— Indique con una sonrisa.
—No le haga caso, esa copa es para mi.
Mire molesto a Gabriel.
Agarre la botella de vino abriéndola mientras la trabajadora se retiraba. Gabriel puede meterse su copa por el culo. Sonreí por mis pensamientos antes de darle un sorbo al vino directamente de la botella.
—¿Qué mierda?— Mire enojado a Gabriel cuando me arrebato la botella.
—Que considerado eres.— Le dio un sorbo.— Mira que no se me hubiera ocurrido compartir la botella contigo para no ensuciar las copas.— Me miro burlón.
—¿Puedes dejar de ser tan molesto?—Me recargue en el asiento.— Mira que no me case contigo con la intención de hacer caridad, si no por la petición de mi padre.
Le dio otro trago a la botella.
—Por mi parte yo si tuve que hacer caridad.— Me miro sintiéndose superior.— Después de que tu padre se presentó en mi empresa ofreciéndote a cambio de que su empresa prospere, no me quedo de otra más que aceptar.
—Eres un idiota.— Escupí.
—Ya me lo han dicho.— Me miro con una sonrisa antes de volver a darle otro trago a la botella.
Ninguno volvió a mencionar nada el resto del viaje y por mi parte mi enojo hacia él crece cada vez más con cada conversación que tenemos.
La idea de intentar llevarme bien con él, se esfumó. Solo espero que encontrar una razón lo suficientemente buena para poder anular el matrimonio lo antes posible.