Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.
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Capítulo 19: Torpeza sin malicia
Con los cinco finalmente reunidos —Blanck, Kate, Larss, Lucila y Dyrock—, el grupo completo emprendió el camino de regreso hacia The Hero, donde Isolde y el resto de los hombres de Larss ya los esperaban con noticias que no podían esperar más tiempo.
El viaje, sin embargo, no fue tan tenso como los días anteriores. Algo en la presencia de Dyrock parecía suavizar cada roce, cada silencio incómodo, sin que él mismo pareciera hacer ningún esfuerzo consciente por lograrlo.
—Explícame otra vez cómo funciona eso de fragmentar cosas —le pidió a Lucila, durante una de las paradas para descansar, con una curiosidad genuina que no escondía ningún doble propósito.
—¿Por qué te interesa?
—Porque es fascinante. Yo trabajo con metal, con fuego, con martillo y paciencia. Tú puedes deshacer lo que yo tardo días en construir con solo pensarlo. Me parece increíble.
Lucila lo miró, esperando encontrar algo de burla escondida en la pregunta. No encontró nada.
—Es una anomalía. Convierte cualquier cosa con masa en cubos cósmicos, si la condición se cumple.
—¿Podrías hacerlo con una piedra pequeña? Solo para ver cómo se ve.
Lucila, casi sin darse cuenta, sonrió — un gesto genuino, sin la arrogancia habitual que solía acompañar cualquier expresión suya.
—Está bien. Mira esto.
Tomó una piedra del suelo, y con un gesto casi teatral, la fragmentó en el aire frente a ellos. Dyrock observó el proceso con verdadero asombro, aplaudiendo como un niño que acababa de ver un truco de magia.
—¡Eso fue increíble!
—Es solo una piedra, Dyrock.
—Pero fue increíble de todos modos.
Kate, observando el intercambio desde la distancia, no pudo evitar comentar, en voz baja, a Larss:
—Lleva dos días con nosotros y ya logró que Lucila sonría de verdad. Yo llevo semanas intentándolo sin éxito.
—Algunas personas tienen ese don. —Larss observaba la escena con algo parecido a la fascinación genuina—. Desarmar a la gente sin proponérselo, solo con sinceridad.
Aquella noche, alrededor del fuego principal, con los once —contando a los hombres de Larss y los motociclistas reformados de Lucila— compartiendo el mismo espacio por primera vez sin ninguna tensión evidente entre ellos, Dyrock se ofreció, sin que nadie se lo pidiera, a preparar la cena de todos.
—No hace falta que hagas eso —le dijo Kate.
—Lo sé. Quiero hacerlo. —Ya había empezado a organizar los pocos ingredientes que tenían—. Además, cocinar me ayuda a pensar. Y hay mucho en qué pensar estos días.
—¿En qué piensas?
Dyrock se quedó en silencio un momento, removiendo el contenido de una olla improvisada con la misma paciencia con la que hacía todo.
—En que nunca antes había tenido tanta gente a mi alrededor que se preocupara genuinamente los unos por los otros. Crecí solo, mayormente. Mi familia murió cuando era joven, y aprendí el oficio de herrero solo para sobrevivir, no porque nadie me lo enseñara con cariño. —Su voz no cargaba ninguna tristeza al decirlo, solo la aceptación tranquila de quien ya hizo las paces con su propio pasado—. Ver esto, aunque sea por unos días, aunque sepamos lo que se viene... vale la pena, sin importar cómo termine.
Kate se quedó en silencio, algo en esa honestidad tocando una fibra que ella misma llevaba tiempo intentando no examinar del todo.
—Vamos a asegurarnos de que tengas más de solo unos días.
—Me gustaría eso. —Dyrock sonrió, sin ninguna garantía real en la promesa, pero agradeciendo el gesto de todos modos—. Pero si no es así, al menos habré tenido esto. Y eso ya es más de lo que muchos llegan a tener en toda una vida.
Fue Lucila quien, esa misma noche, terminó teniendo la conversación que nadie esperaba con Kate — sentadas ambas cerca del fuego, observando a Dyrock repartir comida a cada uno de los presentes con la misma atención cuidadosa, como si cada persona ahí mereciera exactamente el mismo trato sin importar su pasado.
—Tenías razón sobre él —dijo Kate, sin apartar la vista de Dyrock—. Es distinto a todos nosotros.
—¿Distinto en qué sentido?
—Nosotros peleamos por lo que perdimos, o por lo que tememos perder. —Kate observó cómo Dyrock reía de algo que uno de los hombres de Larss había dicho, la calidez genuina imposible de fingir—. Él pelea solo porque cree que es lo correcto. No hay rabia detrás. No hay venganza. Solo bondad, sin ningún cálculo escondido.
Lucila asintió, algo reflexivo cruzando su expresión habitualmente cínica.
—Me preocupa, la verdad.
—¿Por qué?
—Porque el mundo no suele ser amable con la gente así. —Lucila miró hacia el fuego, el peso de su propia experiencia pesando en cada palabra—. Tarde o temprano, alguien va a intentar quitarle esa bondad. Y espero, sinceramente, que cuando eso pase, nosotros estemos ahí para evitarlo.
Kate no respondió de inmediato, pero el silencio que siguió cargaba el mismo peso silencioso que ambas, a pesar de sus diferencias, ya empezaban a compartir sin decirlo del todo: una preocupación genuina por la misma persona, el primer punto de acuerdo real entre dos mujeres que hasta entonces solo habían encontrado motivos para chocar.
A la mañana siguiente, con el grupo listo para retomar el camino final hacia The Hero, Dyrock se acercó a Blanck, que revisaba en silencio el mapa de la ruta restante.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Por qué elegiste a cada uno de nosotros? Larss, Lucila, yo. Podrías haber buscado a gente más poderosa, más experimentada en este tipo de guerra.
Blanck se quedó pensando la respuesta un momento, algo en la pregunta mereciendo más consideración de la que una respuesta rápida podría ofrecer.
—Porque los tres, cada uno a su manera, ya demostraron que están dispuestos a arriesgarlo todo por proteger a quien no puede protegerse. Larss con su escuadrón. Lucila reformando su propio código, aunque le cueste admitirlo. Tú, defendiendo a cuatro niños sin conocer las consecuencias. —Miró hacia donde Kate e Isolde terminaban de organizar el equipo, el resto del grupo moviéndose con una cohesión que días atrás habría parecido imposible—. Ese tipo de coraje no se compra con experiencia ni con poder. O lo tienes, o no lo tienes. Y ustedes tres lo tienen de sobra.
Dyrock asintió, algo genuinamente conmovido por la respuesta.
—Entonces vamos a asegurarnos de estar a la altura de esa confianza.
—Ya lo están. Cada uno de ustedes, a su manera. —Blanck le dio una palmada en el hombro, el mismo gesto de camaradería que empezaba a sentirse natural entre todos—. Ahora solo falta que sobrevivamos lo suficiente para que valga la pena haberlos encontrado.
El grupo completo emprendió el camino final hacia The Hero esa misma mañana, sin saber que, muy lejos de ahí, Ray X ya había perdido la paciencia de esperar el momento perfecto para atacar — y que el tiempo que les quedaba antes de la tormenta se medía, ya, en días, no en semanas.
Continuará...