🐺 Sinopsis
En los bosques montañosos de Cali, la joven Valeria Andrade descubre que su destino está ligado a una antigua manada de hombres lobo. Cuando conoce a Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del continente, una conexión irresistible los une. Pero una profecía anuncia que su amor podría salvar a todas las manadas… o destruirlas para siempre.
Traiciones, guerras entre clanes, secretos familiares y una pasión prohibida marcarán esta historia épica.
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Parte I: El Despertar: la chica del bosque
La noche había caído sobre las montañas cercanas a Cali con una lentitud casi ceremonial. La neblina descendía entre los árboles altos, abrazando los senderos de tierra húmeda y cubriendo el bosque con un velo plateado. Desde lejos, el murmullo del río se mezclaba con el canto de los grillos y el susurro del viento entre las hojas.
Valeria Andrade caminaba sola con una linterna en la mano y una mochila colgada al hombro. Tenía veintidós años, el cabello oscuro y ondulado, y unos ojos color miel que parecían guardar preguntas que nadie había sabido responder.
No era la primera vez que se internaba en aquel bosque.
Desde niña había sentido una conexión inexplicable con ese lugar. Mientras otros veían árboles, raíces y sombras, Valeria percibía algo más profundo: una presencia antigua, silenciosa, como si el bosque la reconociera y esperara pacientemente su regreso.
Aquella noche había salido en busca de su perro, Niebla, que había escapado horas antes durante una tormenta.
—¡Niebla! —llamó, apartando ramas con la mano—. ¡Ven aquí!
Solo recibió el eco de su propia voz.
Continuó avanzando hasta llegar a un claro donde la luna llena iluminaba el suelo con una intensidad sobrenatural. Entonces lo sintió.
No estaba sola.
El aire cambió. Se volvió más frío. Más denso.
Un crujido detrás de ella la hizo girar de inmediato.
Entre los árboles, dos ojos dorados brillaban en la oscuridad.
Valeria retrocedió un paso, conteniendo el aliento.
De entre las sombras emergió un enorme lobo negro. Su pelaje parecía absorber la luz, y sus ojos tenían una inteligencia inquietante, casi humana. No gruñó. No mostró los colmillos. Solo la observó con una intensidad que le erizó la piel.
Valeria quiso correr, pero sus piernas no respondieron.
El lobo avanzó lentamente… y entonces se tambaleó.
Un gemido profundo escapó de su garganta.
Valeria bajó la vista y descubrió sangre sobre las hojas secas.
El animal estaba herido.
El miedo cedió paso a la compasión.
—Tranquilo… no voy a lastimarte —susurró.
Contra toda lógica, se arrodilló frente a aquella criatura imponente. El lobo no se movió. Permitió que ella examinara la herida en su costado: un corte profundo, reciente.
Valeria sacó de su mochila un pañuelo limpio y una pequeña botella de agua.
Mientras limpiaba la herida, sintió algo extraño.
Un calor intenso recorrió su mano cuando tocó el pelaje del lobo.
Y en su mente apareció una imagen fugaz.
Un hombre de cabello negro, ojos dorados y expresión feroz la miraba como si la conociera desde siempre.
Valeria se apartó de golpe.
—¿Qué fue eso?
El lobo sostuvo su mirada durante unos segundos eternos.
Luego, inclinó la cabeza con un gesto casi humano y desapareció entre los árboles con una velocidad imposible.
Valeria quedó sola en el claro, con el corazón desbocado y las manos temblorosas.
En el suelo, donde el lobo había estado, encontró un colgante de plata en forma de luna creciente.
Lo recogió.
El metal estaba tibio.
Y, al tocarlo, una voz profunda resonó en su mente:
—Por fin te encontré.
Valeria soltó el colgante, sobresaltada.
La luna brilló con más fuerza, iluminando el bosque como si anunciara el comienzo de algo inevitable.
Sin saberlo, aquella noche había despertado un vínculo antiguo.
Uno que cambiaría su vida para siempre.
Y en algún lugar, oculto entre las sombras, el Alfa había reconocido a su compañera destinada.