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Coincidimos Demasiado Tarde

Coincidimos Demasiado Tarde

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Amor prohibido / Amor de la infancia
Popularitas:728
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Coincidimos Demasiado Tarde es una novela romántica y emocional sobre dos personas que se encuentran en el momento equivocado de sus vidas, cuando ya existen compromisos, heridas y decisiones difíciles de enfrentar. Lo que comienza como una conexión imposible termina convirtiéndose en una historia intensa de amor, culpa, separación y verdad, donde cada decisión tiene consecuencias reales. Entre silencios, pérdidas y reencuentros, ambos deberán descubrir si el amor puede sobrevivir cuando llega demasiado tarde… o si algunas historias simplemente cambian para siempre a quienes las viven.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El primer amor nunca avisa cuándo será eterno

Coincidimos Demasiado Tarde

Capítulo 1: El primer amor nunca avisa cuándo será eterno

La primera vez que ella lo vio no sintió mariposas.

Sintió fastidio.

Porque él estaba jugando en la cancha del barrio como si fuera dueño del lugar. El balón rodaba de un lado a otro mientras varios muchachos gritaban celebrando un gol improvisado bajo el sol de la tarde.

Ella venía caminando con sus amigos, despeinada, sudada después de clases y con el uniforme desacomodado como siempre. Nunca fue la niña delicada del salón. Le gustaba correr, jugar fútbol, ensuciarse las rodillas y reírse duro sin preocuparse por verse “bonita”.

Por eso, cuando vio ocupada la cancha, caminó directamente hacia ellos sin pensarlo dos veces.

—Ey, esa cancha la usamos nosotros a esta hora —dijo cruzándose de brazos.

Algunos muchachos comenzaron a burlarse.

—Uy, llegó la dueña del barrio.

Pero él no se rio.

Solo levantó la mirada lentamente y la observó unos segundos.

Tenía quince años. Ella apenas trece.

Dos años que a esa edad parecían una eternidad.

Él tenía una tranquilidad extraña. No hablaba mucho, pero cuando lo hacía todos terminaban escuchándolo. Ella, en cambio, era un desastre hermoso de energía, orgullo y rebeldía.

Él pateó el balón hacia ella.

—Entonces juegue.

Ella lo detuvo con el pie y sonrió de lado.

Y aunque ninguno de los dos podía imaginarlo todavía… ese momento terminaría persiguiéndolos durante años.

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Después de ese día comenzaron a encontrarse cada tarde.

A veces discutían por tonterías. A veces jugaban en equipos contrarios. Y otras veces simplemente se sentaban en las gradas de cemento a hablar mientras caía la noche.

Todo entre ellos nació sin esfuerzo.

Como si se conocieran desde antes.

Ella hablaba muchísimo. Le contaba historias del colegio, problemas con sus amigas, sueños absurdos que cambiaban cada semana y anécdotas que solo tenían sentido para ella.

Él la escuchaba casi siempre sonriendo.

Le gustaba verla hablar porque ella tenía una manera única de sentirse viva. Movía las manos cuando se emocionaba, hacía gestos exagerados y cambiaba de tema antes de terminar el anterior.

Era imposible aburrirse con ella.

Y fue precisamente eso lo que terminó enamorándolo.

Porque ella no intentaba impresionar a nadie. No fingía ser alguien más. No buscaba llamar la atención.

Simplemente era libre.

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Con el tiempo comenzaron las llamadas en las noches.

Él esperaba escuchar la voz de ella todo el día. Y ella, aunque fingía indiferencia, también terminaba buscándolo siempre.

Hablaban hasta quedarse dormidos. Se contaban secretos. Se reían por cualquier cosa.

Y poco a poco se volvieron inseparables.

El primer beso llegó una noche cualquiera.

Sin planes. Sin música romántica. Sin promesas.

Solo estaban sentados cerca de la cancha después de una lluvia suave que había dejado el barrio oliendo a tierra mojada.

Ella estaba hablando de algo que él ni siquiera logró entender porque estaba demasiado concentrado mirándola.

Entonces pasó.

Torpe. Rápido. Inocente.

Pero suficiente para cambiarlo todo.

Desde ese día comenzaron a verse diferente.

Él empezó a quererla con una intensidad que ni siquiera sabía explicar. La esperaba a la salida del colegio, le compraba dulces con las pocas monedas que llevaba y se aprendió cada detalle de ella.

Sabía cuándo estaba triste aunque dijera que no. Cuándo fingía estar bien. Cuándo necesitaba hablar.

Ella también lo quería.

Pero seguía siendo una niña intentando descubrir el mundo.

Y eso comenzó a notarse.

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A ella le gustaba salir con sus amigas, jugar fútbol hasta tarde y sentir que todavía podía hacer lo que quisiera sin darle explicaciones a nadie.

Él, en cambio, empezó a sentir miedo.

Miedo de perderla. Miedo de que alguien más apareciera. Miedo de que ella dejara de necesitarlo.

Las peleas comenzaron pequeñas.

Que por qué no contestaba. Que quién era el muchacho que siempre la saludaba. Que por qué prefería quedarse con sus amigos en vez de verlo.

Ella odiaba sentirse presionada.

Él odiaba sentir que se estaba alejando.

Y aunque siempre terminaban reconciliándose, cada discusión iba dejando pequeñas heridas que ninguno entendía todavía.

Porque eran demasiado jóvenes para saber amar sin lastimarse.

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La tarde que terminaron estaba lloviendo.

Ella caminaba rápido intentando ocultar las lágrimas mientras él iba detrás de ella.

—¡Es que tú quieres controlar todo! —gritó ella finalmente.

Él respiró profundo antes de responder.

—No quiero controlarte… solo tengo miedo de perderte.

Pero ella no entendió el peso real de esas palabras.

Tenía trece años. Todavía quería comerse el mundo. Todavía no sabía que algunas personas solo aparecen una vez en la vida.

Así que se fue.

Y él la dejó ir creyendo que el tiempo haría más fácil olvidarla.

Los dos estaban equivocados.

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Después de eso sus caminos comenzaron a separarse lentamente.

Ella siguió creciendo entre nuevas amistades, nuevas experiencias y decisiones impulsivas que la hicieron madurar más rápido de lo que esperaba.

Aprendió que el mundo no era tan sencillo como imaginaba cuando jugaba fútbol todas las tardes en la cancha del barrio.

Conoció decepciones. Personas que llegaban solo por momentos. Promesas vacías.

Y aunque intentaba convencerse de que estaba bien… algunas noches pensaba en él sin entender por qué seguía apareciendo en su cabeza.

Mientras tanto, él tomó otro camino.

Entró a la policía siendo muy joven. La disciplina comenzó a reemplazar al muchacho tranquilo que pasaba horas escuchándola hablar de cualquier cosa.

Aprendió a obedecer órdenes. A soportar cansancio. A guardarse emociones.

La vida comenzó a endurecerlo.

Pero había recuerdos que seguían intactos.

Porque algunas personas no desaparecen realmente. Solo aprenden a esconderse en ciertas partes del corazón.

---

Pasaron los años.

Ella empezó a estudiar mientras intentaba construir una vida estable. Maduró. Cambió. Aprendió a levantarse sola.

Y poco después quedó embarazada.

La noticia le cambió el mundo por completo.

Sintió miedo. Incertidumbre. Responsabilidad.

Pero también descubrió una fuerza dentro de ella que no sabía que existía.

Mientras tanto, él seguía lejos prestando servicio.

Ya casi no sabían nada el uno del otro.

Sin embargo, algunas noches, cuando el cansancio dejaba espacio para los recuerdos…

los dos seguían pensando exactamente en la misma persona.

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