Mientras el Imperio celebra el fin de la tiranía, los gemelos Ethan y Caleb enfrentan los hilos del destino de la Diosa Luna. Ethan, el estratega frío y calculador de la estirpe real, ve su mundo caer cuando el lazo de pareja destinada estalla ante una hermosa loba que huye sin dejar rastro. Al investigarla, descubre que es la rebelde e indómita hija del Beta de otra manada. Ella rechaza el lazo de sangre, obligando al príncipe a cazar a su propia hembra en un salvaje choque de voluntades.Por otro lado, Caleb, el Beta definitivo entregado a la disciplina militar, encuentra a su mate: una guerrera implacable y Beta de otra manada. El lazo abrasador los arrastra a un dilema desgarrador. ¿En qué territorio vivirán? Deberán elegir entre la lealtad a sus manadas de origen o sacrificar sus deberes por amor.Entre huidas, pasiones calientes y dilemas que queman las venas, los gemelos lucharán por sellar sus relaciones. El destino final se debate entre el deber y la sangre.
NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
PROLOGO. LA NOCHE DE LAS CUATRO CORONAS
NARRADO POR ETHAN
La medianoche exacta cayó sobre el claro sagrado de la manada Blood Moon con un peso místico que congeló el compás de los tambores ceremoniales. El viento invernal soplaba con una fuerza gélida, agitando las copas de los pinos que rodeaban el gran claro exterior, donde cientos de invitados se agrupaban en filas silenciosas. No era una velada cualquiera; nos encontrábamos reunidos en mitad de la noche ante la inmensa piedra ancestral de nuestro territorio para celebrar de forma solemne nuestro vigésimo cumpleaños. Los cuatro primos de la segunda generación, herederos del Imperio Unificado, compartíamos el espacio sagrado frente al monolito rúnico: mis primos, Leo y Lara, y mi hermano Caleb y yo. Sin embargo, para nosotros dos, el ritual se convirtió en el epicentro de un torbellino irreversible. Los lazos de la Diosa Luna estallaron en nuestros pechos de forma simultánea, inundando nuestras venas con un fuego abrasador que nos nubló la razón por completo.
A través del enlace mental que compartía con mi gemelo, percibí de inmediato el agudo impacto que sacudió su anatomía de Beta.
Caleb se quedó completamente rígido a mi lado, y sus ojos se clavaron en la delegación de una de las manadas visitantes, la manada Silver Shield, fijando su atención en una hermosa guerrera que permanecía firme entre los invitados del flanco izquierdo. A través de nuestro canal telepático, sentí la brutal descarga eléctrica que lo sacudía; no sabíamos quién era ella en ese microsegundo, pero el lazo reclamaba su espacio con una fuerza que le helaba la sangre, hundiéndolo en una agitación mística que puso a prueba toda su disciplina.
Sin embargo, mi propia mente analítica no tuvo tiempo de procesar la conmoción de Caleb. Una fragancia embriagadora a flores silvestres, tierra húmeda y tormenta golpeó mis fosas nasales, provocando que mi lobo soltara un rugido de absoluta satisfacción en mi conciencia.
Clavé mi mirada en el sector derecho del claro y me quedé petrificado. Una joven de facciones llenas de una determinación indómita me sostenía la mirada a pocos metros del monolito de piedra. El lazo místico nos reclamó con una posesividad brutal, uniendo nuestras almas en un parpadeo. Pero en lugar de dar un paso al frente en mitad de mi cumpleaños, una expresión de puro pánico cruzó su semblante. La muchacha dio media vuelta con una agilidad cegadora y, esquivando a las patrullas de la guardia, salió huyendo hacia la negrura de los pinares traseros sin darme tiempo de pronunciar una sola palabra.
«¡Síguela, Ethan! ¡Nuestra hembra se escapa!», rugió mi compañero interior, arañando las barreras de mi mente con una urgencia salvaje.
Mi temperamento cerebral y calculador, acostumbrado a que todo respondiera a la lógica de las leyes, quedó completamente descolocado ante su huida desesperada en mitad de nuestra fiesta de veinte años. Corrí hacia el umbral del sendero forestal, ignorando los murmullos de los clanes que observaban el escándalo. Al adentrarme en el bosque, el viento del este me golpeó el rostro, pero la maleza ya estaba desierta; mi pareja destinada se había desvanecido en la penumbra de la noche, rechazando el vínculo de sangre con un orgullo aguerrido que me caló hasta los huesos.
NARRADO POR CALEB
El desespero de Ethan cruzó mi mente a través del canal familiar, pero yo era incapaz de mover un solo músculo para ayudarlo. Permanecía estático frente a la piedra ancestral de nuestra manada, con el pulso acelerado y los instintos desbocados, incapaz de apartar los ojos de la mujer que la Diosa Luna acababa de imponer en mi destino en mitad del claro sagrado. Su postura, la firmeza de sus hombros y la fijeza severa de su mirada delataban que no era una loba común; desprendía la imponente energía de una líder experimentada.
La atracción mística era un fuego abrasador que me quemaba las venas, exigiéndome acortar la distancia física para reclamarla, pero la rigidez de mi deber como Beta de Blood Moon me obligó a contener la arremetida.
Ella pareció sentir el mismo impacto que yo; dio un paso hacia atrás, apretando los puños mientras sus facciones se tensaban en una expresión de absoluta sorpresa. Antes de que pudiera dar un solo paso hacia su posición, el Alfa de su comitiva se interpuso en su camino para indicarle que debían retirarse hacia el área de los aposentos de invitados del palacio, rompiendo nuestro contacto visual en mitad de la noche. Una agónica melancolía me contrajo el pecho de golpe al verla alejarse entre la multitud, dejándome sumido en una incertidumbre agobiante.
Caminé a paso rápido hacia los senderos del bosque, buscando a mi gemelo en mitad de la oscuridad. Encontré a Ethan junto a los rosales invernales que limitaban con el claro, contemplando el camino vacío con una frustración que hacía temblar su energía. Nos miramos en silencio bajo el resplandor plateado de la Luna, asimilando que nuestras vidas personales acababan de convertirse en un auténtico campo de batalla de voluntades. Ninguno de los dos sabía quiénes eran las mujeres que nos habían dado la vuelta al mundo en un parpadeo frente al monolito de la manada, ni qué clanes representaban exactamente en las listas.
La agónica espera para desenterrar sus nombres y resolver la encrucijada de nuestros deberes territoriales acababa de comenzar en mitad de la madrugada de nuestro vigésimo cumpleaños, uniendo los hilos de una historia hermosa y caliente que nos obligaría a elegir entre el cumplimiento de la ley y la fuerza de la sangre.