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El Precio De Tu Amor

El Precio De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Laura dejó la universidad y su país por amor. Creyó que Michel era el hombre de su vida, pero su madre, Maritza, la humilló hasta hacerla huir. Sola, sin dinero y sin papeles, Laura empezó desde abajo: limpiando pisos y durmiendo en un albergue. Hasta que un hombre llamado Alfred McCormick vio en ella algo que nadie más había visto: talento, inteligencia y una fuerza indomable.

Ahora Laura es economista, esposa de un CEO, y el rostro de una empresa millonaria. Pero el precio de su amor ha sido alto. La mafia rusa, un exnovio arrepentido, una suegra que la odia, y una misión encubierta en Cuba pondrán a prueba todo lo que ha construido. Porque cuando el pasado regresa, no siempre viene solo. A veces trae balas.

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Rescate

CAPÍTULO 15: El Rescate

Después de veinte minutos de viaje, la camioneta negra se detuvo frente a una casa de aspecto normal en un barrio residencial. Tenía un jardín pequeño, una mecedora en el portal y cortinas blancas que se movían con la brisa. Nada indicaba que dentro hubiera una niña secuestrada. Laura observó los detalles con atención: las macetas de geranios, el timbre desgastado, un carrito de niño abandonado junto a la entrada. Demasiado normal para ser cierto. Sintió un nudo en el estómago.

—Baje —ordenó Rizzo, con la voz seca.

Laura bajó del auto con las piernas temblorosas, pero la mente fría. Rizzo tocó la puerta tres veces, luego dos, y después una. Una contraseña ensayada. Varios segundos después, un hombre delgado y de mirada huidiza abrió y los hizo pasar. El interior de la casa era engañosamente normal: un sofá beige, un televisor grande, una cocina impecable que olía a café recién hecho. Laura pensó en todas las casas idénticas a aquella, en todas las vidas normales que escondían monstruos. En la habitación del fondo, Laura encontró a Sofía. La niña estaba sentada en una cama individual, con el paquete de galletas a medio consumir y su muñeca apretada contra el pecho. Llevaba el mismo vestido azul que Laura le había visto por la mañana. Al ver a Laura, sus ojos se iluminaron como dos faros en la oscuridad.

— ¡Laura! —gritó, y se levantó corriendo hacia ella—. ¿Viniste por mí?

Laura se arrodilló y la abrazó con todas sus fuerzas. Sintió el pequeño cuerpo tibio de Sofía, su pelo enmarañado, su corazón latiendo rápido como el de un pajarito asustado.

—Sí, mi amor, vine por ti. ¿Estás bien?

—Sí —dijo Sofía, señalando la mesita de noche—. El señor Rizzo me dio un paquete de galletas, y también le regaló otro a mi mamá.

Laura apretó los dientes con tanta rabia que sintió dolor en la mandíbula. Confirmaba lo que ya sospechaba: Valeria era la responsable del secuestro de su propia hija. No solo de aquello, sino de todo lo demás. Las amenazas, el miedo, el infierno de los últimos días. Todo orquestado por la misma mujer que debería haber protegido a Sofía.

En ese momento Rizzo entró en la habitación. Se apoyó en el marco de la puerta con las manos en los bolsillos, como si aquello fuera una reunión de negocios cualquiera.

—Bueno, ya comprobó que la niña está sana. Ahora cumpla su parte.

Laura se puso de pie, pero no soltó la mano de Sofía. La pequeña la miró con confianza absoluta, y eso le dio fuerzas para seguir mintiendo con calma.

—Las rutas están en un sobre lacrado, en la oficina de BrightClean. Mi asistente lo tiene. Si quiere que se lo entregue, tiene que dejarme ir con la niña.

—No —dijo Rizzo, negando con la cabeza—. Primero el sobre, luego la niña.

Laura respiró hondo. Había anticipado esa respuesta. Durante el viaje había ensayado cada palabra, cada posible objeción. Ahora solo debía mantener la calma.

—Entonces llame a su hombre de confianza y mándelo a la oficina. Mi asistente se lo dará. Mientras tanto, yo me quedo aquí con Sofía. Cuando su hombre confirme que tiene el sobre, usted nos deja ir.

Rizzo la miró largamente, como si intentara leerle los pensamientos. El silencio se alargó varios segundos. Laura sintió que el tiempo se detenía. Sofía se apretó contra su pierna.

—Está bien —dijo él finalmente, y tomó su teléfono—. Pero si me miente, las dos van a pagarlo.

Laura se sentó en la cama junto a Sofía, y comenzó a contarle un cuento. Inventó una historia de una princesa valiente que no necesitaba un príncipe, para escapar de un castillo oscuro. No quería que la niña escuchara las amenazas de Rizzo. Mientras hablaba de dragones y bosques encantados, rezaba porque Margaret hubiera activado el rastreo de su teléfono. Cada segundo que pasaba era un segundo más cerca del rescate. Y Margaret como siempre, no la defraudó.

En la furgoneta del FBI, la agente miraba la pantalla con los ojos inyectados en sangre. Llevaba horas sin dormir, pero la adrenalina corría por sus venas como un torrente. El teléfono de Laura había enviado una señal débil, casi imperceptible, pero suficiente para fijar la posición exacta.

—Preparen el equipo —ordenó, poniéndose el chaleco antibalas—. Vamos a sacar a mi nuera y a mi nieta de ahí.

—Señora McCormick —intervino Watson, un agente joven de cara todavía infantil—. No tenemos orden judicial.

—No me importa. ¡Ese hombre tiene secuestrada a mi nieta! —Margaret se giró hacia él con determinación—. Si quieres quedarte, quédate. Pero yo voy a entrar de todas maneras.

En menos de quince minutos, ocho agentes del FBI rodearon la casa en silencio absoluto. Se movían como sombras entre los arbustos y los coches estacionados. Margaret iba al frente, protegida por el chaleco antibalas y con el arma en la mano. No pidió que llamaran a la puerta, ni dio ninguna advertencia. No iba a arriesgarse a que alguien hiciera daño a su nieta.

— ¡Todos al suelo! —Gritó, entrando con una patada que hizo saltar la cerradura—. ¡Este es el FBI!

Los matones de Rizzo intentaron reaccionar, pero los cogieron desprevenidos. Uno de ellos alargó la mano hacia su cinturón, pero Watson le puso la rodilla en la espalda antes de que pudiera alcanzar el arma. En segundos, todos estaban esposados en el suelo, gimiendo de impotencia. Rizzo, que estaba en la cocina tomando un café tranquilamente, ni siquiera alcanzó a levantarse. Su taza cayó al suelo y se rompió en mil pedazos.

—Buenas tardes, Salvatore —dijo Margaret, apuntándole con su arma a la cara—. Tengo una orden de arresto contra usted por secuestro, conspiración y lavado de dinero.

Rizzo levantó las manos lentamente, con una mueca de derrota que nunca había mostrado antes.

—Su nuera me tendió una trampa —dijo, con la voz ronca—. No sabía que era tan buena actriz.

—No es actriz —respondió Margaret, esposándolo con violencia—. Es una mujer que aprendió a sobrevivir.

Laura salió de la habitación con Sofía en brazos. La niña estaba llorando, pero eran lágrimas de alegría. Apretaba su muñeca contra el cuello de Laura y no la soltaba.

— ¡Abuela! —Gritó, viendo a Margaret—. ¡Viniste!

Margaret sintió que el corazón se le rompía en mil pedazos. Dejó a Rizzo al cuidado de Watson y se acercó a abrazar a su nieta. Cerró los ojos y aspiró su olor a galletas y a niña pequeña.

—Claro que vine, mi amor —dijo, con la voz entrecortada—. Nunca voy a dejarte sola.

Laura las observaba con una sonrisa cansada. Había logrado lo imposible. Había rescatado a Sofía, había tendido una trampa a Rizzo y seguía viva. Pero estaba consciente de que esto no había terminado. Dragunov seguía libre, y mientras él respirara, ninguno de ellos estaría a salvo.

—Margaret —dijo, tocando el hombro de su suegra—. Tenemos que irnos. Rizzo no es el pez gordo. El pez gordo sigue en Chicago.

Margaret asintió, recuperando la compostura.

—Lo sé. Pero ahora tenemos una ventaja. Rizzo va a cantar. Y cuando cante, Dragunov caerá.

Laura miró hacia la calle. Alfred estaba allí, bajándose de un auto con las manos aún temblorosas. Corrió hacia ella y la abrazó con todas sus fuerzas, como si fuera a desaparecer.

—Nunca más —dijo él, con la voz quebrada—. Nunca más vas a arriesgar tu vida por mí.

—No puedo prometerlo —respondió Laura, riendo entre lágrimas—. Pero al menos la próxima vez, avísame antes de irte a buscar a Rizzo solo.

Alfred sonrió también. Una risa nerviosa, temblorosa, pero sincera. Margaret se acercó a ellos con un teléfono en la mano. Su rostro había cambiado: ahora era grave, casi sombrío.

—Acabo de recibir una llamada —dijo—. Valeria se entregó en la comisaría de Chicago. Dice que quiere hacer un trato, a cambio de dar información sobre el paradero y las actividades de Dragunov.

— ¿Y Sofía? —preguntó Alfred, apretando a Laura contra su pecho.

—Sofía se queda con nosotros —dijo Margaret—. Un juez ya firmó la custodia temporal. Valeria no va a verla hasta que termine el juicio.

Laura suspiró. No era el final perfecto pero Valeria seguiría junto a su madre, y algún día tendrían que explicarle a Sofía la verdad. Pero por ahora la niña estaba a salvo. Había logrado reunir nuevamente, a una familia que había estado distante y fragmentada durante demasiado tiempo.

— ¿Y ahora qué? —preguntó Laura, mirando el cielo gris.

—Ahora —dijo Margaret, ajustándose el chaleco y mirando el horizonte—, vamos a cazar a Dragunov. Y ya tengo un plan para meterlo tras las rejas.

Alfred tomó la mano de Laura y la apretó con fuerza.

— ¿Crees que Dragunov caiga pronto?

—No lo sé —respondió ella—. Pero tu madre y yo vamos a hacer lo imposible, para esté rápido tras las rejas.

Se subieron al auto. Sofía se durmió en el asiento trasero, agotada por la emoción, con su muñeca aún agarrada con fuerza. Margaret les hizo una seña desde su vehículo y arrancó. Laura miró por la ventanilla. La casa donde habían retenido a Sofía quedaba atrás. También Rizzo, esposado en un coche patrulla. Y Valeria, que había elegido su propio destino.

Pero Dragunov seguía libre. Laura sabía que no iban a estar seguros hasta que ese mafioso no estuviera preso. Necesitaban ubicarlo y detenerlo. No solo por ella, sino por Alfred, por Sofía. Por todas las niñas que podían terminar en una habitación blanca, con una muñeca y un paquete de galletas, esperando que alguien viniera a rescatarlas.

El auto se perdió en la carretera, fundiéndose con el horizonte. En una oficina del FBI, la agente Margaret McCormick abrió el expediente de Dragunov una vez más. Hojeó las fotos, los informes, las pruebas acumuladas durante años. Y sonrió.

—Se está cerrando el cerco a tu alrededor, señor Dragunov —murmuró, con los dientes apretados—. Y te garantizo que cuando caigas en él, no te me escapas ni aunque te escondas debajo de la tierra.

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BsB
Hola Beatriz ! Soy el escritor de la novela y te adelanto que ya tengo listos el ochenta por ciento de las capítulos. Te agradezco mucho que hayas leído algunos de los que están publicados, y aunque no lo manifestaste abiertamente, que esperes a que esté termina significa que tal vez te gustó. Me complacería muchísimo saber tu opinión de lo que has leído, y si tienes alguna sugerencia que hacerme. Fue un placer interactuar con usted.
Beatriz
Cuando esté terminada la leo. Está inconclusa
Saily Smith
me en
Sarai Smith
Me encanta esta novela!! Que sucederá con Laura?
BsB: Laura es una mujer luchadora, una guerrera dispuesta a enfrentarse a todos, por defender a su familia y a la empresa. La mafia la amenaza y la coacciona para que forme parte de su nómina, pero ella se resiste. Laura cederá ante la mafia, o trabajará con el FBI para acabar con los mafiosos? Qué tu harías si fueras la escritora de la novela? Tu opinión es muy importante para mí. Gracias por leer y apreciar mi obra.
total 2 replies
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