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Deseo Prohibido

Deseo Prohibido

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

​"Ella es la inocencia que él no puede tocar. Él es el pecado que ella no puede evitar."
​Lucía Bennet es dulce, romántica y nunca ha conocido el amor. Como asistente de Dante Moretti, sabe que él es un hombre prohibido: está comprometido con una heredera poderosa y una cláusula en su contrato le prohíbe acercarse a él bajo pena de una demanda millonaria.
​Dante es implacable y frío, pero la pureza de Lucía ha despertado en él una obsesión que no puede controlar. Tras la fachada del CEO perfecto, se esconde un deseo insaciable que amenaza con destruirlo todo.
​Atrapados en una suite en Milán, la línea profesional se rompe. Entre una boda por interés, una familia que exige obediencia y un contrato legal implacable, ambos se hunden en una pasión clandestina.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La grieta en la armadura

El vapor de la ducha caliente había logrado devolverle algo de calor al cuerpo de Lucía, pero no había hecho nada para calmar sus nervios. Tras secarse con cuidado, se puso la pesada bata de algodón egipcio que colgaba tras la puerta del baño. Era inmensa para su estructura pequeña; las mangas le cubrían las manos y el bajo rozaba sus tobillos descalzos. Se miró al espejo un segundo: su rostro estaba lavado, sin rastro de maquillaje, y su cabello castaño, aún algo húmedo, caía en ondas desordenadas sobre sus hombros. Se veía joven, casi frágil, una imagen que distaba mucho de la asistente impecable que Dante Moretti veía cada mañana en la oficina.

Tomó aire, tratando de convencerse de que solo tenía que cruzar la estancia y encerrarse en la habitación secundaria. Pero al abrir la puerta del baño, el aroma la detuvo en seco. No era solo el perfume de Dante, sino el olor a comida recién hecha: trufa, queso maduro y vino tinto.

Dante estaba de pie junto a una pequeña mesa dispuesta frente al ventanal. Se había despojado de la chaqueta y la corbata; tenía los primeros botones de su camisa blanca desabrochados y las mangas remangadas hasta los codos, revelando unos antebrazos de piel bronceada y venas marcadas que denotaban una fuerza contenida. Lucía se quedó estática bajo el marco de la puerta.

—El servicio de habitaciones acaba de traer la cena —dijo él sin mirarla, mientras servía agua en una de las copas—. No has comido nada desde el aeropuerto. Siéntate.

—Señor, no es necesario... yo puedo esperar a mañana —murmuró ella, apretando los bordes de la bata sobre su pecho.

Dante dejó la botella sobre la mesa y finalmente levantó la vista. Fue en ese preciso instante cuando algo en su mente hizo un clic inesperado. Siempre había sabido que Lucía era una mujer hermosa —él no rodeaba su entorno de nada que no fuera estéticamente perfecto—, pero hasta esa noche, ella había sido una pieza más del mobiliario ejecutivo. Un objeto útil.

Sin embargo, verla allí, despojada de sus trajes sastre, con esa mirada de ciervo asustado y la piel reluciente por el vapor, lo golpeó con una fuerza que no supo catalogar. Por primera vez, Dante no vio a una empleada eficiente. Vio a una mujer. Una mujer cuya dulzura y falta de malicia resultaban casi insultantes en un mundo tan cínico como el suyo.

—No te lo estoy preguntando, Lucía. Te estoy ordenando que te alimentes —su voz sonó más áspera de lo normal, una defensa instintiva contra la extraña curiosidad que empezaba a sentir—. No me sirve de nada una asistente que se desmaya por anemia en medio de una negociación.

Lucía caminó hacia la mesa con pasos cortos y se sentó, manteniendo la espalda tan recta como si tuviera un hilo tirando de ella. Dante la observó con una fijeza que la hizo sonrojarse. Él notó la forma en que ella evitaba el contacto visual y cómo sus manos temblaban ligeramente al tomar los cubiertos.

—¿Por qué siempre pareces estar a punto de huir? —preguntó él, sirviéndose un poco de vino—. Llevas dos años trabajando para mí. Conoces mis horarios, mis estados de ánimo, mis secretos financieros... y aun así, tiemblas cada vez que entro en una habitación.

—Es el respeto, señor Moretti —respondió ella en un susurro, probando un poco de risotto—. Usted es un hombre... imponente. Y yo soy solo alguien que intenta hacer bien su trabajo.

—El respeto no hace que la gente pierda el aliento, Lucía —rebatió él, inclinándose un poco hacia adelante. Su interés estaba creciendo. Quería entender qué había detrás de esa fachada de romántica empedernida que él siempre había ignorado—. He visto cómo miras las flores en el vestíbulo y cómo guardas esos libros de poesía en tu bolso. Eres una anomalía en este edificio. Eres demasiado suave para este negocio.

Lucía levantó la vista, encontrándose con los ojos grises de Dante. Por un segundo, la frialdad de él pareció fundirse, dejando ver una curiosidad genuina, casi posesiva.

—Quizás el mundo necesita un poco más de suavidad, señor —dijo ella con una valentía que no sabía que tenía—. No todo tiene que ser un contrato o una transacción.

Dante guardó silencio, observando cómo una gota de agua rebelde resbalaba desde el cabello de Lucía hasta su cuello. Sintió una punzada de algo que no era deseo, sino una necesidad de proteger esa inocencia y, al mismo tiempo, de ser él quien la viera despertar. Nunca había conocido a nadie que no quisiera algo de él: dinero, poder o prestigio. Pero Lucía... ella solo quería hacer bien su trabajo y volver a sus libros. Era virgen de las ambiciones que pudrían su mundo, y eso, de repente, la convertía en lo más fascinante que había tenido frente a él en años.

Justo cuando el silencio empezaba a volverse demasiado pesado, el teléfono de Dante sobre la mesa vibró, rompiendo el hechizo. La pantalla se iluminó con un nombre que devolvió a Dante a la realidad de un golpe: Alessia Van Doren.

La curiosidad de Dante se transformó en una tensión sombría. Miró a Lucía, que rápidamente bajó la cabeza al ver el nombre de la prometida en la pantalla, y luego al teléfono. La noche perfecta y aislada que empezaba a construirse en su mente acababa de chocar contra el muro de sus obligaciones millonarias.

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Tere Jimenez
muy interesante el capítulo
Tere Jimenez
muy emocionante el principio gracias por compartir
Isbelia Narvaez
amiga escritora me encanto tu novela....felicidades...
yanetsi izarra: Aaww☺️ Gracias amiga! Me alegra mucho saber que te gustó 🥰
total 2 replies
Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias por compartir
yanetsi izarra: Me alegra mucho que te haya gustado! Gracias a ti!
total 1 replies
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