Ella renace en una época mágica.. en el cual su familia la humilla, por lo que decide irse y cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico *
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Mini duques 1
El carruaje Sterling entró al pueblo sin escolta visible, elegante pero discreto. No llevaba estandartes desplegados ni escolta numerosa.. solo el capitán y un soldado lo acompañaban, ambos vestidos sin demasiada ostentación.
Aun así, la presencia del duque no podía pasar completamente desapercibida.
Algunos comerciantes inclinaron la cabeza al reconocerlo. Otros fingieron no mirar.
Jack descendió con calma, ajustándose los guantes de cuero oscuro.
—Esperen aquí —indicó a sus hombres cuando se detuvo frente a la juguetería.
El letrero de madera, tallado con delicadeza, se mecía suavemente con la brisa. En el escaparate, figuras coloridas llamaban la atención.. muñecas vestidas con distintos oficios, pequeños caballos, carretas… y en el centro, alineados con impecable presencia.. Los mini duques.
Jack alzó una ceja.
Se acercó al cristal.
Tomó uno entre sus dedos cuando entró al local.
Afuera, dos niños reían en el balancín y el columpio instalados frente a la tienda. El sonido era alegre, inocente.
Dentro, el ambiente cambió en cuanto cruzó la puerta.
La campanilla anunció su llegada.
Las mujeres que estaban observando mercancía levantaron la vista… y el reconocimiento fue inmediato.
El murmullo se apagó.
Una inclinó la cabeza con respeto. Otra susurró algo a su acompañante. En cuestión de segundos, comenzaron a despedirse apresuradamente.
—Volveremos luego, señorita Baston…
—Sí… más tarde…
La puerta volvió a sonar varias veces hasta que el local quedó casi vacío.
Silencio.
Solo el leve crujido de la madera bajo sus pasos.
Leilani estaba detrás del mostrador, organizando unas cintas. Levantó la vista.
Y lo vio.
Su estómago se tensó.
No podía huir.
Él ocupaba la única entrada.
Respiró con lentitud, aunque por dentro la sangre le latía con fuerza en las sienes.
Sintió el maná bajo su piel.
Sus dedos se apoyaron levemente sobre el mostrador de madera. Si era necesario, podía hacer que crecieran raíces bajo el suelo. Podía bloquear la puerta. Podía inmovilizarlo lo suficiente para escapar.
No era la joven indefensa de la mansión Vitra.
Jack la observaba.
Esa mirada.
Coqueta.
Segura.
Cargada de una calma peligrosa.
Se acercó despacio, examinando el local como si no fuera el duque de la región, sino un cliente más.
Tomó uno de los muñecos del mostrador.
Lo alzó.
Lo miró con detenimiento.
Era inconfundible.
La mandíbula.
La postura.
La expresión suavizada.
Sus labios se curvaron apenas.
—Interesante elección de modelo..
Leilani mantuvo el mentón alto.
—Es un diseño nuevo.. popular
Él dejó el muñeco sobre el mostrador y dio un paso más cerca.
—¿Siempre golpeas a tus clientes más distinguidos?
Ella sostuvo su mirada.
—Solo a los que se creen dueños de lo que no les pertenece.
Un destello cruzó los ojos marrones del duque.
No era enojo.
Era diversión.
Y algo más profundo.
—Veo que no has perdido el carácter..
Leilani sintió cómo el aire se volvía más denso entre ellos. El aroma leve a cuero y madera se mezclaba con el perfume suave de las pinturas del taller.
—Si viene a arrestarme, hágalo de una vez.
Jack inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Arrestarte? He venido a comprar.
Una sonrisa lenta apareció en su rostro.
Ella parpadeó.
—¿Comprar?
Él tomó otro de los mini duques.
—Todos.
El corazón de Leilani dio un pequeño salto involuntario.
—¿Todos?
—Quiero cada uno de estos… Me parecen… encantadores.
Sus ojos volvieron a ella con una intensidad directa.
El mensaje no estaba en las palabras.
Estaba en la mirada.
No había venido a castigarla.
Había venido a verla.
Y eso, para Leilani, era aún más peligroso.
Leilani respiró hondo y comenzó a envolver los mini duques con movimientos precisos.
Uno por uno.
Papel fino.
Cinta.
Caja.
Sus manos eran firmes, pero por dentro estaba lejos de estar tranquila.
Podía sentir su presencia moviéndose por la tienda. No hacía ruido innecesario, pero cada paso parecía llenar el espacio. Tomaba un juguete, lo examinaba, lo devolvía con cuidado.
No parecía un noble aburrido.
Parecía genuinamente curioso.
Eso la ponía aún más nerviosa.
—Son doce en total.. Incluyen capa formal y traje de montar.
—Veo que has pensado en todo —respondió él desde algún lugar a su derecha.
Leilani tragó saliva.
Necesitaba que se fuera.
Cuanto antes.
Cuanto más tiempo permaneciera allí, más expuesta se sentía.
Buscó una distracción práctica.
—¿Tiene hijos, su… excelencia? Así podría recomendarle algo más adecuado.
Luego, pasos acercándose. Demasiado cerca.
—No —respondió él finalmente.
Ella asintió, aliviada por una respuesta simple.
Pero entonces añadió, con voz grave y baja, muy cerca de su oído..
—No tengo hijos. Pero podemos hacer uno ahora… contigo.. si tu quieres claro..
Leilani casi dejó caer el mini duque que sostenía. Lo atrapó por puro reflejo.
Su rostro se encendió de inmediato, el calor subiendo por su cuello hasta las mejillas. Sintió que hasta las orejas le ardían.
—Yo.. —tosió ligeramente, fingiendo atragantarse
—Eso no es… apropiado.
Se aclaró la garganta, intentando recuperar la compostura.
—Es una tienda familiar.
Jack la observaba con abierta fascinación.
La mujer que lo había abofeteado sin dudar ahora estaba roja, evitando su mirada, luchando por mantener el control.
Su nerviosismo no era debilidad. Era genuino.
Y eso lo divertía profundamente.
—Dije “si tú querías” No soy un tirano.
Leilani finalmente levantó la vista.
—Su sentido del humor es cuestionable.
—No estoy bromeando.
La intensidad en su mirada cambió apenas.
No era burla ahora.
Era deseo directo.
Eso solo empeoró las cosas.
Ella se concentró en cerrar la última caja con más fuerza de la necesaria.
—Aquí tiene sus juguetes, mi señor.
Se los acercó con ambas manos, intentando marcar una distancia clara.
Él no tomó las cajas de inmediato.. pagó un poco mas de lo que costaban los juguetes y al pagar sus dedos rozaron los de ella al entregar las monedas.
Un contacto mínimo.
Suficiente para enviar un escalofrío inesperado por su espalda.
—Te pones roja con facilidad, Leilani Baston.
El uso deliberado del apellido materno no pasó desapercibido.
Ella alzó el mentón.
—Y usted habla demasiado para alguien que debería estar descansando su herida.
Sus ojos bajaron un instante hacia el costado donde ella había colocado el cataplasma..
—Casi no duele.. Haces un trabajo excelente.
El cumplido fue simple.
Pero sincero.
Eso la desarmó un poco más de lo que quería admitir.
Jack finalmente tomó las cajas.
—Volveré —dijo con calma segura.
No era amenaza.
Era certeza.
Caminó hacia la puerta, pero antes de salir se giró una última vez.
La miró como si memorizara cada detalle.
Y luego se fue.
Leilani se quedó inmóvil detrás del mostrador varios segundos.
Luego soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Se llevó ambas manos al rostro.
—¿Hacer uno ahora? —susurró mortificada.
Pero, muy en el fondo, bajo la vergüenza y el enojo…
Había algo más.
Algo que la inquietaba aún más que sus palabras.
La manera en que la miraba.
Como si no fuera a rendirse.
Y eso la asustaba.
Porque una parte de ella tampoco estaba completamente segura de querer que lo hiciera.