Descripción
Maximiliano, un joven de 24 años, hereda la hacienda de su padre, Emiliano. Desde muy pequeño lo veía dirigir con firmeza y respeto a sus empleados, aprendiendo el valor del trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo. Ahora, convertido en el nuevo patrón, asume el reto de continuar el legado familiar. Lo que nunca imaginó fue que ese mismo lugar cambiaría su vida para siempre. Cuando una humilde campesina llega a trabajar a la hacienda, sus caminos se cruzan de una forma inesperada. Entre jornadas de campo, dificultades y sentimientos que crecen en silencio, ambos descubrirán que el amor puede florecer donde menos se espera.
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Capítulo 1: Mi historia
Hola, soy Maximiliano Zúñiga, tengo 24 años y nací el 18 de marzo de 2002 en Antioquia, Colombia. Soy un paisa orgulloso de mis raíces. Crecí rodeado de montañas, cafetales, ríos y el olor de la tierra mojada después de la lluvia. Mido 1,85 metros, tengo el cabello castaño oscuro, ojos cafés claros y una piel morena por tantos años trabajando bajo el sol. Aunque muchos dicen que tengo una apariencia seria, en realidad soy un hombre tranquilo, respetuoso y trabajador. Me gusta montar a caballo, cuidar el ganado y recorrer la hacienda al amanecer. Siempre he creído que el trabajo honrado vale más que cualquier fortuna.
Vivo con mi mamá, Hilda de Zúñiga, quien tiene 40 años. Es una mujer fuerte, valiente y muy luchadora. Desde que mi papá murió, ella sacó adelante a nuestra familia con mucho esfuerzo. Siempre nos enseñó a ser humildes, respetar a los demás y nunca rendirnos, por más difícil que fuera la vida.
También viven conmigo mis dos hermanas. La menor es Selene Zúñiga, tiene 16 años, es decir, 8 años menor que yo, y nació el 12 de agosto de 2010. Selene es una muchacha muy alegre, cariñosa y divertida. Tiene el cabello negro y largo, ojos cafés oscuros y una sonrisa que ilumina la casa. Es muy inteligente y le encanta ayudar a mi mamá en todo. Aunque a veces es un poco consentida, tiene un corazón muy noble.
Después de mi sigue Malena Zúñiga, quien tiene 19 años, es decir, 5 años menos que yo, y nació el 4 de diciembre de 2006. Malena es muy responsable, tranquila y madura para su edad. Tiene el cabello castaño, ojos color miel y una personalidad dulce. Siempre busca la manera de mantener la paz en la casa y cuidar de Selene. Es una excelente hermana y una gran hija.
Mi papá se llamaba Emiliano Zúñiga. Fue el mejor hombre que he conocido. Era el dueño de nuestra hacienda y desde que yo estaba muy pelado me llevaba con él para enseñarme cómo se dirigía una finca. Lo veía hablar con los empleados con firmeza, pero siempre con respeto. Él decía que un buen patrón nunca humilla a sus trabajadores, sino que trabaja junto a ellos cuando hace falta.
Todo cambió cuando yo tenía 15 años. Malena tenía 10 años y Selene apenas 7 años. Mi papá murió en un accidente de tránsito mientras regresaba de una reunión relacionada con la hacienda. Ese día nuestra vida se partió en dos. Recuerdo el silencio que quedó en la casa, las lágrimas de mi mamá y el miedo que sentíamos mis hermanas y yo. Yo entendí que, aunque todavía era muy joven, debía convertirme en el hombre de la familia.
Los primeros meses fueron muy duros. Extrañábamos a mi papá en cada rincón de la casa. Su silla en el comedor quedó vacía y su sombrero permaneció colgado durante mucho tiempo. Mi mamá lloraba en silencio para que nosotras no la viéramos sufrir, pero yo sabía el dolor que llevaba por dentro.
Con el paso de los años aprendí a hacerme responsable de muchas cosas. Terminé mis estudios mientras ayudaba en la hacienda. Aprendí sobre el ganado, los cultivos, la administración y el trabajo del campo. Los trabajadores siempre me apoyaron porque me conocían desde niño y habían trabajado durante muchos años junto a mi papá.
Hoy sigo viviendo en la misma casa donde crecimos. Es una casa amplia, de corredores de madera, jardines llenos de flores y una vista hermosa hacia las montañas de Antioquia. Cada mañana me levanto antes de que salga el sol, preparo un tinto bien cargado y salgo a recorrer los potreros. Ese momento me llena de paz y me hace sentir que mi papá todavía camina conmigo.
No soy un hombre perfecto. Tengo un carácter fuerte cuando hace falta, pero también sé escuchar y reconocer mis errores. Mi mayor deseo es cuidar de mi mamá, proteger a mis hermanas y mantener vivo el legado que mi padre construyó con tanto sacrificio.
Jamás imaginé que aquella hacienda, donde crecí y aprendí todo lo que soy, también sería el lugar donde el destino pondría frente a mí a la mujer que cambiaría mi vida para siempre.
familia Zúñiga