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La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

Status: Terminada
Genre:Apoyo mutuo / Aventura Urbana / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Un muchacho del Quindío

Hola, soy Hernán Darío Zepeda, tengo 20 años y nací el 18 de febrero de 2006 en Armenia, Quindío. Desde que tengo memoria he vivido entre montañas verdes, cafetales, caminos de tierra y el aroma del café recién hecho. Soy un muchacho campesino que ama profundamente su tierra y las costumbres con las que creció.

Mi mamá siempre me cuenta una historia curiosa sobre mi nombre. Dice que cuando era joven le encantaba ver la novela Sin senos si hay paraíso. Era su novela favorita y le gustaba mucho un personaje llamado Hernán Darío. Cuando yo nací, no dudó en ponerme ese nombre porque siempre le había parecido bonito y elegante. Cada vez que alguien le pregunta por qué me llamo así, ella cuenta la historia con una sonrisa.

Mi familia está compuesta por mis padres, mi hermano mayor Felipe Zepeda, mi cuñada Sara Zuluaga y mi hermana menor Melissa Zepeda. Felipe tiene 28 años, exactamente ocho años más que yo. Siempre ha sido una persona responsable, trabajadora y respetada por todos en la vereda.

Hace cuatro años Felipe conoció a Sara Zuluaga. Ella tenía apenas 18 años y él 24. Sara nació y creció en la ciudad. Estaba acostumbrada a los edificios, las calles llenas de carros, los centros comerciales y la vida acelerada. A pesar de todas las diferencias, se enamoraron y construyeron una bonita relación. Actualmente Sara tiene 22 años y se ha convertido en una parte muy importante de nuestra familia.

Mi hermana Melissa tiene 8 años. Como me lleva doce años de diferencia, siempre he sido muy protector con ella. Es la consentida de la casa y también la más inquieta. Siempre anda haciendo preguntas, jugando con los animales o corriendo por los cafetales.

La vida en el campo comienza muy temprano. Mientras muchas personas aún están durmiendo, nosotros ya estamos iniciando nuestras labores. Mi despertador suele sonar a las cuatro y media de la mañana. Me levanto, me pongo las botas de caucho y salgo a ayudar con los trabajos de la finca.

Trabajar en el campo no es sencillo. Requiere disciplina, paciencia y mucho esfuerzo físico. Hay días en los que el sol es tan fuerte que parece quemar la piel, y otros en los que la lluvia no para durante horas. Sin embargo, aprendí desde pequeño que el trabajo duro siempre trae recompensas.

Entre mis labores diarias está revisar los cultivos, limpiar maleza, ayudar con la cosecha, reparar cercas, cuidar los animales y mantener en buen estado los caminos de la finca. Durante la temporada de cosecha del café, las jornadas suelen ser más largas porque hay mucho trabajo por hacer.

Recoger café es una tarea que requiere atención. No se puede tomar cualquier grano. Hay que escoger únicamente los que están maduros. Al final del día uno termina cansado, pero también satisfecho al ver el resultado del esfuerzo.

Lo que más me gusta de vivir en el campo son los amaneceres. Ver cómo el sol aparece lentamente detrás de las montañas del Quindío es algo que nunca me cansa. Los pájaros comienzan a cantar, la neblina cubre los cafetales y el aire fresco llena cada rincón de la finca.

Cuando era niño, acompañaba a mi papá a todas partes. Él me enseñó a sembrar, a cuidar los cultivos y a respetar la naturaleza. Siempre decía que la tierra responde al cariño que uno le pone al trabajo.

Felipe también me enseñó muchas cosas. Recuerdo que cuando tenía diez años me enseñó a manejar algunas herramientas y a realizar tareas básicas de la finca. Gracias a él aprendí que ser campesino es motivo de orgullo.

La llegada de Sara fue un cambio importante para todos. Al principio se sorprendía por todo. Le parecía extraño escuchar gallos desde tan temprano, caminar por caminos destapados o ver tantas estrellas durante la noche. Poco a poco fue aprendiendo nuestras costumbres y terminó enamorándose también de la tranquilidad del campo.

Los domingos son mis días favoritos. Toda la familia se reúne para compartir el almuerzo. Mi mamá cocina platos deliciosos, mi papá cuenta historias antiguas y Melissa llena la casa de risas. Son momentos sencillos, pero muy especiales.

También disfruto jugar fútbol con mis amigos de la vereda. Cada fin de semana organizamos partidos y pasamos horas conversando después del juego. Son amistades que han estado conmigo desde la infancia.

Aunque amo mi vida en el campo, también tengo sueños. Quiero seguir aprendiendo, ayudar a mis padres y construir un futuro del que me sienta orgulloso. Me gustaría algún día tener mi propia finca y seguir trabajando la tierra que tanto amo.

A mis 20 años siento que todavía me falta mucho por vivir. Cada día trae nuevos aprendizajes y nuevas experiencias. Sin embargo, no imaginaba que muy pronto ocurriría algo que cambiaría mi vida por completo. Una simple conversación por internet estaba a punto de convertirse en el inicio de una historia que transformaría mi destino para siempre.

Y así, sin saberlo, comenzó la aventura más importante de mi vida.

1
Kayra Villavicencio
Y el papá
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