Para asumir el mando de la mafia, Alessandro debe estar casado.
Implacable y hecho para la violencia, el príncipe de la mafia de Monreale nunca mostró bondad. Hasta que su camino se cruza con el de un joven llamado Nicolò, que despierta en él una obsesión peligrosa.
Y al descubrir las marcas dejadas por años de abuso y crueldad familiar, algo cambia en él. Aunque su instinto de posesión ya lo hace ver a ese extraño joven como su propiedad, se atreve a plantearse un desafío:
Antes de revelar la verdad y llevarlo al altar, quiere que Nicolò se enamore de él.
—Tu cuerpo ya me pertenece, aunque no lo sepas, pero también quiero tu corazón. —A. Morreale
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Capítulo 7
Al día siguiente, Alessandro hizo lo mismo que el día anterior. Se quedó al acecho, esperando a Nicolò, para luego simular otro encuentro del destino. Para él, aquello no era más que un juego de c4z4, donde él era el pr3d4d0r y Nicolò era la pr3s4.
Nicolò tardó un poco más en aparecer esa mañana y cuando apareció parecía diferente al día anterior... Alessandro, con su experiencia en 3sp4nc4m13nt0s, sabía reconocer cuando alguien estaba l3s10n4d0 y, claramente, ese era el caso de Nicolò, aunque él siguiera caminando como si solo hubiera tenido una mala noche.
Alessandro tardó algunos segundos en reaccionar y Nicolò pasó por su lado, sin reconocerlo, pues estaba con la cabeza agachada.
"¿Pero qué m13rd4 están haciendo contigo? ¿No saben que me perteneces y solo yo tengo el derecho de tocarte?", pensó, cerrando los puños alrededor del cuerpo, mientras veía a Nicolò seguir hasta una venta de una señora. Él la ayudó con algunas cajas y arregló el batiente de la puerta. La señora lo hizo sentarse en una mesa y sirvió panes frescos y una taza con leche tibia.
Alessandro estaba escondido observando y vio también, cuando la vieja mujer le pidió a Nicolò que se quitara la camiseta, lo que él hizo, después de mucha insistencia. Alessandro no contuvo el choque al ver los h3m4t0m4s en las costillas del muchacho. Mientras la señora se alejaba para buscar una pomada, Alessandro se acercó.
Nicolò se asustó e intentó vestirse la camiseta rápidamente, pero Alessandro lo detuvo, lo que solo dejó a Nicolò más nervioso y avergonzado.
—Necesitas un médico...
Antes de que Nicolò intentara responder algo, la mujer volvió con una pomada, una cartulina de analgésicos y una botella con un líquido verde, que ella dijo que era té.
Ella pareció tensa al ver a Alessandro e hizo una reverencia, pero Alessandro hizo una señal para que ella continuara actuando naturalmente. Entonces ella pasó la pomada sobre los h3m4t0m4s de Nicolò y él se fue.
Alessandro permaneció en la venta de doña Henriqueta.
—¿Algún problema con mi humilde establecimiento, señor Morreale?
Alessandro sonrió gentilmente para la señora.
—No, ninguno. Aquel muchacho, ¿se involucra en muchas peleas?
La mujer sacudió la cabeza.
—¿Nicolò involucrado en pelea? Jamás... Aquello fue cosa del padre y del hermano.
Alessandro arrancó todas las informaciones que consiguió. Descubrió que cuando Nicolò tenía unos doce años intentó huir de casa y ella lo acogió por dos días, hasta que su padre lo encontró y lo llevó arrastrando por las orejas y g0lp34nd0 hasta en casa, conforme contó la mujer.
—¿Nadie hizo nada?
—¿Hacer qué, señor? Si la ley determina que el padre tiene todos los derechos sobre el hijo. Sabe, señor, Nicolò me llama de nonna desde niño y me parte el corazón verlo así... Él, nunca se ha quejado, pero mi corazón me dice que ya han hecho con él bien más de lo que g0lp34r... ¿El señor no puede ayudarlo?
Alessandro entendió lo que la mujer había hablado, lo que ella había supuesto. Y, si fuera verdad, quien había hecho aquello con aquel muchacho iba a pagar muy caro. Dentro de los principios de la Mafia Monreale tenían cosas que eran abominables: como m4l tratar y 4s3s1n4r de niños, bien como el 3stupr0, excepto en casos excepcionales, pero solo agentes de la mafia podían hacer eso.
—La señora sabe quién soy, pero parece que él no sabe...
—Él no sale de casa mucho, el único horario que él sale es este, antes de comenzar los quehaceres de la casa.
—¿Qué hace él con el dinero que gana?
—Un día él me dijo que quería juntar dinero para irse, pero le dije que lo que él ganaba iba a llevar años para ser suficiente para que él pudiera irse. Creo que él lo usa para poder comprar algunas cositas para él. Perdón por la intromisión, ¿pero el señor parece interesado en él? ¿Él le hizo algo?
Alessandro aún asimilaba las palabras de la mujer.
—No, apenas me quedé curioso al ver aquellas marcas. Muchas gracias por la leche tibia —dijo entregando una nota que pagaba por prácticamente todo el establecimiento de la mujer—. Si yo pudiera pedirle un favor que no comente con él sobre quién soy o que pregunté sobre él...
La señora asintió y Alessandro salió y fue a encontrarse con Marco.
—Alessandro, hermano, entiendo que esté un poco emocionado con la historia de ese muchacho... Pero, ¿cómo crees que él va a reaccionar cuando sepa que está prometido con el príncipe de la Mafia Monreale, simplemente la mafia más implacable que tiene en Italia?
Alessandro pensó por algunos segundos.
—Es por eso que voy a hacer que él me ame primero —dijo virando a la garganta abajo el whisky.
Marco se rió.
—Déjame ver si entendí: ¿vas a hacer que él se enamore de ti y después vas a d3sp3d4z4r su corazón?
—¿Quién dijo eso? Yo voy a hacer que él me ame antes de revelar que vamos a casarnos...
—No va a dar cierto. En el momento en que él descubra quién eres, él se va a alejar... Eso si no lo m4t4n antes.
Marco podía tener razón, pero Alessandro no era el tipo de persona que se daba por vencido y aquel desafío parecía simple demasiado. Era solo acercarse y ofrecer todo aquello que el chico no tenía: atención, afecto, cariño... No sería difícil.