Karol Bellandi lo perdió todo en cuestión de semanas. La empresa que levantó con años de esfuerzo está al borde de la quiebra, las deudas la persiguen y el embargo de su casa termina de destruir el mundo que construyó con sacrificio.
Sin opciones y desesperada por salvar lo único que le queda de su padre, acepta buscar ayuda del frío y poderoso empresario Nathanael Moretti.
Nathanael no cree que asociarse con Karol sea una buena inversión. Para él, ella solo es una empresaria en caída libre. Sin embargo, intrigado por la determinación de Karol, le propone un trato: si logra conquistar al cliente más importante del próximo proyecto, considerará firmar el contrato que podría salvar su empresa.
Obligada a convivir con él después de quedarse sin hogar, Karol descubre que detrás de la arrogancia de Nathanael existe un hombre marcado por secretos y heridas del pasado. Lo que comienza como un acuerdo estrictamente profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.
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Capitulo 16
Día tras día se quedaban hasta la madrugada frente a la misma mesa, revisando cada cifra, puliendo cada argumento, eligiendo las palabras exactas que podrían convencer al inalcanzable señor Lombardi. Ya no había distancias incómodas ni miradas que se desviaran rápido: cada vez que Nathanael le explicaba una estrategia, Karol admiraba cómo su mente veía oportunidades donde otros solo veían riesgos; y cada vez que ella defendía el valor humano y la calidad del proyecto, él comprendía que había algo que los números nunca podrían medir.
—Lo haces brillar —le dijo una noche, señalando el último borrador—. Yo solo veo negocios; tú ves el alma de lo que hacemos.
Karol levantó la vista, con una sonrisa suave que iluminó su rostro cansado.
—Y tú le das la fuerza para que no se quede solo en una idea bonita. Sin tu visión, nada de esto tendría sentido.
Nathanael se inclinó un poco hacia ella, y su voz sonó sincera y profunda:
—He tratado con cientos de personas muy capaces, pero ninguna ha permanecido leal cuando las cosas se ponen feas. Tú sigues aquí, dando lo mejor de ti, incluso cuando dudo de ti. Eso es lo que más admiro.
—Y yo admiro que, detrás de toda esa coraza, sigas buscando hacer lo correcto —respondió ella sin titubear—. No eres el hombre frío que finges ser. Eres mucho mejor.
En ese momento, el trabajo quedó en segundo plano. Sabían que ya no podían separar lo profesional de lo que nacía en sus corazones: cada esfuerzo compartido era también una forma de cuidarse el uno al otro, y cada detalle perfeccionado era un paso más hacia un futuro que ya no imaginaban por separado.
El silencio se instaló entre ellos, pero ya no era un silencio tenso ni vacío: estaba lleno de certezas. Nathanael extendió la mano y rozó suavemente la de ella sobre la mesa, sin prisa, sin exigencias, solo para confirmar que estaba allí, real y a su lado.
—No sé qué habría hecho si nunca hubieras venido a buscarme —confesó él en un susurro—. Creo que habría seguido viviendo rodeado de todo… pero sin tener nada de verdad.
Karol entrelazó sus dedos con los suyos, sintiendo que por fin todas sus luchas tenían un sentido más allá de salvar su empresa.
—Yo tampoco imaginé que al pedir ayuda, terminaría encontrando mi lugar —respondió ella con los ojos brillantes—. Este proyecto es importante, sí… pero lo que hay entre nosotros vale mucho más.
Nathanael asintió, y por primera vez en mucho tiempo, sonrió con el corazón en la mano.
—Entonces vamos a luchar por los dos. Nada nos va a detener.
Apretaron sus manos con fuerza, sellando esa promesa sin necesidad de más palabras. Afuera la madrugada avanzaba, pero dentro de esa sala todo parecía haber cobrado un nuevo brillo: ya no eran dos personas luchando cada una por su lado, sino un equipo dispuesto a enfrentar cualquier tormenta juntos.
—Mañana nos espera el reto más grande —dijo Nathanael al fin, sin soltarla todavía—. Pero ahora sé que no importa qué pase, lo haremos frente a frente.
Karol asintió, sintiendo una paz que no había sentido en meses.
—Sí. Porque ya no estoy sola.